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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic golea al Levante con las manos en los bolsillos



Ibai Gómez estuvo muy activo e incisivo todo el partido. Foto AC

Ibai Gómez estuvo muy activo e incisivo todo el partido. Foto AC

Jugar un partido de Liga contra el Levante después de los fastos y oropoles europeos que se vivieron en San Mamés hace apenas tres días debe de ser como ir a la oficina al día siguiente de una juerga bien de bebida y que no le falte nada al personal. El Athletic compareció en el campo ojeroso y con la lengua pastosa, con ese color ceniciento de los días de resaca. Y cuando se dice el Athletic debe entenderse jugadores y público. Lejos del ambiente eléctrico de la noche del miércoles, las gradas de San Mamés mostraban el aspecto propio de quien no quiere muchos ruidos porque le retumba la cabeza.

Los de Valverde encararon el partido como quien se prepara para sobrevivir a un pesado día en la oficina: en servicios mínimos y que nadie me moleste si no es estrictamente necesario. Por momentos se veía a los rojiblancos con la vista fija en la pantalla pero pensando en otra cosa. Se trataba de cumplir el expediente y superar eso que se conoce como el virus UEFA, que los futbolistas pillan en las competiciones europeas y cuyas consecuencias se manifiestan en la competición doméstica.

Tenía su peligro el partido después de la derrota en el estreno de Málaga y a la espera del parón antes de viajar al Camp Nou. Era imprescindible sumar la primera victoria de la Liga, embolsarse los primeros tres puntos para llegar al parón subidos a esta nube de ilusión en la que todos estamos tan a gusto. Valverde apenas hizo cambios; las rotaciones no son para el mes de agosto. Ibai ocupó el puesto de Susaeta y el nuevo internacional, San José, dió el relevo a Gurpegui. Nada más…ni nada menos porque no olvidemos que Susaeta fue el año pasado el único jugador de campo que participó en absolutamente todos los partidos.

El Athletic tuvo muy poco que ver con el equipo aguerrido y desatado que doblegó al Nápoles. Ante el Levante fue un grupo calculador, frío, que buscó siempre la aplicación de la ley del mínimo esfuerzo. No quiere esto decir que los leones no trabajaran. Lo hicieron como siempre, pero de otra manera, más pausada, sin el desgarro propio de las grandes ocasiones. Tampoco les hizo falta. A día de hoy el Levante de Mendibilar es un equipo manifiestamente inferior al rojiblanco y lo sabe. Por eso saltó al campo reservón, con muchísimo respeto y acumulando gente atrás a la espera de un contragolpe imposible.

La lentitud en las maniobras de los rojiblancos permitieron a los visitantes mantener el orden sin demasiados sobresaltos. Algunas combinaciones de Muniain y De Marcos en la banda, la efervescencia de Ibai en el otro lado y la pelea de Aduriz, no bastaban para desequilibrar a un equipo armado para resistir. El Athletic estaba tirando de manual, alternando combinaciones sobre el eje de Beñat con pelotazos largos de Iturraspe o Rico para la carrera de los tres puntas.

Quedaba el arma letal: el balón parado, pero hubo que esperar a que se superara la primera media hora para llevar la pelota al banderín. La puso en juego Ibai y Aduriz la envió a la red anticipándose a todos de cabeza. Se cumplieron los presagios que albergaban todos los presentes en San Mamés. Pese a no estar haciendo prácticamente nada se veía que el gol acabaría subiendo al marcador del Athletic más pronto que tarde, que caería prácticamente por su propio peso. Y así fue.

Esa suficiencia del Athletic, ese convencimiento de que era tan superior al rival que le bastaba con apenas nada para ganar, le pudo pasar factura en algún momento. Porque el rival también tiene su corazoncito y a base de empujar y de aprovechar algunos despistes, el Levante llevó el balón al área de Iraizoz aunque solo fuera para que Barral desperdiciara algo parecido a una ocasión en una jugada de rebote.

Y es que en demasiadas ocasiones Iturraspe, Rico, Beñat o Laporte, sobre todo, se empeñaron en buscar la cuadratura del círculo del pase imposible, del túnel, del taconcito. El tiki taka no se hizo para el Athletic a pesar de que algunos se empeñaran tanto, confiados en su superioridad. La verdad es que salvo algún error de bulto por tratar de sacar el balón jugado en corto desde el campo propio, o alguno de esos patadones que suele regalar Iraizoz con la bota de madera, el Athletic no sufrió más problemas que los que se buscó.

Y es que para los seis minutos de la segunda parte los leones ya habían sacado a pasear el mazo por segunda vez. Falta botada por Ibai y esta vez Iturraspe cabeceando a la red. El partido fue como un tedioso día en la oficina, todo el mundo haciendo como que hacía y mirando el reloj sin ver la hora de marcharse a casa. Así que Valverde pudo aprovechar el tiempo para dar descanso a Beñat y a Rico y minutos a Unai López y a Viguera, que debutó en partido oficial.

Aduriz, uno de los pocos que no estaba en servicios mínimos, persiguió uno de esos balones a los que casi ningún delantero acude tal y como estaba el partido, y su centro acabó en la red empujado a puerta vacía por Muniain. Corría el minuto 76 y el Levante que se había pasado todo el segundo tiempo intentando encontrar la manera de ver a Iraizoz de cerca se encontró con el saco de los goles repleto.

Goleó el Athletic a medio gas, cumpliendo el expediente, y esa es una excelente noticia. Al cabo de la temporada los equipos grandes ganan una docena de partidos de este pelo, así, como quien no quiere la cosa, tirando de oficio, recursos y puntería. Era un partido peligroso y el Athletic lo resolvió con solvencia. Sin brillo, eso sí, pero ya habrá tiempo de sacar la ropa de domingo. Ante el Levante tocaba empezar a sumar en la Liga y el Athletic ya tiene sus tres primeros puntos. Perfecto.

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