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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic saca un punto de la nada



Aduriz sufrió un marcaje implacable con la permisividad del árbitro. Foto AC

Aduriz sufrió un marcaje implacable con la permisividad del árbitro. Foto AC

Admitamos lo obvio: no se puede jugar al fútbol con un mínimo de coherencia en medio de un vendaval. El viento es el peor enemigo de este juego, mucho peor que la lluvia o incluso que la nieve. El viento impide controlar el balón o precisar el pase; desconcentra y desconcierta. Sería injusto analizar el horrible partido que jugó el Athletic ante el Elche sin tener en cuenta esta circunstancia. Se dirá que es un elemento con el que también hay que contar y que un profesional debe saber superar esa circunstancia. Sí, pero menos. Cuando ninguno de los protagonistas acierta a dar un pase, cuando presuntos remates a puerta acaban en el banderín de corner o en el segundo graderío, hasta los profesionales pueden escudarse sin sonrojarse demasiado en las circunstancias ajenas a su voluntad, como suelen decir los comentaristas de televisión cuando pierden la señal.

Si al viento le añadimos un rival dispuesto a impedir a toda costa cualquier amago de fútbol, las complicaciones adquieren magnitudes insuperables. Digámoslo sin ambages: el Athletic jugó el peor partido de la temporada, solo comparable a aquel fiasco de Granada de la primera vuelta. Entonces los de Valverde salieron derrotados con claridad. Ahora se van con un punto en el bolsillo. Es uno de los aspectos que separan a los ganadores de los perdedores. Cuando juega bien, el Athletic gana; cuando juega mal, no pierde. Sumar un punto en un partido como éste es lo que se espera de un equipo con aspiraciones y los rojiblancos lo lograron aunque el objetivo fuera conseguir los tres.

La verdad es que el viento se llevó todas las ideas del Athletic. Hacía mucho tiempo que no se veía tan espeso a Iturraspe, tan torpe a Rico, tan lento en la ejecución a Herrera, tan aislado a Aduriz. Solo Muniain parecía conservar algo de su fútbol o al menos intentaba recordarlo cada vez que tenía ocasión, pero la visión del juego sigue sin ser el fuerte de este chico. Volvió a diluirse en conducciones a ninguna parte y en apuestas perdedoras, pero hay que reconocerle que al menos lo intentó.

El Elche salió al campo con un orden de prioridades que no dejaba lugar a la duda. Primero impedir que juegue el Athletic; después, si se puede, intentar buscar algo sobre todo por la banda derecha. La defensa rojiblanca no acusó el cambio obligado de San José por Gurpegui porque su trabajo se convirtió prácticamente en una rutina. Se trataba de apoyar a Balenziaga para tapar las incursiones de Rodríguez, único argumento ofensivo de un rival lineal.

A Valverde también le debió de dar la ventolera, pero en la habitación del hotel. A un mal aire habrá que achacar su idea de volver a situar a De Marcos como extremo derecho, posición en la que le han hecho fracasar siempre que lo que han puesto. Lo de hacerle permutar su posición con Iraola nos enlaza directamente con Verdi: ahí Valverde estuvo, como en Rigoleto, …cual piuma al vento.

Al viento hubo que añadir la pareja de pressing catch que presentó el equipo ilicitano.  Botia y  Sánchez forman un duo temible. Aduriz lo puede explicar muy bien, tanto como cualquiera de los centrocampistas rojiblancos que circularon por los alrededores del tal Sánchez, La Roca Sánchez, según los comentaristas del televisión. Sólo les faltó salir con una máscara de purpurina y los calzoncillos por encima del pantalón. Calcular la orientación y la fuerza del viento, sortear dos bolsas de plástico, controlar un balón que se movía como un conejo en la rastrojera y esquivar el placaje del rival, eran las tareas previas que debían resolver los rojiblancos antes de iniciar una jugada. Demasiado como para esperar algo sensato.

No se recuerda un partido en el que el Athletic no haya rematado una sola vez a puerta tras una jugada. Un saque de falta de Herrera desde el lateral del área que el portero envió a corner sin mayores problemas, fue el único balón que pusieron los rojiblancos entre los tres palos. Un mal control de Aduriz dentro del área tras un buen pase en profundidad de Muniain fue lo único remotamente parecido a una jugada de ataque durante los noventa minutos.

Tampoco ocurrió nada en la portería de Iraizoz, salvo un par de balones que los delanteros ilicitanos cruzaron demasiado, un cabezazo blando a las manos del portero a la salida de un corner, en un fallo de marcaje clamoroso de la defensa, y un remate en la última jugada del partido, también a la salida de un corner, que hubiera sido el colmo si hubiese decidido el partido.

Lo de Elche fue como una especie de paréntesis en la larga marcha del Athletic hacia el cuarto puesto. Productivo, eso sí. Los rojiblancos siguen sin conocer la derrota fuera de casa en la segunda vuelta, continúan sumando igual número de puntos que en los mismos partidos de la primera vuelta y regresan a casa con un botín de un punto que, a estas alturas, es un tesoro. Cuando no hay fútbol del que hablar, siempre están las socorridas estadísticas para pasar el rato.

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Un comentario

  1. El Athletic se ha convertido en un equipo muy difícil de ganar, y que es capaz de no perder cuando juega mal.
    Creo que vamos a tener un bonito final de temporada. Y el sábado a ganar. Con todo.
    Por cierto, emulando a Iñaki Ugalde, la pregunta puñetera: si ganamos al Atlético de Madrid y al Barcelona, a parte de alguna que otra sorpresa, se podría ser tercero? Hilar muy fino igual, no?
    Aupa Athletic.