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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se deja el trabajo a medias en Sevilla



El Athletic logró su gol gracias a la porfía de Toquero

El Athletic logró su gol gracias a la porfía de Toquero

A estas alturas de la competición no resulta exagerado afirmar que Rakitic es medio Sevilla. Su ausencia por acumulación de amonestaciones reducía pues en un cincuenta por ciento el trabajo del Athletic. Se trataba de superar a la otra mitad del equipo de Emery, un grupo desigual y variopinto en el que alternan individuos a los que no te gustaría encontrar en un callejón oscuro, peloteros que te hacen un traje a la que te descuides, y jornaleros de balón que saltan al campo y reparten pases y codazos con rutina funcionarial, tipos cumplidores que se ganan el jornal sin aspavientos y manteniendo casi siempre un nivel de competitividad más que interesante.

El Athletic tenía que ganar a ese Sevilla con las luces apagadas sin su faro croata, pero los de Valverde no fueron capaces de completar su parte del trabajo. Lo dejaron a medias; se les olvidó el remate y se les fue la tarde en un ejercicio de impotencia. Lo del penalti fallado por Susaeta es otra historia. El Athletic en su conjunto ha fallado dieciseis de los últimos 32 penaltis que ha tirado; ha desperdiciado los tres últimos de forma consecutiva. Fallar una de cada dos penas máximas no está al alcance de cualquiera y menos si estamos hablando de jugadores de Primera División, clase élite. Le organizas un concurso de tiro al blanco a un grupo de monos con los ojos vendados y aciertan más. En Sevilla le tocó a Susaeta y la primera reacción del sufrido hincha después del fiasco era ¿no había otro?. Pues mire, pues no. Han ido pasando todos por riguroso turno y han hecho lo mismo que Susaeta. Claro que fallar en el último minuto antes del descanso un penalti que te ha señalado un linier de Undiano Mallenco en el Sánchez Pizjuán, tiene doble delito y desautoriza a estos chicos para criticar al estamento arbitral al menos hasta que no transformen los cinco siguientes que les piten.

Pero el penalti fallado por Susaeta hubiera sido solo una anécdota si él mismo o sus compañeros hubieran tenido la inspiración mínima exigible en los últimos metros. El partido fue la demostración empírica de lo absurdas que resultan unas estadísticas a las que algunos otorgan trascendencia de palabra revelada. La de la posesión, por ejemplo. El Athletic tuvo el balón hasta aburrirse y aburrir a todos, pero siempre lejos de la portería rival, en esa tierra de nadie donde casi nunca pasa nada y si pasa es una desgracia en forma de fallo o pérdida absurda. Hubo algunas también en el Sánchez Pizjuán pero el Sevilla y el Athletic constituyeron una especie de sociedad de socorros mutuos de forma que si uno fallaba un pase, el otro perdía el balón; si uno le daba con la uña, el otro con la oreja y así sucesivamente hasta convertir el partido en un espectáculo plúmbeo, solo aliviado por esa afición sevillana tan graciosa que vio un penalti en el área del Athletic la media docena de veces que consiguió acercarse su equipo hasta la portería de Iraizoz.

El accidentado comienzo del partido, con el gol del Sevilla transformando en el minuto cinco un corner ensayado y el empate de Susaeta en el siguiente minuto gracias a que Toquero persiguió con fe un balón mal cedido por Fazio, hacía presagiar una tarde movida, de esas que son tan peligrosas en el campo sevillano. Pero después de los fuegos artificiales llegó la oscuridad y prácticamente no pasó nada hasta la ya comentada jugada del penalti en el minuto 45.

Esta vez la sorpresa habitual de Valverde fue la presencia de De Marcos en el lateral derecho en lugar del intocable Iraola. Si la cosa sirvió para dar descanso al titular, pase, pero lo cierto es que el sustituto rindió muy por debajo de las prestaciones que habitualmente suele ofrecer unos metros más adelante. La presencia de Toquero en lugar de Aduriz fue solo una sorpresa a medias puesto que el cambio era repetición de lo ensayado en Vigo. Emery por su parte, prefirió tomar precauciones, cerrar las bandas y echar hormigón por delante de los centrales. A la vista de tantos kilos de músculo uno se preguntaba qué fue de aquel fútbol sevillano donde jugadores como Francisco te hacían un siete sentados en una sillita en el círculo central.

Pero tampoco hubo más ideas en el bando de Valverde. Una vez más el cortocircuito se produjo en la línea de volantes, allí donde se fabrican los pases que dan lugar a las ocasiones. El Sevilla sabía qué pasillos había que cegar así que se aplicó en impedir la salida de Iturraspe con lo que el primer pase, la creación de juego, se quedaba en las botas de un Rico que necesita mucho tiempo y mucho espacio para atinar con un pase mínimamente orientado. Tampoco Herrera colaboró desde su posición, perdido otra vez en fruslerías que no van a ninguna parte, y los intentos de Muniain fueron eso, intentos, con tanta buena voluntad como pésima ejecución final. Diluido Susaeta y con Toquero en su papel de zapador, apenas le quedaban al Athletic más luminarias que las de Laporte o las de Balenziaga, demasiado alejado de la zona caliente el central, tan voluntarioso como impreciso el lateral. Hubiera bastado la mínima inspiración de uno solo de los jugadores de Valverde para romper a un Sevilla muy temeroso, pero no apareció nadie sobre el verde. En el banquillo estaba Beñat, pero esa es otra historia. Era absurdo pretender superar un sistema tan armado como el que planteó Emery a la velocidad con la que quiso hacerlo el Athletic. Andando solo pueden jugar algunos brasileños, no todos, porque ellos hacen correr el balón sin moverse del sitio. Las premiosas conducciones de Rico o Muniain, las imprecisiones de De Marcos o Balenziaga, los pases al amigo invisible de Herrera o Iturraspe no hicieron mella en un rival que no se avergonzó por atrincherarse en su propio campo.

El mérito del Athletic estuvo en tener en todo momento el partido bajo control y en comportarse con la apariencia de un equipo competitivo, pero solo con la apariciencia. Los equipos competitivos meten los penaltis que les pitan y transforman su dominio en oportunidades que regularmente acaban en gol. El Athletic se dejó el trabajo a medias. Los de Valverde aportaron mucha transpiración pero ninguna inspiración. Sumar un empate en el Sánchez Pizjuán no está mal, dados los antecedentes, pero eso no evita la sensación de que el equipo se dejó dos puntos que tuvo en su mano.

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Un comentario

  1. Ufffff,Latxaga….Una critica del partido muy desacertada.