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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic no titubea en su escalada



Beñat culminó su excelente partido con un gran gol.

Beñat culminó su excelente partido con un gran gol.

Los dos últimos minutos del Coliseum definen al Athletic. Este equipo necesita disputar los partidos a plena intensidad. No sabe, o no puede, jugar con relajo, a media marcha. Le faltan recursos y le sobran despistes para eso. Solo concentrado al cien por cien, dándolo todo y un poco más en cada disputa, poniendo toda la atención en cada pase, este equipo funciona, y muy bien por cierto. Ocurrió contra el Espanyol la semana pasada. El tercer gol de Iturraspe sentenció el partido y desactivó al Athletic. Resultado: relajo y gol en contra en una jugada defendida con consistencia de merengue. No pasó nada porque el partido estaba, efectivamente, cerrado. Sucedió en el Coliseum. Gol de Beñat en el 89, que cerraba el partido. Celebraciones, besos y abrazos, relajo general y gol de Lafita en el 91 para prolongar el sufrimiento dos minutos más. No sucedió nada, pero pudo suceder si Iraizoz no saca una mano excelente en el penúltimo corner del partido. Hubiera sido de traca no ganar el partido, de traca y completamente injusto después de lo que había sucedido durante toda la tarde, pero no estaría de más una placa de mármol en el vestuario del Athletic con la máxima futbolística por excelencia grabada en letras de molde: los partidos duran noventa minutos.

Al final el gol de Lafita y la angustia final se quedaron en anécdota, pero dejan una sensación desagradable por inmerecida. Los leones abandonaron el campo del Getafe con cara de susto cuando debieron salir a hombros. Porque el Athletic completó un partido excelente, pleno de control y dominio de la situación, de oficio y de confianza, al que solo le faltó un poco más de claridad en los metros finales para haberlo resuelto con mucha más holgura y antelación.

Es un hecho que el Athletic ha encontrado el camino de la recuperación y que ya se puede decir que ha salido del agujero en el que llevaba metido desde que empezó la temporada. Cuatro victorias y un empate en los últimos cinco partidos de Liga no pueden ser casualidad. Si se les suma el triunfo del pasado martes en Ucrania, tenemos que concluir que el Athletic mira definitivamente a la zona noble de la tabla. Ocurre que ha cedido tanto al principio, que la distancia sigue siendo grande, pero a este paso todo llegará más pronto que tarde.

El Athletic ha entrado en esa dinámica positiva en la que todo lo que puede salir bien sale bien. Todo lo contrario de lo que le ocurre a un equipo cuanto está en fase negativa. Ante el Getafe Valverde apostó por recuperar a Unai López como titular en el puesto de un Susaeta que no estuvo ni convocado. Con San José ocupando el puesto del lesionado Etxeita los rojiblancos presentaron una formación que volvió a tener en su centro del campo la base de operaciones desde la que llegó al éxito.

Habíamos quedado en que la mejoría del Athletic tenía mucho que ver con el despertar de Iturraspe y no hay razón para dimitir de esa teoría. Sucede que el regreso de Iturraspe ha coincidido con la recuperación del Mikel Rico estajanovista, cuya sola presencia hace la vida mucho más agradable a los finos estilistas y, no lo olvidemos, con el renacimiento de un Beñat que lleva un par de partidos siendo uno de los destacados del grupo. Queda por descubrir si fue antes el huevo o la gallina, cuestión que la humanidad sigue sin aclarar. O sea, si el despertar de Iturraspe ha activado a sus dos compañeros, o si la mejoría de estos ha facilitado que el cerebro del equipo vuelva a discurrir fútbol.

Sea como sea, el juego del Athletic lo agradece y los resultados certifican esa mejoría. Iturraspe, Beñat y Rico dibujaron en el Coliseum el triángulo de las Bermudas en el que desapareció el Getafe. Es verdad que no ocurrieron muchas cosas en el partido, punteado constantemente por las tarjetas amarillas de un Álvarez Izquierdo que debió creer que era un casco azul en medio de una batalla. Nueve amarillas mostró el colegiado en un partido en el que ningún jugador tuvo que ser asistido por los auxiliares. A este le ponen a pitar en Argentina y no quedan en el campo ni los recogepelotas.

Apenas ocurrió nada porque al Athletic le costó una enormidad traducir en ocasiones su abrumador dominio del juego. El balón fue siempre de los rojiblancos, y el partido se desarrolló constantemente en terreno del Getafe, pero a los del Valverde les faltó el último paso, el enlace con los compañeros más adelantados. Los laterales anduvieron remisos a la hora de subir, Muniain volvió a jugar con la luz apagada y Unai López, en la banda derecha, bastante tuvo con mantener su posición y colaborar con Beñat. Aduriz quedó aislado, sin entrar apenas en juego, más o menos como Laporte y San José, los dos centrales, que vivieron una tarde de vacaciones, algo nada habitual en campo ajeno.

A los problemas habituales que sufre el Athletic en su faceta atacante había que sumar en Getafe el efecto Champions, el partido del pasado martes, viaje incluido, que probablemente puso algo de plomo en las botas de los leones. Los rojiblancos fueron superiores físicamente a sus rivales, ganaron en anticipación, chocaron con pierna fuerte y se desplegaron con eficacia y sentido, pero les faltó eso que en fútbol se llama chispa, que nadie acierta a definir con precisión, pero que todo el mundo sabe lo que es.

Claro que el Athletic cuenta para estos casos con un arma letal. El balón parado estando San José en el campo es una baza a tener siempre muy en cuenta. Y en el minuto 35 un corner botado por Beñat acabó en la red cabeceado por el central navarro. Era el primer remate digno de ser considerado como tal, aunque antes ya hubo un tiro lejano de Beñat a las manos del portero y varias aproximaciones y centros al amigo invisible. Era el primer remate pero hacía justicia a la agobiante superioridad que había exhibido el Athletic durante todo el primer tiempo.

El Getafe dio señales de vida el primer cuarto de hora de la continuación. Los de Contra dieron un paso al frente y crearon algunos problemas a un Athletic que en algunos momentos pareció perder el sitio. Un trallazo de media volea de Baba, que Iraizoz prácticamente se encontró bajo los palos, fue el canto del cisne del equipo madrileño. Se reorganizó el Athletic, volvió a hacerse con el balón y, aunque unos metros más alejado de la portería contraria que en la primera parte, volvió a tomar el control del partido. Los cambios que fue introduciendo Contra acabaron desequilibrando a su equipo. A medida que cargaba peso en el ataque con Lafita y Freddy, el Getafe perdía presencia en el centro del campo. Como el Athletic no varió su dibujo y mantuvo su plan original, los rojiblancos fueron encontrando cada vez más espacios y comodidad para contraatacar. Al equipo le volvió a faltar contundencia y finalización para aprovechar las incursiones por la banda de un Balenziaga en franca progresión, o para encontrar el pase definitivo en las larguísimas combinaciones que tejían una y otra vez los centrocampistas.

Esos espacios cada vez más claros fueron una bendición para Muniain, por ejemplo, que acabó provocando la falta que Beñat transformó en el segundo gol. Ahí acabó el partido, o debió hacerlo. En ningún caso el Athletic merecía acabar pidiendo la hora, pero ya se sabe que los partidos duran noventa minutos, y si te despistas, alguno más.

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