Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic puede hasta con su falta de puntería



Susaeta tuvo una tarde negada de cara al gol. Foto AC

Susaeta tuvo una tarde negada de cara al gol. Foto AC

El Athletic pasará la Navidad en puestos de Liga de Campeones con cuatro puntos de ventaja sobre su inmediato perseguidor y siete sobre la teórica barrera de las plazas europeas. El equipo de Valverde no pierde en la Liga desde el 3 de noviembre, fecha en la que cayó en el Vicente Calderón. Desde entonces ha sumado cuatro victorias y un empate a domicilio que le han catapultado a su privilegiada posición. Hay muchos motivos para ver la vida con optimismo desde el bando rojiblanco, aunque el último partido del año en el invicto San Mamés no haya sido precisamente para tirar cohetes. El Athletic se complicó la vida hasta extremos inconcebibles y terminó pidiendo la hora ante un rival que debió salir goleado sin contemplaciones.

El Athletic las tuvo de todos los colores para resolver el encuentro antes del descanso y también durante toda la segunda parte, pero los chicos de Valverde no acertaron con el remate ni a puerta vacía, literalmente. Iraola desperdició un mano a mano con Cobeño en la primera parte, Susaeta otro en la continuación, hasta tres rojiblancos se empeñaron en tirar al muñeco o al poste en una larga jugada que llegó a rozar lo cómico…No hubo manera y, como casi siempre, cuando el rival acertó prácticamente la primera vez que se acercó a la portería de Iraizoz, tocó sufrir para volver a desnivelar el marcador primero, y para conservar el resultado después. Nadie podrá negar que la victoria no fuera justa y que se la llevó el equipo que más la mereció, pero a todos les hubiera gustado que fuera de otra forma, más brillante o, por lo menos, más tranquila.

Dijo Jémez en la sala de prensa que su equipo regaló toda la primera parte. Si se refiere a que apenas consiguió atravesar la divisioria tiene razón. Pero no fue precisamente porque sus chicos no quisieran sino, sencillamente, porque el Athletic no les permitió el mínimo respiro. Los de Valverde volvieron a plantear el partido como si se tratara de un ejercicio de demolición. El Athletic aprieta en todos los sectores del campo, atosiga al rival lo va encerrando en su área y acaba aplastándolo casi por inercia. Viene siendo así prácticamente toda la temporada en San Mamés.

También parecía que esa iba a ser la suerte que correría un Rayo Vallecano que venía precedido por la fama de su buen juego y sus pobres resultados. Si a estas altura ocupa la penúltima plaza con veinte puntos menos que el Athletic es por algo; por ejemplo por el limitado nivel de casi todos sus futbolistas. Si los de Valverde hubieran estado más afilados arriba los madrileños se hubieran llevado una ración de goles similar a la que se llevó el Celta hace cuatro días. Pero Muniain, muy activo mientras estuvo en el campo, no dispuso esta vez de balón en zonas de remate, Toquero dio de sí lo que se espera de él y Susaeta tuvo el día de no cuando fue el que dispuso de las más claras y fáciles ocasiones para batir al guardameta visitante.

Tuvo que ser San José el que abriera la lata en una jugada embarullada. Apenas se había sobrepasado la media hora de juego y el partido prometía diversión una vez que el Rayo se veía obligado a olvidar sus precauciones y abrirse en busca del empate. Hasta enconces su defensa de cinco hombres reforzados por otra línea de tres compañeros delante, había conseguido frenar a un Athletic que acusaba la espesa tarde de Iturraspe y la poca claridad de Toquero para ofrecer soluciones a sus compañeros desde el eje del ataque. El Athletic tenía que fiar su creación a las subidas de un Balenziaga que se está asentando en el lateral izquierdo, un puesto maldito en los últimos tiempos, y a las incorporaciones de Iraola, que tampoco acababa de conectar con la fluidez de otras ocasiones con Susaeta.

El Rayo regresó del descanso más ambicioso ante un Athletic adormilado que empezó a fallar más de la cuenta y acabaría perdiendo la batalla del centro del campo por sus propios errores y su incapacidad por mantener la pelota en su poder. El partido se embarulló y se desarrolló en una parcela muy estrecha del campo. El empeño de los rayistas por salir desde atrás con el balón chocaba con una presión eficaz de los rojiblancos quienes, sin embargo, eran incapaces de sacar partido de sus recuperaciones en zonas muy comprometidas. Al Athletic le favoreció esa contumacia del Rayo queriendo jugar como el Barcelona. No son los únicos damnificados por esa moda del toquecito y la posesión que solo está al alcance de unos pocos privilegiados que, además, cuando no les sale lo del toquecito sutil sacan el mazo para aplastar al rival, porque también tienen mazo, claro.

El Rayo no tiene ni calidad para intentar ese juego, ni mazo para salir del atolladero por la vía rápida. Claro que hay veces en las que para hacerle un gol al Athletic no hace falta apenas nada porque siempre se puede encontrar al despistado de turno o al que despeja con la uña dentro del área. Esta vez le tocó a San José, empeñado en convertirse en un central mucho mejor en el área contraria que en la propia. El gol del empate fue tan casual y estaba tan fuera del guión del partido, que fueron pocos los que dudaron de la capacidad del Athletic para salir del lío en el que se había metido. Se incorporaron Ibai y Aduriz en los sitios de Herrera y Toquero, los rojiblancos volvieron a engranar una marcha más y un cuarto de hora después Rico resolvía un balón peleado por Aduriz que quedó muerto en el área del Rayo. Otra vez el gol tuvo que llegar desde la segunda línea, que tampoco está mal cuando la primera falla todo lo que falló. La incorporación de Beñat en el tramo final, después de su prolongada ausencia, no tuvo más trascendencia para el partido.

El partido entró entonces en una dinámica embarullada, con un Rayo empecinado en salir tocando el balón desde su propio campo para estrellarse en la presión adelantada del Athletic, sin querer entender que los dos pelotazos largos que puso a la espalda de la defensa rojiblanca sembraron más inquietud que la media docena de pases que tardaban en perder el balón. Los de Valverde por su parte se empecinaban en fallar ocasión tran ocasión para matar el partido y evitar lo que finalmente acabó sucediendo: unos minutos de descuento con el Rayo atacando a la desesperada, portero incluido y todo San Mamés temiendo que cualquier tontería de una tarde tonta lo echara todo a perder a última hora. No hubo tal y el Athletic pudo despedir el año con un nuevo triunfo en un campo que va a pasar la hoja del calendario sin conocer la derrota.

Share This: