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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic lo deja para San Mamés



Aduriz reapareció en los últimos minutos y tuvo tiempo de cobrar un gran remate

Aduriz reapareció en los últimos minutos y tuvo tiempo de cobrar un gran remate

El Athletic tendrá que acogerse a San Mamés para seguir adelante en la Copa. Toca remontada aunque visto lo visto en el partido de Balaídos y visto lo que dio de sí el Celta precisamente en el estreno del campo, no es de esperar que los leones tengan que recurrir a la heroica como el día del Barcelona, por ejemplo. La trompetería y la carga de la caballería ligera están bien para las ocasiones excepcionales; para las situaciones normales debe servir la solvencia propia de un Athletic que, hoy por hoy, y al margen del resultado de este primer partido, es superior al Celta.

Este fin de semana copero, justificado solo por el interés de la televisión que ha dispuesto de tres días para retransmitir los dieciséis partidos de la eliminatoria, ha pillado a contrapié a los aficionados y a los propios equipos. Habituados como estábamos a los partidos de Copa un lunes por la noche o un jueves de madrugada, este fin de semana está siendo realmente raro: sin puntos ligueros en juego y con equipos de Segunda B en liza uno ya no sabe qué es lo que está viendo. Si no fuera por el anuncio de la lotería, cualquiera diría que estamos en pretemporada: Resultados de fútbol: Sant Andreu, 0; At. Madrid, 4, Algeciras, 1; Real Sociedad, 1; Cartagena, 1; Barcelona,4, Celta, 1; Athletic, 0, y así todo.

En medio del despiste afrontaron el partido el Athletic y el Celta. Por mucho que se empeñaran los pobres comentaristas de la televisión, obligados a vender mercancía averiada como si fuera producto de primera calidad, el partido no tuvo nada que ver con lo que siempre hemos entendido que son los choques coperos. Por si alguno no lo recuerda, a la Copa se la conoce como el torneo del KO, porque es la competición donde no hay espacio para la rectificación. La Copa es la emoción de jugar al límite, la grada encendida y el fútbol desgarrado, o sea, todo lo que no hubo en Balaidos.

Valverde se tomó la cosa en serio y apostó prácticamente por el mismo equipo que protagonizó la gesta contra el Barcelona. Salvo el cambio de portero y la ausencia del lesionado Laporte, el resto de la alineación estuvo formada por los mismos que derrotaron a los blaugranas. Pero ya quedó escrito que despliegues como el protagonizado por el Athletic aquel partido, son la excepción que sirve para dar la campanada de vez en cuando, que la competición exige otras cosas muy distintas al espíritu kamikaze. Regularidad en el rendimiento, por ejemplo, sin necesidad de alardes, un poco de sentido común y un mínimo de precisión en la ejecución. Nada del otro mundo, vamos.

Está bien que el técnico presente en la Copa ante el Celta la misma alineación que planteó para un partido tan comprometido como el del Barcelona, aunque eso signifique renunciar al delantero centro titular, por ejemplo. Pero dadas las circunstancias que rodean a la plantilla esta temporada, cabe preguntar si el de Vigo no era un buen partido para que Beñat volviera a la alineación, por ejemplo, más que nada para que el fichaje estrella del verano no pierda el hilo de la competición y mantenga el ritmo necesario para cuando sera requerido.

Pero el entrenador es el que mejor conoce el material con el que trabaja así que, planteada la duda razonable, solo cabe añadir que el equipo que presentó Valverde hizo méritos más que suficientes para ganar el partido y resolver la eliminatoria por la vía rápida sin necesidad de esperar a la vuelta en San Mamés. El Athletic fue superior al Celta durante todo el primer tiempo y tuvo en las botas de Herrera, primero, y San José después, la ocasión de encarrilar el partido y la eliminatoria. El primero se encontró con el portero y al defensa se le fue el remate desviado.

Las dos ocasiones fueron la consecuncia lógica de la superioridad de un Athletic dominador del balón, que acogotaba al Celta con una presión muy adelantada que le permitía vivir constantemente en terreno rival. Una vez más faltaron precisión y claridad de ideas en los últimos metros para que la superioridad sobre el terreno se transformara en ventaja en el marcador. No había apenas noticias del Celta entonces, salvo una ocasión de Santi Mina a cinco minutos del descanso que Herrerín desbarató con una salida rápida y decidida.

Luis Enrique sí que reservó a algunos de sus titulares pensando en esa Liga en la que su equipo se está jugando la vida. Las alineaciones suponían toda una declaración de intenciones de los dos entrenadores y lo que sucedió en los primeros cuarenta y cinco minutos no hizo más que confirmar lo que se presumía a la vista de las pizarras.

Había buenas noticias en el Athletic entonces, la principal el protagonismo que asumió Muniain partiendo desde la banda para acabar a la espalda de Toquero. Iker estuvo en todas las jugadas de ataque del equipo y consiguió algo inédito en los últimos tiempos: desequilibrar el juego del equipo hacia la banda izquierda, bien secundado por un Balenziaga que poco a poco se está haciendo con el sitio. Por primera vez ambos tuvieron más peso específico que la pareja Susaeta-Iraola, durante varias fases del partido.

Lo que ocurrió tras el descanso hay que cargarlo en el debe de los rojiblancos. Y eso que regresaron al campo con una gran jugada que Iraola remató a las nubes. Pero se ve que la comodidad con la se estaba desarrollando el partido tuvo un efecto narcótico para los leones. Para cuando se despertaron la cosa no tenía remedio. El Celta volvió de la caseta mucho más intenso y empezó a ganar la batalla a partir de su superioridad en las disputas individuales. Iturraspe ya había regalado un par de balones en terreno peligroso producto de la autocomplaciencia; Herrera se abandonaba a la vida muelle y la imprecisión de Mikel Rico se hacía más evidente. El despeje a la remanguillé de Gurpegui dejando el balón en las botas de Santi Mina fue fruto de esa falta de tensión con la que se estaban empleando los de Valverde en ese tramo del partido. El dominio del Celta se sustentó entonces en la acumulación de errores de los rojiblancos. Iraola se dejaba ganar al espalda, el centro del campo no sujetaba y la solidez de los centrales que estaba sujetando al equipo se resquebrajó por el lado menos esperado.

Para entonces Valverde ya había sustituido a un Susaeta que fue de más a menos, por un Ibai que no aportó nada. Como tampoco aportaron Aduriz y De Marcos que salieron a tratar de arreglar los desperfectos a falta de un cuarto de hora ocupando los sitios de Toquero y Herrera. A Aduriz le alcanzó para soltar un zurdado a la media vuelta que el portero del Celta, el mejor de su equipo, cazó al vuelo. No hubo tiempo para más, así que San Mamés dictará sentencia dentro de dos semanas.

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