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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic pasa a cuartos por la puerta de atrás



Iñaki Williams tuvo detalles interesantes en los primeros compases del partido. Foto AC

Iñaki Williams tuvo detalles interesantes en los primeros compases del partido. Foto AC

El Athletic ha llegado a ese punto en el que no se adivina a quién puede ganar. Suele suceder, y de hecho a este equipo le ha ocurrido muchas veces a lo largo de su historia. Se empieza por entrar en una dinámica negativa en la que todo va de mal en peor; se toca fondo y se acaba sin ver la manera de salir del pozo. Ahora mismo, el Athletic está en la parte más negra de ese pozo, así que habrá que ponerse en lo peor y aguantar con estoicismo todo lo que ocurra. Lo normal en estos casos es que la pregunta ¿se puede jugar todavía peor?, tenga como respuesta un sí rotundo en la siguiente cita. La demostración empírica la tenemos bien cerca. ¿Se puede jugar peor que contra el Granada?. Sí, como se demostró ante el Córdoba. ¿Y peor todavía?. Claro que sí. Recordemos el último partido ante el Elche, o lo de Alcoi, por seguir en tierras alicantinas. Pero ¿ya se ha llegado al límite, no?. Pues no, como se pudo comprobar anoche ante el Celta.

No se adivina a quién puede ganar este equipo al que todo le sale mal y al que se le acumulan las desgracias. Un análisis frío de los noventa minutos, libreta en mano para repasar lo que sucedió en las dos áreas, nos muestra un partido en el que no ocurrió nada durante mucho tiempo, que era lo mejor que le podía pasar al Athletic dadas las circunstancias y el marcador de la ida. Pero queda dicho que a los equipos en la situación del Athletic les pasa de todo. Y los de Valverde sufrieron dos accidentes nada más empezar el segundo tiempo, que a punto estuvieron de costarle la eliminatoria.

Lo de accidentes habría que matizarlo, es cierto, pero seguro que en otras circunstancias, el año pasado sin ir más lejos, el rebote del centro de Santi Mina en las piernas de Etxeita, se hubiera ido por encima del larguero, y ningún jugador del Athletic hubiera tenido la ocurrencia de ceder atrás el balón con el área superpoblada como una estación de metro en hora punta.

Hasta el descanso el partido transcurrió por derroteros más o menos previsibles. La apuesta de Valverde por Williams en el eje del ataque escoltado por Ibai Gómez y Muniain, con Beñat a su espalda, aportó cierta novedad y algunos detalles del chaval que levantaron algún aplauso. El Athletic pareció querer jugar sobre la velocidad de Williams, y sus carreras animaron al personal aunque no le llevaran a ninguna parte. Después de la sorpresa inicial, Fontás y compañía midieron mejor al novato que, paulatinamente, fue desapareciendo de un escenario en el que nunca comparecieron sus compañeros.

El partido transcurría anodino porque el Athletic, que tenía la eliminatoria en el bolsillo, asumía la iniciativa que no conseguía asumir un Celta que tenía todo el aspecto de conformarse con dejar correr los minutos sin sobresaltos a la espera de que sonara la flauta. Es verdad que cuanto los vigueses conseguían llegar a las proximidades del área de Herrerín, Orellana, Charles y Santi Mina desnudaban con demasiada facilidad a la linea defensiva del Athletic, pero la cosa tampoco pasó nunca a mayores, salvo por una arrancada de Santi Mina que acabó en un tiro cruzado neutralizado por el portero rojiblanco.

Ya antes del descanso Mina había descubierto las flaquezas de un Balenziaga calamitoso, pero muy desasistido por un Ibai que volvió a evidenciar su escasa visión táctica. La tragedia se empezó a gestar en la continuación. Solo habían pasado cuatro minutos cuando el extremo celeste se fue de Balenziaga en la banda, combinando anticipación en la disputa, velocidad y determinación. Etxeita se tiró al suelo a cortar el centro y el rebote entró en la portería del sorprendido Herrerín. A estas alturas, el público ya llevaba un buen rato con la mosca detrás de la oreja, así que por primera vez en la noche sonó con fuerza la música de viento en San Mamés. Se sucedieron entonces los fallos individuales y de conjunto, con el personal atento a no dejar pasar ni una. Se llevó su ración Iturraspe en una pérdida de balón en el centro del campo, o Muniain por no pasar a tiempo la pelota, pero el foco de las iras de la grada se centró en un Balenziaga absolutamente desbordado y abandonado a su suerte. Es verdad que el lateral tuvo una noche negra; pero no es menos cierto que nadie, ni en el campo, ni desde el banquillo, le echó una mano.

Santi Mina fue muy superior a Balenziaga, pero tampoco es la primera vez que un extremo supera a su marcador por técnica y por velocidad. Lo que resulta inaudito es que durante noventa minutos de deje a ese lateral abandonado a su suerte, sin coberturas ni ayudas, condenado a quedar en evidencia cada vez que su extremo le encaraba con el balón controlado o le medía en carrera.

Con el equipo hecho un flan y la grada a punto de incendiarse, llegó el segundo accidente de la noche. La cesión atrás de Muniain dentro del área define a un futbolista. Y en el caso del navarro, confirma que después de unas cuantas temporadas en Primera, sigue sin saber jugar al fútbol. Porque jugar al fútbol es muchísimo más que regatear sin sentido ni dirección, tocar con el tacón o pisarla con más o menos donosura. Eso está muy bien en el futbito. Jugar al fútbol comprende tener visión espacial, saber elegir el mejor pase en el momento más oportuno, discernir entre la oportunidad de refugiarse dando un paso atrás o arriesgar en una carrera, ofrecerse al compañero… en fin, todas esas cosas que Muniain sigue sin hacer. La gracia acabó en penalti de Rico y en el segundo gol del Celta con media hora por delante y el Athletic rotó por todas sus costuras.

Los minutos posteriores al gol de Orellana la tragedia fue tomando cuerpo en un San Mamés que asistía atónito al harakiri de su equipo. Valverde reaccionó dando entrada de inmediato a Iraola y Aduriz por Williams, aplaudido, y Beñat, pitado. Casi a continuación sacó a Ibai, aplaudido por esas cosas tan raras que tiene a veces el público soberano, y dio entrada a Susaeta. Y hay que reconocer que cuando peor estaban las cosas, el equipo supo tragar saliva y encarar la situación. El tramo final transcurrió con el alma en vilo, pero a los rojiblancos les bastó subir un punto la intensidad para frenar al Celta y evitar la descomposición absoluta que temió todo el mundo tras el segundo gol.

El Athletic pasó a cuartos de final arrastrándose por la puerta de atrás, con muchísima pena y ninguna gloria, volviendo a proyectar una imagen colectiva lamentable y sacando a relucir unas carencias en el plano individual realmente lastimosas. El fútbol ha huido de este equipo. A Valverde y a los suyos les toca recuperarlo antes de que sea demasiado tarde.

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