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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic pierde los papeles cuando más fácil lo tenía en el derbi



El Athletic fue incapaz de gestionar la ventaja que le dio el penalti y la expulsión de Mikel.

El Athletic fue incapaz de gestionar la ventaja que le dio el penalti y la expulsión de Mikel.

Hay partidos a los que les ves venir desde el minuto uno. Partidos que adivinas torcidos, enredados, anunciando desde el principio que no tendrán un buen final. El de ayer, por ejemplo, es un prototipo. Pareció que el Athletic saltó al campo, pero fue un efecto óptico; en realidad, el equipo seguía todavía en Córdoba. Fallón, torpe con la pelota en los pies y lentísimo a la hora de recuperarla. Confundiendo un pase a la espalda con un pelotazo en el culo al compañero. Un par de fallos a la hora de salir con el balón jugado en los primeros minutos, restaron confianza y sitio al equipo desde desde el principio. No salió el Athletic como hay que salir en un derbi. La Real, sí, pero eso era de esperar. El que se jugaba puntos importantes era el Athletic, pero fue la Real la que puso más energía para quedárselos. Los de Moyes no engañaron a nadie. El equipo que ha dado pena en la mayoría de los campos que ha visitado, se convirtió en un grupo organizado, bien plantado y con las ideas claras, que anuló por completo a un rival blando, indeciso y fallón, que acabó enfadando a un público más frío de lo habitual en estos casos.

Estaba bastante claro que el Athletic no iba a tener una buena noche. A la Real le bastó con montar un atasco en la zona central para ahogar por completo a los rojiblancos. Beñat no podía dar fluidez al tráfico porque o no encontraba desmarques, o los pases se le quedaban largos o cortos, como las mangas de las camisas. El problema volvía a ser la conexión con los de arriba, tarea que Valverde encomendó de nuevo a un Aketxe demasiado tierno para tanta responsabilidad. Bergara cenó niño en San Mamés.

La inseguridad del Athletic se acrecentó por la movilidad de la segunda línea de la Real, donde las caídas a la banda de Chory y la movilidad de Zurutuza por los dos costados, generaban demasiados problemas a una defensa en la que Gurpegui, lejos de ser el líder que necesitaba la línea, provocaba un par de tembleques con dos errores en la salida de esos que le parten el alma a todo el equipo.

Cerradas a cal y canto las bandas para un Williams que lo intentaba pero no le salía nada y un Susaeta con más dudas que un manual de filosofía, el Athletic se fue consumiendo en un fútbol lento y previsible mientras la Real crecía a medida que ganaba confianza al comprobar que su plan estaba funcionando. Un par de remates lejanos de Vela, su hombre más adelantado, sonaron a aviso pero no despertaron a un Athletic muy bajo de revoluciones.

Un contragolpe que acabó con un paradón de Rulli a cabezazo de Aduriz fue la jugada más elaborada y peligrosa del Athletic hasta el descanso. No hubo más remate en cuarenta y cinco minutos de tedio y fútbol enmarañado, ni en el resto del partido.

La segunda parte empezó en el mismo tono, pero uno más de los balones enviados a tontas y a locas al área de Rulli acabó en la que debió ser jugada decisiva del partido. El portero salió confiado a hacerse con el esférico, quizá porque no esperaba que Aduriz acudiría a la disputa, el balón quedó suelto y cuando el delantero se disponía a empujarlo a puerta vacía, fue derribado por Mikel. Penalti y expulsión, y toda la segunda parte por delante, se suponía que para disfrutar y administrar la ventaja.

Pero ya está dicho que la noche se anunciaba torcida y el Athletic apenas pudo hacerse cargo de la nueva situación. Moyes retiró a Chory Castro para incrustar a Elustondo en la defensa y lo que pareció un paso hacia atrás fue en realidad un paso adelante de la Real, que consiguió que no se notara su inferioridad numérica salvo en las escasas ocasiones en las que los rojiblancos acertaron a ver el hueco en uno de los costados. Diez minutos después del penalti, De la Bella restablecía la igualada ante la atenta mirada de Susaeta, que no se percató de la incorporación del lateral hasta que le vio con el balón en los pies dentro del área.

Si la cosa había ido mal hasta entonces, a partir del empate se puso peor. El Athletic perdió definitivamente los papeles y el tramo final del partido se convirtió en una exhibición de impotencia de unos futbolistas sin ideas y sin fuelle que llegaban tarde a todos partes, incapaces de pegarle una patada a un balde. Valverde retiró a Aketxe para darle una vuelta al equipo con De Marcos en el lateral e Iraola más adelantado, y después entró Viguera por Susaeta. Cuando Rico ocupó el sitio del agotado Beñat en el minuto 77 quedaba claro lo que se esperaba de lo que quedaba de partido. Afortunadamente, Moyes también optó al mismo tiempo por retirar a Vela, que se marchó muy enfadado y con razón, porque estaba disfrutando, para apostar por la velocidad de Canales, al que apenas se vio en un par de lances.

El Athletic dilapidó una oportunidad inmejorable de acceder al séptimo puesto cuando mejor se le habían puesto las cosas. El valor de este punto se medirá a tenor de lo que haga el Málaga en Vigo, pero peor que el empate es la sensación que deja el equipo por segundo partido consecutivo. Jugando así a poco se puede aspirar incluso en una Líga tan pobre como ésta.

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