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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic ha tocado fondo



El Athletic acabó goleado y hundido ante el Levante.

Técnicamente al Athletic le quedarían todavía dos escalones por bajar, los que ahora ocupan Rayo y Huesca, pero nadie puede discutir que el equipo ha tocado fondo en Orriols. El barco llevaba más de dos meses con muchas vías de agua abiertas en su casco, navegando a duras penas con la humedad más arriba de las rodillas del capitán. Anoche se hundió definitivamente; ya es un pecio, chatarra encallada en el fango. A ver quién organiza a los buzos y pone los recursos para reflotar esta nave.

Tiempo hay todavía, aunque resulte difícil aferrarse a semejante idea en una noche tan negra como ésta. Queda más de media temporada y ya sabemos que el fútbol da muchas vueltas. Lo último ahora mismo sería perder la esperanza. Se trata de encontrar soluciones, no de buscar culpables, aunque ahora mismo al aficionado le podría salir una lista más larga que la de los reyes godos.

Es difícil mantener la esperanza con las imágenes del segundo tiempo todavía en la retina. Ese retrato de un equipo roto, hundido, cumpliendo una por una todas las leyes de Murphy, no se borra tan rápido de la memoria del seguidor rojiblanco, ese seguidor que dos horas antes del desastre todavía mantenía el ánimo y se auto convencía de que esta vez sí, esta vez iba a vivir la reacción y la remontada de su equipo.

No sé si es peor la derrota en sí, cómo se produjo, o las señales que emite el Athletic. Creo que esto último es lo más preocupante. Ahora mismo el Athletic huele a cadáver; sus sensaciones son las de un equipo condenado. Sufre todas las desgracias que suelen padecer los equipos sentenciados y alguna más.  La suerte le ha vuelto definitivamente la espalda al Athletic, el fútbol le muestra su rostro más cruel y la moneda siempre le cae cruz.

Cuando caminas tanto tiempo sobre el alambre el riesgo de caída se incrementa a cada paso. El Athletic lleva tanto tiempo en equilibrio precario que hasta parece increíble que todavía no se haya estrellado definitivamente.  La desgracia se cebó de nuevo con los rojiblancos en su partido contra el Levante. Completó un primer tiempo más que meritorio, mostrando ambición, jugando mucho tiempo en campo contrario y merodeando el área rival aunque fuera sin mordiente. No le sirvió para nada.

El Levante no había hecho nada durante todo ese primer tiempo pero se fue al descanso con ventaja en el marcador. Ocurrió en el tiempo de prolongación, en la última jugada del primer tiempo. Jaime Latre había prolongado tres minutos ese primer tiempo porque él mismo se había enredado en una consulta alucinante al VAR en una disputa de Núñez que probablemente no fue ni falta y acabó en tarjeta amarilla. Alguien tendrá que volver a explicarnos cómo funciona este invento.

Pero en el último minuto de esa prolongación Ganea sí cometió una falta innecesaria, de pardillo, junto a la banda, concediendo al Levante una última ocasión que no desperdició. Una vez más el barullo en el área acabó con el balón en las redes del Athletic. Es lo que les suele pasar a los equipos que están abajo. Los rebotes van al contrario, los balones sueltos son siempre para el rival; si algo va a salir mal, saldrá peor.

Ese gol fue un mazazo definitivo para un equipo en plena depresión al que cualquiera tumba con un soplido. Todo el trabajo, todo el sudor, todo el esfuerzo que habían hecho los rojiblancos quedó en agua de borrajas en esa maldita última jugada del primer tiempo.

Suena ocioso repasar  a estas alturas planteamientos tácticos o sistemas de juego. Berizzo, que tiene a gala morir por sus principios, volvió a cambiar de idea y planteó un partido con tres centrales: Nolaskoain de eje, flanqueado por Núñez a su derecha e Iñigo Martínez a su izquierda. En la banda derecha, De Marcos y en la izquierda, Ganea. San José y Beñat en la sala de máquinas,  Muniain en el enlace y arriba, Williams y Aduriz. Un dibujo canónico y unos protagonistas bien elegidos sobre el papel.

Otra cosa es el rendimiento en el césped. El Athletic volvió a ser un equipo aparente, que movió el balón con cierta solvencia en las zonas intrascendentes del campo, pero inocente hasta la desesperación en el área contraria y blando en la propia. De nada sirvieron la buena dirección de Beñat, la movilidad de Muniain entre líneas, las constantes subidas de De Marcos o los intentos de Williams. Cuando no se fallaba el centro, se equivocaba el pase, a Aduriz le faltaban siempre unos centímetros para llegar al remate antes que el defensa y la alternativa del disparo lejano se resumió en un remate de San José contra el cuerpo de un rival y un balonazo a las nubes de Iñigo Martínez.

El gol de Chema en el último segundo del primer tiempo, dictó sentencia. No merece la pena volver a recordar el estado de letargo con el que suele aparecer el Athletic tras el descanso, agravado en esta ocasión por la lesión de Ganea, tras una dura entrada, al bulto, de un rival, que a juicio de Latre no precisó de repaso en el VAR. Qué le vamos a hacer…

A los quince minutos Campaña envió a la red un rechace de Herrerín a disparo de Morales. Otra vez las segundas jugadas, el balón a los pies del rival, la defensa dormida o mirando al linier. El gol devolvió a la cruda realidad a los que todavía podían seguir albergando alguna esperanza en que se produjera el milagro. Las puertas del infierno se abrieron de par en par y la última media hora fue una tortura cruel e innecesaria para un equipo hundido. El tercer gol y la expulsión de Nolask0ain fueron un castigo excesivo para unos futbolistas que siguen manteniendo una actitud intachable y lo siguen dando todo en el campo a pesar de que casi nunca les salga nada.

 

 

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