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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic es un coladero sin fondo



La fragilidad defensiva del Athletic no es de ahora aunque se ha acrecentado este año. Foto MITXI

La fragilidad defensiva del Athletic no es de ahora aunque se ha acrecentado este año. Foto MITXI

Los cincuenta goles que ha encajado a estas alturas el Athletic son la corona de espinas que completa la imagen de un equipo que lleva todo el año autoflagelandose. La sangría defensiva presenta un equipo muy poco serio y nada solvente cuyos rivales saben a ciencia a cierta que les basta con esperar con paciencia a que llegue el fallo, que llega siempre en sus más diversas formas, individual, colectivo, mezcla de ambos, acompañado por el infortunio o incluso con cierta vis cómica que maldita la gracia. Muchas veces no les hace falta ni esperar porque ya se han encontrado con el regalo antes del primer cuarto de hora.

Un dato estremecedor ha pasado bastante inadvertido en estos tiempos de sobreinformación. Cuando acabó la primera vuelta en las cinco ligas más importantes de Europa, Inglaterra, Alemania, España, Italia y Francia, el Athletic era el segundo equipo más goleado, mejorando solo las cifras del colista eapañol, el Depor. No hay otro equipo en Europa que haya recibido más goles que el Athletic al margen de los gallegos. Así de cruda está la cosa.

Pero aunque el problema del juego defensivo del Athletic ha alcanzado este año proporciones bíblicas, el asunto viene de muy lejos. Basta con repasar la estadística del equipo en lo que llevamos de siglo. El rojiblanco es el que más goles ha recibido de entre los siete equipos que han jugado en Primera todas las temporadas de lo que llevamos de siglo XXI. Que solo siete equipos hayan logrado permanecer en la categoría en estas trece temporadas es un dato que sigue honrando a los rojiblancos, que continuan perteneciendo al selectísimo club de los que siempre han militado en Primera en Europa junto con el Real Madrid, el Barcelona y el Inter. Pero que de ellos sea el Athletic, con 663 goles en contra, el peor en el orden defensivo, requiere un análisis por parte de quien corresponda. El Mallorca, con 638 goles encajados, es el segundo peor; le han metido seis más que al Espanyol que ha sumado 632 goles. La defensa de Osasuna parece un poco mejor, puesto que solo ha recibido 589. La tradicional solidez del Valencia le hace ser solo un gol peor que el Real Madrid. Los levantinos han cedido 481 y los merengues, 480. Por encima de todos, con una ventaja abrumadora figura el dominador del los últimos tiempos, un Barcelona que solo ha concedido 379 goles en las últimas doce temporadas de Liga, casi la mitad de los que ha recibido el Athletic.

Los rojiblancos lo han ensayado todo, pero no han acabado de encontrar una solución salvo en contadísimas excepciones. Da igual quién sea el entrenador o quién el portero, el sistema empleado o los defensas alineados. Los números no entienden de añoranzas, desmontan leyendas y contradicen algunas percepciones formadas muy a la ligera. Aquí van algunos ejemplos.

Una de las temporadas en las que el Athletic se comportó mejor defensivamente fue una de la más nefastas de su historia: la que empezó Mendilibar y acabó Clemente. El equipo solo recibió 46 goles, la segunda mejor cifra en lo que llevamos de siglo. Claro que solo marcó 40, un guarismo que unicamente se repitió el primer año de Caparrós, cuando el de Utrera pareció detener por fin la sangría defensiva dejando el casillero de goles en contra en un discreto 43, que hizo que el Athletic fuera aquella temporada el cuarto equipo menos goleado. Pero fue un espejismo. El curso siguiente la cifra se elevó a 62, el tercer peor registro de la Primera División aquel año. Era el mismo entrenador y prácticamente los mismos jugadores, pero su estadística fue la misma que dos años antes había establecido el equipo que empezó con Sarriugarte y acabó con Mané. 62 goles en contra que aquel año hizo que el Athletic solo mejorara defensivamente al Nastic de Tarragona, farolillo rojo de la categoría.

El segundo año de la segunda época de Heynckes fue similar en este aspecto. El Athletic recibió 61 goles y fue la cuarta peor defensa. Lo compensó marcando dos más, 63, lo que le permitió acabar en el séptimo puesto. Fue uno de los cuatro únicos años en los que el balance entre goles marcados y goles recibidos fue positivo. Valverde repitió lo que en este equipo puede considerarse una hazaña los dos años que ocupó el banquillo y Caparrós hizo lo mismo en su última temporada en San Mamés. El debut de Jupp Heynckes en su segunda época en el Athletic resultó desolador en este aspecto. El Athletic, con 66 goles en sus redes, fue el equipo más goleado de la categoría aquel año. Recibió ocho goles más que el Tenerife, segundo de la lista de coladeros, que acabó en Segunda. A Jupp nunca le preocupó demasiado guardarse las espaldas.

A una distancia sideral quedan estas cifras de los 36 y 30 goles que encajó el Athletic los años que ganó sus últimas Ligas. Es cierto que entonces se jugaban cuatro partidos menos en una Primera de 18 equipos, pero conseguir un promedio de 0,88 goles encajados por partido, como hizo el Athletic en la 83-84 suena ahora a música celestial.

Desde la temporada 2000-01 hasta ahora han pasado por el banquillo del Athletic Txetxu Rojo, Jupp Heynckes, Ernesto Valverde, José Luis Mendilibar, Javier Clemente, Félix Sarriugarte, Mané, Caparrós y Bielsa. Distintos estilos, diferentes formas de entender el fútbol, sistemas opuestos, propuestas contradictorias…pero idéntico y desastroso resultado: un carro de goles en la portería propia.

Los porteros han sido los principales perjudicados, claro. Empezando por Lafuente que alternó con Aranzubia sin que ninguno fuera la solución, hasta que en la 2007-08 llegó Iraizoz, quien con el paréntesis de Armando, ha venido encajando goles uno tras otro hasta su relevo la semana pasada por Raúl.

Por no hablar de la cantidad de futbolistas de corte defensivo que han pasado por el equipo durante estos años. Sale una lista de 38 si sumamos especialistas en la defensa y centrocampistas de corte destructor. La historia de este siglo empieza con Larrazabal, Larrainzar, Oscar Vales y Lacruz. Aparecen internacionales contrastados como Alkorta, veteranos de ida y vuelta como Ocio o Karanka, y meritorios como Bóveda que solo jugó unos minutos de un partido o Xabier Etxebarria, sesenta segundos de gloria, los últimos de un partido en el Sardinero en la 08-09 que acabó con empate a un gol. Promesas que llamaban al futuro y que no respondieron a las expectativas como Tarantino, Sarriegi, Expósito, César, Murillo, Ustaritz; discutidos desde el primer minuto hasta que se fueron, como Casas; honestos futbolistas de club que se adaptaron a casi todo como Carlos García, Felipe Guréndez, Gurpegui, Luis Prieto, Orbaiz… estrellas rutilantes que se apagaron prematuramente como Del Horno, grandes esperanzas blancas, repudiadas antes y añoradas ahora como Balenziaga o Etxeita; fichajes hechos a bombo y platillo de los que nunca más se supo como Zubiaurre, Muñoz o el propio Castillo, prototipo del lateral guadiana que se ve tanto por San Mamés. Rescatados de los barrios humildes del fútbol que se comportaron más que dignamente en las avenidas del centro como Koikili. También hay alguno como Iraola que ha conseguido asentarse, y lo mismo se podía decir de Amorebieta y Javi Martínez hace unos meses. Muy poquitos en cualquier caso. Y los de ahora, los San José, Aurtenetxe, Ekiza o Ramalho, en diferentes fases de asimilación en el primer equipo, o esos laterales anecdóticos de Bielsa, De Marcos e Iñigo Pérez. Laporte ha sido el último en llegar, el central en el que el personal ha depositado su esperanza de que, de una vez por todas, el Athletic deje de ser ese coladero sin fondo en el que se ha convertido en los últimos años.

Los cincuenta goles de este año no son un simple problema coyuntural que se puede resolver cambiando a éste o aquel, tocando el sistema o reforzando la parte de atrás del dibujo. Los cincuenta goles de este año son la parte visible de un problema estructural para el que nadie hasta la fecha ha encontrado una solución.

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