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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic obtiene premio
a su constancia



Mediaba ya la segunda parte en un San Mamés cada vez más inquieto cuando Aduriz se inventó un gol de la nada y Susaeta redondeó el resultado colocando un remate excepcional en la escuadra izquierda de la portería del Valladolid. Cinco minutos mediaron entre ambas acciones. En dos fogonazos el Athletic resolvió el peliagudo problema que le había planteado el Valladolid hasta entonces. Había pasado más de una hora buscando la solución sin encontrarla. De pronto, la media vuelta de Aduriz en el corazón del área recogiendo un balón sin dueño, encendió la luz que alumbró casi en la siguiente acción a un Susaeta muy comprometido todo el partido. El Athletic necesitaba imperiosamente sumar su primera victoria y consiguió su objetivo más por constancia que por fútbol, más por transpiración que por inspiración, pero lo logró, que era lo que verdaderamente importaba, tal y como están las cosas. Ahora Bielsa y los suyos tienen dos semanas para reflexionar, trabajar, centrar ideas y ponerse a lo que se tienen que poner. Es de esperar que para cuando la Liga se reanude dentro de quince días, en el Athletic ya se hable solo de fútbol. Ayer en uno de los fondos de San Mamés se siguió hablando de otras cosas, a gritos y por escrito. A ver si el tiempo hace su trabajo y podemos cambiar de tema de una vez.
El esperpento de Helsinki acabó costándole el puesto a San José y concediendo una oportunidad a Ekiza. Bielsa ha demostrado antes de ahora que es tan capaz de sostener sus ideas, por muy disparatadas que le puedan parecer al resto de los mortales, como de rectificar sobre la marcha en cuanto reconoce que se ha equivocado. La nueva presencia de Iñigo Pérez en el lateral izquierdo y la irrupción de Ekiza en el eje de la defensa dan fe de la personalidad del míster.
La otra novedad la constituyó la presencia de Muniain en el eje del centro del campo, ocupando la posición de Herrera, que no debe de estar tan al cien por cien como asegura. Enfrente esperaba un Valladolid que venía de una dinámica positiva. Recién ascendido y sumando dos victorias en su retorno a la categoría, los de Pucela demostraron que forman un grupo bien organizado que ahora mismo está funcionando a favor de corriente pero al que habrá que ver cómo le acaba sentando el paso de la competición. De momento en San Mamés no supieron sacar provecho de la ansiedad que confundió a los rojiblancos en muchas de sus acciones.
Le faltó profundidad al Athletic y le sobró imprecisión en la creación. Lo intentó Iturraspe, con poca fe la mayoría de las veces, como si no se fiara de lo que podía encontrar unos metros por delante de su posición, y lo intentó Muniain, aunque el chaval, ahora mismo, tiene más voluntad que fútbol. Tampoco De Marcos está tan fino en la ejecución como el año pasado y bien que añora su aportación el equipo. Ismael López lo intentó en la banda izquierda con poca fortuna y por la derecha Susaeta estuvo más tiempo a la espalda de Iraola que cerca del banderín de corner contrario. Aduriz quedó aislado y sus escasas intervenciones en el juego, en forma de dejadas o de aclarados para la segunda línea, tampoco hacían ver la inminencia del gol. Así y todo, Susaeta estrelló un remate a bocajarro en el palo y el Athletic dominó el partido hasta el descanso sin pasar más apuros atrás que los imaginados por una afición que ya ha visto doce goles en contra en cuatro partidos, suficiente número como para entrar en pánico cada vez que un rival asoma por el área de Iraizoz.
Bielsa repitió una vez más la maniobra en el descanso. Dio entrada a Ruiz de Galarreta, retiró a Iturraspe, llevó a Iñigo Perez a su sitio, a De Marcos al lateral izquierdo y adelantó unos metros la posición de Muniain, escalonado con el chaval recién incorporado. No es que la cosa mejorara de una forma espectacular; de hecho, en el arranque de la continuación, el Valladolid tuvo algunos minutos en los que pisó mucho la parte del campo correspondiente al Athletic.
No estaban pasando muchas cosas sobre el césped, esa es la verdad. Pero los leones ponían voluntad y poco a poco iban empujando al rival a base de constancia y de trabajo, aunque aquello se antojaba insuficiente para hacerse con los tres puntos. Afortunadamente, el Athletic cuenta este año con uno de esos delanteros de los que tienen la portería contraria siempre en el punto de mira. Aduriz abrió el marcador cuando menos lo esperaba todo el mundo. Cazó un balón en el área, medio de espaldas a la portería y un segundo más tarde el cuero estaba en la red.
Al Valladolid el gol le sentó como un puñetazo en el hígado; bajó los brazos un instante y Susaeta aprovechó para marcar un golazo que premiaba su enorme despliegue en la banda derecha durante todo el partido. Antes, Aduriz había estrellado otro balón en la base del poste.
Quedaba un cuarto de hora para certificar el resultado y el Athletic no falló. Era muy importante taponar la sangría de goles, acabar un partido con el cero en el marcador propio y el equipo también consiguió ese objetivo.
Seguro que hubo una alegría especial después del partido en el vestuario local. La primera victoria de la Liga siempre se celebra de otra manera, como si todo el mundo se quitara un peso de encima, como si el marcador favorable confirmara que el trabajo se está haciendo bien. Si esa victoria tarda tres partidos y viene precedida de toda la marejada que ha sacudido al Athletic, la alegría está más que justificada aunque todos, en su fuero interno, sepan que queda camino por recorrer para parecerse al equipo que asombró al mundo hace solo unos meses

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