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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic de las piernas de trapo



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Partidos como éste ante el Mallorca son de esos en los que lo que le pide el cuerpo al sufrido aficionado rojiblanco es bajar al campo y correr a boinazos a sus jugadores para ver si así espabilan. Puede parecer un método un tanto violento, pero hay ocasiones en las que los jugadores del Athletic necesitan que alguien les agarre de las solapas y les de un buen meneo. Esto en baloncesto se suele arreglar con un tiempo muerto en el que el entrenador les echa a sus pupilos una filípica de las de agárrate y no te menées, o cambia a todo el equipo para que los titulares estén un rato en el rincón de pensar.

Está claro que estos chicos que visten ahora la camiseta rojiblanca no tienen el alma para aguantar emociones fuertes. Juegan muy bien al fútbol y saben mover la pelota estupendamente cuando la exigencia está dentro de unos límites. Pero ya hemos comprobado que cuando tienen que afrontar un partido sin retorno les puede la ansiedad y las piernas se vuelven de trapo. Ocurrió el año pasado en dos finales y pasó ante el Mallorca en un partido que sin ser una final, ni mucho menos, sí que suponía la oportunidad de dar el cierre a la temporada.

Dice Bielsa que éste es un equipo que no sabe bandearse en este tipo de situaciones debido a su juventud. No es un argumento válido. Una cosa es la edad biológica y otra el número de partidos que lleva en las piernas cada jugador de este equipo, y algunos ya cumplen algunos trienios afeitándose en Primera División. No es la edad el problema así que quizá habrá que preguntar a algún psicólogo qué les pasa a estos chicos para que les dé un soponcio cada vez que se tienen que jugar algo importante.

No se le pudieron poner mejor las cosas al Athletic, lo que hace más extragavante todavía el espectáculo que dieron. Porque dieron el espectáculo haciendo el canelo contra un rival que llegaba en artículo mortis. A los siete minutos Aduriz remató a la red el primer balón que llegó al área de Aouate. A los 23 el árbitro le pitó al Athletic el segundo penalti a favor de la temporada, todo un acontecimiento, y le añadió como regalo la expulsión de Fontás. Así se las ponían a Fernando VII. Pero Aduriz se ha empeñado en los últimos tiempos en convertirse en especialista en salvar la vida a los rivales. Contra el Barcelona se le fue arriba un cabezazo a placer que hubiera supuesto el 2-0; contra el Celta prefirió gastar una broma pesada que hacer el 0-2 y ante el Mallorca se le ocurrió hacerle la paradinha a un tipo como Aouate. Es verdad que Muniain acabó marcando en el rechace y que el árbitro se equivocó al anular el gol, pero el árbitro no tiene la culpa de que Aduriz fallara el lanzamiento.

Hay años en los que uno no está para nada y días en los que es mejor no levantarse de la cama. El personal asiduo a San Mamés, que de esto sabe la tira porque lleva viendo partidos muchos años, ya estaba para entonces con la mosca detrás de la oreja, porque esta película ya la ha visto más de una vez. El Athletic estaba por delante en el marcador y había desperdiciado la ocasión de rematar el partido, pero ninguna de esas circunstancias se correspondía con lo que estaba pasando en el césped. Allí el Mallorca estaba llevando la batuta ante un Athletic incapaz de sacar un balón jugado porque Dios no ha llamado a Gurpegui por el camino de la organización, y porque Herrera no estaba ni para esos taconcitos que tanto enervan al personal, ni para nada. El centro del campo de los rojiblancos era una laguna, una inmensa laguna en la que el balón se perdía una y otra vez. Pases fallados a tres metros, disputas perdidas siempre, faltas absurdas, errores tragicómicos y el habitual drama de los saques de banda a favor, todos acabados con el balón en los pies del rival.

Parecía que a los jugadores les iba a dar un vahido en cualquier momento mientras los aficionados se revolvían en sus asientos impotentes ante el esperpento. Afortunadamente, enfrente estaba un Mallorca que por algo es el colista. Otro rival hubiera hecho un destrozo. Claro que lo mismo se podría decir al contrario. Cualquier otro equipo con sus facultades mentales intactas le hubiera hecho un siete a un rival en inferioridad que se mantenía de pie solo por un acto reflejo.

Tras el descanso Bielsa metió a Iturraspe en el centro del campo y sacó a San José para retrasar a Gurpegui. La verdad es que hubiera podido quitar a media docena, pero el reglamento no lo permite todavía. Por un momento pareció que la maniobra devolvía el sentido común al equipo. El balón ya no parecía tan enjabonado en los pies de los rojiblancos, y los minutos transcurrían de una manera más o menos asimilable para el sistema nervioso. El Mallorca lo fió todo a la velocidad y la habilidad con el balón de Giovani Dos Santos, su jugador franquicia, y a la brega de Hemed. De perdidos al río, Manzano fue refrescando su equipo con Arizmendi y Nsue y la superioridad numérica del Athletic siguió sin tener reflejo en el partido en ningún momento. Al contrario, fueron numerosas las ocasiones en las que atacantes bermellones y defensas rojiblancos compitieron en igualdad, en unos uno contra uno inexplicables tácticamente.

El Mallorca tiró por la vía rápida, como no podía ser de otra manera en su situación. Pelotazos al área a ver qué pasa o faltas en las proximidades de la frontal, cobradas a medias entre la complicidad del árbitro y la inocencia de los defensores rojiblancos, atacados de los nervios tipos normalmente tan aplomados como Ekiza o el propio Gurpegui, que se la estuvo jugando todo el partido con una amarilla a la espalda ante un árbitro que podía tener una ocurrencia en cualquier momento, pusieron a prueba los corazones de la parroquia. Es verdad que no pude decirse que Iraizoz pasara demasiados apuros, de hecho no tuvo que hacer una sola parada, pero no fue precisamente por mérito del Athletic.

El personal respiró cuando el silbado Llorente hizo el segundo gol. Quedaban doce minutos y aquel despropósito parecía llegar por fin a su término. Craso error. Dos minutos después Giovani llevaba a la red un saque de falta desde la media luna y vuelta a empezar, para acabar con un Mallorca con nueve por expulsión de Ximo prácticamente en el tiempo de prolongación, poniendo cerco a la portería de Iraizoz y los rojiblancos empeñados en ganar el campeonato del mundo de despejes absurdos.

Afortunadamente para el Athletic sigue en vigor la paradoja de que pierde o empata los partidos que juega bien y gana los que juega mal. Contra el Mallorca debió ganar por goleada, porque es difícil jugar peor, pero la victoria mínima sirve para dar carpetazo a la temporada. Aunque el partido acabó con la grada pidiendo la hora, el triunfo fue cualquier cosa menos épico. Fue un partido de esos sobre los que es mejor correr un tupido velo para que caigan cuanto antes en el olvido.
Reportaje gráfico: MITXI

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3 Comentarios

  1. No sé si un tupido velo o ponérselo en vídeo unas cuantas veces y pedirles que lo comenten y hagan autocrítica. Menuda temporada que llevamos; lo mejor, que se está acabando.

  2. Pues partidos como este se han visto a patadas, lo que pasa es que llevamos inmersos en la histeria colectiva desde que cierto grupo mediático perdió las elecciones hace ya dos años (y no pararemos hasta que las vuelvan a ganar, es lo que tiene un país cuyo periódico más leido es el que es y cuya televisión más vista es telecinco).

    El caso es que enredando con la calculadora de marca, ganando los 3 partidos que quedan y con unos resultados medio normales entramos el año que viene en UEFA (y para algunos tendrían que ampliar el pabellón de cardiología de Basurto). Pese a que he visto pasar unos cuantos quinquenios, jamás he visto y leido tanto disgusto por no bajar a segunda.

  3. Ahora a pensar en cómo volver a un proyecto que ilusione, tranquilo, sereno y que ponga en valor lo que hay.

    Zorionak fitxaje barridxegatik, Juancar.

    Kalitatezko informazioa Internet topaten da gaur egun. Baita Athleticen ingurukoa ere.