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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic reacciona a tiempo y evita una paliza



El Athletic fue zarandeado por Messi y compañía durante todo el primer tiempo. Foto AC

Cuando el Athletic se retiró al vestuario en el descanso, la afición rojiblanca imploraba porque se desencadenara un fenómeno natural en Barcelona. Una nevada, unas inundaciones, una ciclogénesis explosiva, en fin, algo que obligara a suspender el encuentro y que la Federación diera como definitivo el 2-0 que señalaba entonces el marcador. La incomparecencia en la segunda parte era otra posibilidad bien vista por muchos. En realidad, el Athletic tampoco había estado en el Camp Nou los primeros cuarenta y cinco minutos, así que si en la segunda parte no se asomaba ningún rojiblanco por el césped, tampoco se iba a notar demasiado la diferencia.

Cuando el Athletic abandonó el terreno de juego al finalizar el partido, la afición rojiblanca suspiró aliviada y hasta cierto punto satisfecha, no solo porque el marcador no se hubiera vuelto a mover durante toda la segunda parte, sino porque su equipo pareció eso, un equipo de fútbol que sabe defenderse, hacer alguna falta si es necesario, mover la pelota con sentido, disputar con genio y hasta acercarse con cierta intención hasta la portería rival. Es verdad que el Barcelona de la segunda parte no fue el mismo equipo desatado del primer tiempo, pero a su lógico relajo contribuyó en alguna medida el cambio de actitud de un Athletic que aprovechó el intermedio para recuperarse del KO técnico con el que se había retirado al descanso.

El Athletic acudió al Camp Nou con el mismo talante lúgubre con el que uno se sienta en el sillón del dentista. Venía el equipo destrozado física y anímicamente del jueves europeo y Ziganda decidió una rotación masiva que dejó una alineación como de amistoso de verano, con un paquete ofensivo formado por Susaeta, Raúl García y Lekue con Sabin Merino en punta. A estas alturas del curso uno ya no sabe si esos cambios son buenos o malos, ha habido tantos y han dado tan poco resultado que prácticamente da lo mismo que jueguen unos u otros.

Que el Barcelona te haga media docena de ocasiones, que te encierre en el área y que te convierta en un muñeco de trapo tampoco es ninguna novedad. Les ha sucedido a muchos equipos en el Camp Nou, incluso a bastantes que lucen más campanillas que este Athletic. Entra dentro de lo posible que el visitante de turno sufra el zarandeo de un equipo que, bueno será recordarlo, sigue sin conocer la derrota en la Liga y se pasea por Europa como por el pasillo de su casa.

Hasta ahí los seguidores rojiblancos tenían asumido de antemano que tocaba sufrir. Lo que pocos esperaban era la intensidad de ese sufrimiento. El destrozo que le hizo el Barcelona al Athletic durante los primeros cuarenta y cinco minutos no es de recibo en circunstancia alguna. El equipo rojiblanco fue un pelele que entregaba el balón al rival según sacaba de puerta para recibir una ocasión de gol cada vez que el Barcelona se acercaba al área. A los siete minutos Alcacer abrió el marcador rematando un centro de Alba completamente solo en el punto de penalti, con los dos centrales en el área pequeña. Es cierto que el lateral estaba en fuera de juego por centímetros, pero no es menos verdad que era una situación tan ajustada que ningún defensa rojiblanco se molestó en protestar. Y, desde luego, el error del auxiliar no justifica lo que vino a continuación.

En solo cinco minutos, los que van del 10 al 15 se pudieron contabilizar un disparo lejano de Paulinho neutralizado por el portero rojiblanco, una ocasión de Messi desbaratada por Kepa tras pérdida de San José, un disparo del argentino con paradón del de Ondarroa, otra parada de Kepa ante Messi en un barullo en el área, un disparo franco desde dentro del área de Coutinho al larguero y un ataque masivo del Barcelona con media docena de blaugranas en la boca del gol que quedó en nada. Más de una ocasión por minuto en una agonía que acabó al rato con el disparo de Messi, seco y ajustado a la base del poste, que estableció el marcador definitivo. Antes de ese segundo gol Kepa tuvo que volver a lucirse en otras dos ocasiones, y después los de Valverde tuvieron tiempo para estrellar otros dos balones en los palos, entre otras ocasiones más o menos claras.

El mero enunciado del listado de oportunidades evita cualquier consideración respecto al partido. Seguro que en los entrenamientos los jugadores del Barcelona encuentran más dificultades  para mover el balón y encontrar posiciones francas de remate que las que les plantearon los futbolistas del Athletic en sus peores cuarenta y cinco minutos en mucho tiempo.

Nadie, salvo Kepa, dio señales de vida en el bando rojiblanco. La avalancha fue de tal calibre que llegar al descanso con solo dos goles encajados fue un éxito, atribuible al portero, a los palos y a la fortuna.

Ziganda dejó en el descanso a Beñat en la caseta y en su lugar salió Iturraspe. Sería injusto imputar a esta sustitución el cambio que experimentó el partido, porque significaría cargar sobre los hombros de Beñat la responsabilidad de la debacle del primer tiempo. Es verdad que el de Igorre dio facilidades porque ni tiene velocidad, ni presencia física ni de ánimo para obstaculizar la generación de juego de un Barcelona inspirado, pero Beñat no fue el único responsable, ni mucho menos.

Lo cierto es que entre el cambio en el Athletic y el cambio de talante que se apreció en el Barcelona en la segunda parte, el partido viró hasta el punto de que se jugó casi todo el tiempo en terreno azulgrana. El equipo de Valverde levantó el pie y se dedicó a especular buscando solo alguna contra con la velocidad de Messi o Dembelé, principalmente. Pero lo cierto es que los de Valverde desconectaron y permitieron a los de Ziganda respirar, asentarse en el campo y crecer hasta parecer un equipo de fútbol. Entonces se pudo ver a Lekue dejando claro que es extremo y no lateral, a Núñez apuntando a central de futuro y hasta a Sabin Merino moviéndose con intención pero la poca práctica de un suplente en el eje del ataque.

El Athletic consiguió reaccionar y evitar así que la paliza de la primera parte tuviera continuación en la segunda. No faltarán los suspicaces que achaquen a alguna orden de Valverde el frenazo del Barcelona en el segundo tiempo. Tampoco es la primera vez que ocurre en un partido de estas características. Cuando hay tanta diferencia entre los contendientes es habitual que el que está ganando se relaje y de por bueno el resultado sin buscar la humillación del rival y que el inferior apele a su orgullo y saque fuerzas de flaqueza para detener la sangría. Seamos generosos y atribuyamos al Athletic el mérito de aguantar cuarenta y cinco minutos con empate a cero en el Camp Nou.

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Un comentario

  1. Eskuzabalak, bai; baina, leloak, ez.
    Bi asteko atsedena begi bistan, eta Kuko aldaketekin!
    Lehen zatiko, eta, baita, bigarreneko jokalari batzuk ez dira 1. mailakoak, parkatu.