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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic mantiene la racha con una victoria sufrida



San José volvió a ver puerta aprovechando un balón repelido por el larguero tras cabezazo de Aduriz. Foto AC

San José volvió a ver puerta aprovechando un balón repelido por el larguero tras cabezazo de Aduriz. Foto AC

Uno que no cree demasiado en las casualidades no puede dejar de pensar que la lesión de Aduriz supuso un antes y un después en el partido de Balaidos. El delantero tiene ahora mismo un carácter demiúrgico en el Athletic y ejerce un influjo decisivo en compañeros y rivales. Según enfilaba el camino hacia la banda tocándose el muslo, los jugadores del Celta se sintieron tan liberados, como preocupados empezaban a estar sus colegas rojiblancos. Se acabó la pesadilla, debieron de pensar los celestes; vamos a ver como terminamos esto, empezaron a calcular los del Athletic.

Quedaba prácticamente toda la segunda parte y hasta entonces habíamos asistido al repaso en toda regla que le estaba propinando el Athletic al Celta. No había razones objetivas para sentir la mínima preocupación, pero el fútbol, como el corazón, tiene razones que la razón no entiende. Cuando Aduriz se fue, el paisaje del partido cambió como por ensalmo. La abrumadora superioridad del Athletic se tornó en inseguridad, despistes y pérdida de sitio. El Celta, que hasta entonces se había dedicado a perseguir sombras y que no sabía ni de qué color era el balón, se hizo con el esférico y con el partido. Lo que iba para goleada y victoria de lujo, fue dando paso a la duda primero, al susto después y a la angustia en el últimos minutos, cuando el Athletic defendía una ventaja mínima con un hombre menos tras la expulsión de San José por doble amarilla. Lo que debió ser un paseo alfombrado de rosas, acabó en camino de espinas. Al final, los puntos volaron a Bilbao porque en el balance final, a pesar de todo, el Athletic hizo bastantes más méritos que el Celta y porque el fútbol también suele hacer justicia.

Los choques entre el Celta y el Athletic se han convertido en los últimos tiempos en un espectáculo impredecible. Estamos ante dos equipos a los que les gusta el protagonismo y prefieren buscar la portería contraria en lugar de quedarse guardando la propia. Así que a nadie extrañó que el partido comenzara eléctrico, con el balón circulando sin dueño de aquí para allá . No se habían ajustado los dos equipos cuando una carrera de Muniain acabó con el balón en el punto de penalti. Augusto quiso neutralizar al rojiblanco con una carga, pero se pasó de frenada y una acción legal como el choque hombro contra hombro acabó pareciéndose bastante a un empujón alevoso con el brazo y la ayuda de una pierna metida a destiempo. La diferencia de corpulencia entre defensor y atacante hizo el resto, y el ínclito Mateu Lahoz señaló el penalti con sus modos tan particulares, mirando al tendido y como si la cosa no fuera con él.

Aduriz no falló y puso la primera piedra del monumento al fútbol que fue construyendo el Athletic hasta el descanso. El Celta se descompuso y quedó a merced de un rival que lo hizo todo bien. La presión de la línea de delanteros cegaba a los defensas celestes que entregaban el balón sin rebasar el centro del campo. San José y Beñat, la pareja que improvisó Valverde por la ausencia de Rico, se puso las botas recuperando y distribuyendo. Los dos aportaron eficacia y criterio para lanzar una y otra vez a Aduriz y Williams. Y cuando la cosa no empezaba con un pase largo y preciso, ahí estaba Muniain para acarrear la pelota disfrutando del juego por la cantidad de conexiones y soluciones que tenía siempre a su disposición.

Triangulaciones, aperturas, precisión, excelente circulación del balón y presión, una presión agobiante sobre el rival llevaron al Athletic a un dominio absoluto de la situación, acrecentado en el marcador con el segundo gol, obra de San José tras magnífico cabezazo de Aduriz al larguero en un corner. Lo único que ganaban los jugadores de Berizzo eran tarjetas amarillas por protestarlo todo, que suele ser el síntoma más evidente de la impotencia.

Si el Athletic no remachó el partido con un tercer gol fue porque Aduriz anduvo extrañamente lento tras un regate al portero, y torpe en el control en un balón largo que le sirvió Williams desde campo propio, lanzando un contrataque que debió ser mortal. También De Marcos se hartó de balón en un remate franco tras una larga jugada al borde del área.

No cambió nada tras el descanso, puesto que el segundo tiempo empezó con una ocasión clamorosa que se le fue al limbo a Aduriz tras otro centro de Williams que había ganado la línea de fondo a la carrera. El Athletic seguía jugando a placer, marcando los tiempos y el ritmo del partido. Hasta daba la impresión de que el Celta encaraba el segundo acto resignado a su suerte. El lenguaje corporal de los celestes transmitía que se daban por derrotados. No había nervio, ni tensión, ni tenían aspecto de ser capaces de forzar la máquina. Hasta que llegó el fatídico momento en el que Aduriz se sentó en el suelo en el centro del campo.

Corría el minuto 54 cuando, de pronto, el partido cambió por completo. Mientras Valverde sacaba a Guillermo a todo correr, Berizzo recurría a Santi Mina, uno de esos jugadores talismán cuya presencia provoca una corriente eléctrica entre la grada y el campo que se traduce en chispazos que a veces acaban incendiando el partido. Mina se presentó solo ante Iraizoz en la primera jugada en la que intervino. Fue la señal que transformó al Celta. Krohn-Dehli, un alma en pena hasta entonces, ganó dos veces la línea de fondo, Nolito, exiliado en la banda durante todo el primer tiempo, empezó a dar señales de vida y hasta Orellana empezó a caracolear al borde del área. Enfrente, toda la seguridad y la solvencia exhibida hasta entonces se tornó en despistes, despejes alocados y fallos en cadena. Valverde trató de recuperar la sensatez haciendo reaparecer a Iturraspe en el lugar de Ibai, pero solo lo consiguió a medias. Al minuto siguiente el Celta acortó distancias en una jugada horriblemente defendida por el Athletic y la cosa empezó a ponerse más bien negra.

Mal que bien, Beñat volvió a hacerse sentir poniendo pausa allí donde sus compañeros solo tenían urgencias, pero a Muniain ya la faltaba frescura, a Williams tablas y a Guillermo puntería para rematar el partido, porque el Athletic, eso sí, continuó fabricando ocasiones. La expulsión de San José en el 84 elevó el nivel de angustia aunque para entonces el Celta ya boqueaba y asistía impotente a las últimas maniobras del Athletic con el balón en los pies y un ojo en el cronómetro.

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2 Comentarios

  1. En efecto, Juan Carlos, disfrutando hasta la marcha de Aduriz. Pero una duda sobre algo que no mencionas: ¿le dio un ataque de “regreso al pasado” a Txingurri volviendo a poner a Beñat de media punta (y no lo hizo mal) y a Muniain en banda, tras la salida de Itu? (salvo que la banda izquierda da Balaidos fuese algo similar a un agujero negro para los rojiblancos) ¿No había otras opciones en el banquillo?

    • Pues la verdad es que teniendo en cuenta que el cambio de Guillermo por Aduriz había sido obligado y el de Iturraspe por Ibai, casi también, porque las circunstancias del partido así lo exigían, la verdad es que cualquier combinación era bastante complicada. Yo me lo tomé como una cuestión de urgencias porque había que reubicar a San José, Iturraspe y Beñat y seguir con Muniain en el campo. El problema ahora va a ser que hay mucha gente para tan pocos sitios y algunos se han movido en el escalafón.