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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic está seco



El Eibar se empleó a fondo para tapar la salida de balón de Iturraspe. Foto AC

El Eibar se empleó a fondo para tapar la salida de balón de Iturraspe. Foto AC

Ahora mismo el fútbol del Athletic es más previsible que la sentencia del Constitucional sobre el referéndum de Catalunya. A este equipo le sobran bastantes cosas y le faltan muchas más. Le sobra ansiedad, nervios, obcecación; le faltan ideas, precisión, velocidad, ritmo… fútbol en definitiva. Parece mentira que éste sea el mismo equipo que deslumbró el año pasado y que, sin ir más lejos, eliminó de Europa al tercer clasificado del Calcio. No puede ser que una sola ausencia, por muy importante que sea, acabe siendo tan trascendente. Hay más ausencias en este equipo; en realidad los ausentes superan en número a los presentes. Hay demasiados jugadores rojiblancos que no están; aunque veamos a algunos deambular por el campo. Otros no entran en los planes de Valverde. ¿De verdad Kike Sola, por poner un nombre, está tan mal que no sirve ni para jugar el último cuarto de hora a pelotazos?.

Vayamos a lo positivo. Esta vez el Athletic no se pegó un tiro en el pie y acabó sumando un punto, aunque con la mitad de los balones que regaló Rico en posiciones comprometidas un equipo más avisado que el Eibar puede hacer un estropicio. Afortunadamente los de Garitano no supieron sacar partido de los regalos y la cosa no pasó de algún susto que otro entre la desesperación del respetable. Esta vez los regalos no acabaron en gol en contra, pero a punto estuvieron de acabar con el sistema nervioso del equipo y de la grada. Esas pérdidas obligan al equipo a un sobre esfuerzo, a esprintar hacia atrás para evitar el desastre, y siembran las dudas y la desconfianza hasta el punto de que nadie quiere volver a arriesgar para no ser el siguiente en montar el estropicio.

A estas alturas al Athletic le conocen hasta en Ulan Bator y todos los entrenadores tienen el antídoto para anular a los rojiblancos. Gaizka Garitano no iba a ser menos. El Eibar es un equipo al que no le importa defender con once y dejar toda la iniciativa al rival a la espera de un golpe de fortuna o de un contraataque aislado. Dos líneas de cuatro y dos delanteros cuya función principal es incordiar la salida del balón del rival constituyen un sistema tan sencillo como eficaz. Nadie pide ni espera virguerías del Eibar; todo el mundo sabe que lo de este equipo es un fútbol industrial, de máquina bien ajustada para obtener el rendimiento previsto.

Ante esa máquina se estrelló un Athletic tan voluntarioso como inoperante durante noventa desesperantes minutos. Valverde probó esta vez con Viguera por detrás de Aduriz y dejó a Beñat en el banquillo. El de Igorre, el último fichaje de relumbrón, empieza así a repetir su ciclo del año pasado: ostracismo después de unas cuantas oportunidades desaprovechadas para convencer al entrenador. Viguera tuvo la ocasión más clara del partido, y la única, todo hay que decirlo, pero su cabezazo a medio metro de la portería se fue por encima del larguero. Ser el máximo goleador de Segunda División no es garantía de nada, qué le vamos a hacer.

También Iraola volvió a la titularidad, pero la banda derecha que formaba el año pasado con Susaeta solo es un bonito recuerdo a día de hoy. Planteadas así las cosas, el Athletic se aplicó en buscar la portería de Iruretagoiena sin encontrarla nunca pese a los esfuerzos de Muniain, que lo intentó con mucha más voluntad que acierto.

Si por la derecha al Athletic le costaba penetrar con Susaeta e Iraola, la banda izquierda estaba completamente cegada por Eneko Bóveda, un descarte de Lezama que ahora ejerce de lateral derecho en el Eibar, que se bastó para tapar todas las subidas de Balenziaga, un jugador que nunca se atrevió a desbordar y buscar el centro. Se incorporaba Balenziaga doblando a Muniain hasta que se encontraba con Bóveda. Frenazo, marcha atrás, y balón a Iturraspe o los centrales para que derivaran el juego hacia el otro lado: o sea izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás… como la yenka, aquella tontería que bailaban los modernos del pleistoceno. Y así todo el partido, moviendo la pelota como si se tratara de un partido de balonmano.

Tirado a la basura todo el primer tiempo, Valverde intentó cambiar las cosas en la continuación, pero difícilmente se puede cambiar nada haciendo lo de siempre y a la misma hora. Sobre el minuto 60 salió Ibai para retirar a Viguera y centrar a Muniain. Un rato después De Marcos sustituyó a Iraola en la banda. Curioso el caso de De Marcos. En otros tiempos demostró que puede jugar de todo menos de portero, y eso porque no le probaron ahí, pero ahora parece que solo sirve para lateral derecho. Su presencia fue suficiente para que el Athletic apretara algo más al Eibar, no gran cosa, esa es la verdad, pero al menos el balón circuló con más frecuencia cerca del área visitante, incluso a veces llegó a entrar en la zona de peligro.

Finalmente salió Beñat por un agotado Susaeta. El extremo lo intentó de diversas formas contra sus paisanos, incluso permutando su posición con Muniain en los últimos minutos que estuvo en el campo, pero Susaeta tampoco es el del año pasado, y bien que lo lamenta el Athletic.

El equipo de Valverde es hoy en día un libro abierto que el Eibar leyó con mucha atención. La presión agobiante sobre Iturraspe secó las ideas de los rojiblancos y aunque el medio centro supo sobreponerse en más de una ocasión, entrando incluso en peleas que no deben ser suyas, no encontró la colaboración necesaria para zafarse de los que le atosigaban.

Se sucedieron los cambios a lo largo del segundo tiempo, pero fueron variaciones sobre el mismo tema. Cegadas las bandas, la circulación en paredes por el centro era prácticamente imposible. Para crear peligro por un camino lleno de minas hace falta mucha más velocidad de ejecución, precisión y técnica individual de la que tienen ahora mismo la mayoría de los jugadores rojiblancos. Y, lo que es peor, no se ven alternativas de ninguna clase, ni siquiera las más elementales. Hasta un equipo como el Barcelona ha recurrido a un Alexanco en su día, o a un Piqué ahora, como palomeros a la caza de un pelotazo o para provocar una segunda jugada.

Al Athletic no se le puede reprochar que no lo intente, ni que no se deje la piel en el empeño; pero este equipo está seco de fútbol, es evidente. Insistir en una idea es una virtud hasta que la perseverancia se convierte en obcecación. Ahora mismo nadie puede decir en qué punto de ese recorrido estamos exactamente, pero da la impresión de que a lo mejor hay que empezar a replantearse algunas cosas que han dejado de funcionar. De momento, el Athletic se ha metido en un lío. Veremos cómo sale. Futbolistas tiene para ello. Hace falta que vuelvan a encontrar el fútbol que han perdido.

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Un comentario

  1. No veo al Athletic tan mal como señalan algunos comentarios que he leído en otros foros. Han perdido partidos que antes se ganaban, pero todos los partidos han sido cerrados en el marcador, lo que significa que la propuesta de Valverde de ser un equipo competitivo se mantiene.

    Además si se es lógico, el Athletic tiene el mejor entrenador que puede tener, la mejor plantilla que su filosofía y el mercado le permite tener, y una solidez institucional que muchos quisieran tener.

    Creo que al final el tiempo pondrá todo en su sitio, y el Athletic subirá en la clasificación alcanzando los puestos europeos. En caso que no se logre el objetivo, lo vería como una señal de que algunos jugadores veteranos ya están entrando en cierta decadencia, y en ese caso se abre una pequeña transición hasta que los cachorros tomen el nivel necesario.

    Lo que se observa es consecuencia directa por ser fiel a una filosofía. No hay que buscar responsabilidades donde no las hay.

    Saludos.