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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic nunca puede fracasar



banderas Athletic

Jugar cuatro finales en seis años no está al alcance de muchos equipos. El Athletic jugará mañana su cuarta final desde que en 2009 volvió a su sitio después de una larga noche que duró un cuarto de siglo. Hubo un tiempo en el que era habitual ver al Athletic en las finales, de hecho, se decía que la final de Copa la jugaban el Athletic y otro más. Hace mucho de eso, tanto que no conviene recordarlo demasiadas veces, porque corremos el riesgo que de tanto mirar atrás nos convirtamos en estatua de sal.

El pasado está bien, con sus glorias y sus mitos, para conocer de dónde venimos que es la mejor forma de saber a dónde queremos ir. Pero no hay que mirar demasiado hacia atrás. Hay que mirar adelante, porque hay futuro, tal y como nos lo demuestra el presente.

Ganar la final al Barcelona es a día de hoy una entelequia. Puede ocurrir porque en el fútbol siempre puede pasar cualquier cosa y la sorpresa espera a la vuelta de la esquina. Hará bien el Athletic en buscarla poniendo todo lo que este al alcance de su mano, porque la suerte también hay que merecerla. Competir es la palabra, verbo que no han conjugado los leones en las últimas finales que han jugado, no que han disputado, porque no lo han hecho.

Unas palabras de Aduriz animan a pensar en que esta vez sí que sabrán competir. Dice el faro que alumbra este Athletic que el grupo afronta esta final con más ilusión que presión. Es un primer paso imprescindible. Da la impresión de que en las últimas finales la carga de la responsabilidad histórica que cayó sobre los hombros de los futbolistas rojiblancos fue tan abrumadora que acabó poniendo plomo en sus piernas. Había que ver la carita de Iraola en el túnel de vestuarios de Bucarest para entender que el Athletic no podía ganar aquella final que estaba a punto de empezar. Mejor que, como dice Aduriz, se tomen esta final con ilusión y no con la responsabilidad de tener que escribir la historia del club. Que piensen solo en jugar y en dar todo lo que tienen, que no es poco, en el campo.

Pero al margen de cuál sea el resultado final en el Camp Nou, el Athletic ya ha ganado esta Copa y todas las que se disputen, porque el Athletic gana siempre, sea cual sea el marcador. Este club es una rara flor en el estercolero en el que han convertido el fútbol entre unos y otros, desde la banda de los Blatter a los fondos de inversión, pasando por intermediarios, prestamistas, soldados de fortuna,presidentes de puro y gomina y demás bucaneros que viven de algo que en su día fue un bello deporte que cautivó a millones de seres humanos de todas las razas, idiomas y religiones.

Estas cuatro finales son la demostración palpable de que se puede seguir compitiendo siendo diferentes. En los últimos tiempos el Athletic y su entorno han sucumbido a la debilidad de usar su singularidad como disculpa y no como fortaleza. En demasiadas ocasiones el mundo rojiblanco se ha refugiado en la autocomplacencia renunciando a plantar cara a una dificultad buscada voluntariamente. Los resultados han demostrado que se puede ser diferente y competir. Está bien que nos admiren por nuestra singularidad, pero está mejor que nos elogien porque, además, somos capaces de ganar. Después de 117 años de historia, el Athletic no es grande porque es diferente, sino porque siendo diferente, ha sido capaz de llenar sus vitrinas con ocho Ligas y veinticuatro Copas.

Estas finales jugadas y perdidas en el campo, son la mejor victoria del Athletic de hoy en día, porque significan que el modelo funciona cuando la diferencia se convierte en fortaleza y no en disculpa. Lo más probable es que el Barcelona vuelva a ganar otra final al Athletic. Sería lo más lógico y a nadie cogería por sorpresa. Es tan fácil como comprar lo mejor en los mejores mercados del mundo y si no funciona, volver a comprar. Los tribunales, las imputaciones, los millones que van y vienen o se pierden por el camino… son harina de otro costal; basta con mirar hacia otro lado y hacer como que no pasa nada; el brillo de los trofeos es suficiente para cegar al que no quiere ver.

Por eso, el Athletic gana siempre, gana cada día que renueva su apuesta por una idea, cada minuto que se mantiene fiel a una forma de hacer las cosas, cada segundo que dedica a convertir a un niño en futbolista. El Athletic gana cuando entrega todo su cariño a un jugador que se despide, como hizo hace siete días con Andoni Iraola, y gana cuando apenas unas horas después de la final, el Bilbao Athletic pelee por ascender de categoría.

Un día, hace ya mucho tiempo, alguien que no es del Athletic ni de lejos, pronunció una frase que debería estar escrita en un lugar bien visible de Ibaigane: El Athletic nunca puede fracasar. Es cierto. El Athletic podrá tener temporadas peores o mejores y sufrirá derrotas, incluso algunas muy duras, pero nunca nadie podrá decir que ha fracasado mientras sea fiel a sus principios. Y si por una casualidad, ganara esta final al Barcelona en el Camp Nou, no te quiero ni contar.

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