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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic dio pena en Marsella



El gol de penalti de Aduriz maquilló el marcador en el Velodrome Foto AC

Los vaticinios más siniestros se cumplieron en el Velodrome de Marsella. El resultado fue lo mejor de noventa minutos que se hicieron eternos. Pensar en una remontada visto lo visto y calibrando el nivel de juego del equipo durante toda la temporada, solo está al alcance del forofo más incondicional, una especie en extinción, por cierto. Siendo realistas, a lo más que puede aspirar el Athletic ahora mismo en esta eliminatoria es a que toda la expedición vuelva con buena salud y que nadie tropiece en la escalerilla del avión.

En otras temporadas, en otras circunstancias, con otros protagonistas, un 3-1 podría considerarse un marcador complicado pero no imposible. Hablamos de otras temporadas y de otros protagonistas, que incluso en sus peores momentos de juego eran capaces de apelar al orgullo y comerse a los rivales en San Mamés. Hablamos de otras temporadas y de otros protagonistas que acudían a las gradas de la catedral convencidos de que su equipo jugaría a muerte con su aliento. Eran otros tiempos y otros protagonistas. Ahora mismo, se hace muy difícil ni siquiera imaginar a este equipo jugando al asalto empujado por una grada que en el minuto 80 se empieza a despoblar, indiferente a lo que esté ocurriendo sobre el césped.

El Athletic dio pena en el Velodrome ante un Olympique que jugó a placer desde el saque inicial, y en este caso no es una frase hecha. Cuarenta y cuatro segundos después de sacar de centro, el equipo francés ya se había adelantado en el marcador aprovechando una defensa horrible de todo el Athletic. Si el espíritu de este equipo ya está por los suelos, encajar un gol sin tocar el balón acabó por hundirle en la miseria. Es cierto que a los cinco minutos Aduriz estrelló un remate esquinado contra el cuerpo del portero rival, tras un buen pase en profundidad de Williams, pero fue una jugada tan anecdótica en el conjunto del partido que recordarla provoca cierto sonrojo.

En la siguiente embestida el Olympique hizo el segundo. No se había cumplido el primer cuarto de hora cuando el Athletic decidió hacer otro regalo a su rival. En esta ocasión el encargado de ponerle el lazo fue Etxeita, con un incomprensible despeje al corazón del área casi desde el banderín de corner. Payet, que había tenido mucho que ver en la jugada del primer gol, recogió el regalo para fusilar a placer a Herrerín de volea.

El Athletic tuvo suerte, mucha suerte anoche en Marsella. Si llega a encontrarse a un rival con más colmillo, le hace un siete. Ocurre que en el Olympique abunda ese tipo de futbolista de alma bohemia que prefiere divertirse tocando la pelota, y las pelotas, en lugar de clavar el puñal en el corazón. Los Thauvin, Payet y compañía son espíritus libres, artistas del regate y la pared, que buscan más el adorno que la eficacia. Y anoche lo vieron tan fácil que durante muchos minutos se desenvolvieron como si estuvieran en un entrenamiento, rondito por aquí, carrerita por allá, regate va, pared viene. De vez en cuando se acordaban de que estaban en competición y entonces enfilaban la portería de Herrerín sin más oposición que un par de conos vestidos de negro, hasta convertir al portero en el héroe del partido.

Se había hablado mucho de Thauvin en Bilbao desde que se conoció el resultado del sorteo. Se le tenía como al futbolista más peligroso del Olympique y quizá por ello, Ziganda se esmeró en su marcaje asignándoselo a Balenziaga, que se lesionó el 16 de diciembre y al que por lo tanto le faltaba una semana para cumplir los tres meses sin jugar. Aun a riesgo de parecer ventajista, no parece que fuera la mejor idea. No es casualidad que los tres goles de los franceses llegaran por su lado.

Pero por la otra banda tampoco le fueron mucho mejor las cosas al Athletic. De Marcos también estuvo desbordado, aunque en su caso sufrió menos y hasta le quedaron arrestos para tratar de ayudar a algún compañero en apuros, porque el Olympique cargó siempre por el costado derecho, que es por donde se mueven sus futbolistas más brillantes.

El Athletic tuvo tanta suerte en el Velodrome que se retiró al descanso con un 2-1 que dejaba la eliminatoria abierta, gracias a un regalo del árbitro quien, aconsejado por el juez de área, señaló penalti en un remate de Aduriz que impactó en el codo de Rami; si el codo de Rami llega a estar un poco más pegado al cuerpo, se lo clava en su propio hígado, pero los jueces de área los ha puesto la UEFA para estas cosas. El día que pongan el VAR nos vamos a reir.

El Olympique se pudo ir a la caseta con un 4-0, pero Herrerín desvió a corner un remate a bocajarro de Germain, y casi a continuación, volvió a evitar un gol cantado saliendo de nuevo ante Germain, que se había encontrado con un otro regalo de Etxeita, esta vez en forma de cesión. La gran actuación del portero y la propia frivolidad de los franceses, que no olieron la sangre, mantuvieron vivo al Athletic.

Los diez primeros minutos de la segunda parte fueron los únicos en los que el Athletic pareció un equipo de fútbol más o menos normal; los de Ziganda conseguían pasarse la pelota entre ellos y hasta lograron que Herrerín se tomara un respiro. Pero les duró poco, exactamente el tiempo que tardaron los hombres de Rudi García en caer en la cuenta de que necesitaban al menos otro gol para ir adelantando trabajo. Lo marcaron en el minuto 57 en otra jugada, cómo no, por el costado izquierdo del Athletic. La pared entre Thauvin y Payet en la banda culminó con un centro de éste para que Ocampos fusilara de nuevo a Herrerín anticipándose a toda la defensa.

Lo que sucedió desde ese momento hasta el final fue uno de los episodios más lamentables que ha vivido el Athletic en muchos años. El equipo de Ziganda fue un monigote zarandeado por un rival que le superó en todos los terrenos. Si el marcador acabó en ese discreto 3-1 y no en una goleada estrepitosa, hay que agradecérselo a un Olympique que no vio la necesidad de buscar una ventaja más holgada, y a que entre Herrerín y Etxeita salvaron in extremis al menos un par de ocasiones de esas en las que parece que lo más difícil es que el balón no acabe en la red.

 

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