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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se enreda con sus gafes preferidos



Gurpegui, homejedo por el público de San Mamés y autor del gol del Athletc, sufrió de lo lindo con Sergio García.Foto AC

Gurpegui, homejedo por el público de San Mamés y autor del gol del Athletc, sufrió de lo lindo con Sergio García.Foto AC

Resulta sintomático que el público y la mayoría de los jugadores del Athletic miraran tantas veces a Undiano Mallenco buscando una razón para el mal partido que estaban desarrollando. Hubieran hecho mejor en mirarse en un espejo; hubieran encontrado mejores razones para explicar lo que estaba ocurriendo. El principal culpable de la derrota del Athletic no estuvo en la tarde de ayer en San Mamés. Culpable involuntario y muy a su pesar, claro. Los rojiblancos acusaron la ausencia de Iturraspe mucho más incluso de lo que se podía temer cuando el medio centro vio su quinta amarilla el lunes en Vigo. Hoy en día Iturraspe es el faro que alumbra a este equipo, el fiel que equilibra la balanza entre el orden defensivo y el despliegue atacante. No son solo sus balones medidos, que es lo más visible de su juego; es su colocación en el campo, su aportación invisible facilitando líneas de pase, abriendo pasillos para que circulen sus compañeros, ofreciendo soluciones sencillas cuando las cosas se complican en la salida. Todo eso le faltó ayer al Athletic porque San José, el elegido para ocupar tan delicada posición, no supo estar a la altura de la exigencia. Fue demasiada ausencia la de Iturraspe, agravada por las presencias enfrente de un Espanyol que últimamente les tiene tomada la medida a los rojiblancos, y de un Undiano Mallenco cuya sola mención provoca escalofríos y eriza la melena a los leones. La verdad es que el colegiado navarro no cometió errores de bulto como para decidir la suerte del partido, pero volvió a perpetrar una arbitraje sibilino, de esos que acaban sacando de sus casillas a quien lo padece. Su estadísitica con el Athletic, cuatro partidos ganados por los rojiblancos en 29 pitados por el navarro, no puede ser solo una desgraciada casualidad.

Pero quedamos en que Undiano no fue el culpable de la derrota. Valverde optó por no tocar el esquema y eligió a San José para ocupar el puesto de medio centro y a Ibai como extremo en el lugar de Muniain. El regreso de Iraola al lateral fue más una vuelta a la normalidad que una novedad. La cosa no funcionó. El equipo arrancó el partido sin tensión, en un San Mamés sumido en un silencio sepulcral, como si la modorra abarcara césped y gradas. Para cuando unos y otros quisieron despertarse, Sergio García ya les había robado la cartera dos veces a los centrales rojiblancos. A la segunda, también se la robó a Iraizoz que nada pudo hacer ante su tiro cruzado.

El delantero blanquiazul dio todo un recital de recursos técnicos, anticipación y picardía a Gurpegui, que nunca pudo con él y arrastró en su caída a un Laporte que quizá no estuvo en plenitud de condiciones físicas como lo demuestra el que se quedara en la caseta en el descanso. El Athletic se sintió inseguro, inusualmente frágil en la defensa, donde Balenziaga también sufría lo suyo con Stuani. La presión adelantada del Espanyol acabó si no sembrando el pánico, sí generando una constante inseguridad que se traducía en pases errados, pérdidas de posición y una incapacidad absoluta para tomar las riendas del partido.

Para cuando Aduriz, otra vez muy desasistido, cabeceó al poste anticipandose a la salida de Casilla, todo el mundo en San Mamés había comprendido que la tarde se presentaba muy peliaguda. Los pericos respondieron con otro remate a la madera, tras la enésima superioridad de su ataque sobre la frágil defensa rojiblanca, así que tampoco cabe hablar de mala suerte. Fue Mikel Rico el único que intentó que el equipo se reconociera; demasiado trabajo para un hombre solo. Herrera se perdía en sus arabescos asfixiado por la presión implacable del rival, Susaeta lleva unos partidos que no está, e Ibai Gómez volvió a ser un futbolista gaseoso que aparenta más de lo que realmente aporta; mucha espuma pero poca sustancia. En su favor hay que reconocerle voluntad y entrega incondicional, pero en el balance solo quedan la falta que valió el gol de Gurpegui y un par de ayudas defensivas. En cualquier caso su buen golpeo de balón le sitúa en ocasiones por encima de un Muniain que en los últimos tiempos no aporta mucho más al juego y encima le pega casi siempre con la uña.

La lesión de Laporte le facilitó a Valverde una recomposición de líneas que el equipo estaba pidiendo a gritos. Retrasó a San José al eje de la defensa y dio entrada a Morán en el medio centro. Pero el meritorio volvió a dejar claro que está todavía muy verde y muy tierno para un trabajo de tanta responsabildad. Por un momento pareció que la cosa hasta podía funcionar, favorecido el Athletic por el repliegue del Espanyol en la salida de la segunda parte. El gol de Gurpegui anunciaba una nueva remontada, pero un nuevo error defensivo de los rojiblancos devolvió al Espanyol la superioridad en el marcador y en el césped. De Marcos, que ocupó el sitio de Herrera, quiso agitar las aguas desde la media punta. Su entrada aportó dinamismo al ataque, pero no el suficiente como para romper la dinámica de un equipo tan bien ordenado como el de Aguirre, que estuvo más cerca de aumentar su ventaja que de ceder el empate.

Por segundo partido consecutivo el Athletic sucumbió a la presión adelantada del rival. Lo hizo ante el Celta y ayer volvió a sufrir ante un Espanyol que demostró que se traía la lección muy bien aprendida y que, además, se encontró con alguna facilidad añadida en forma de desajustes defensivos y una desconfianza que empujó a los de Valverde a abusar del pase atrás más como modo de protegerse que como rodeo para encontrar caminos hacia la portería contraria. El Athletic lleva dos partidos consecutivos enredado, atascado en su juego, acusando una cierta pérdida de frescura y de brillo en sus acciones. Los rojiblancos han encallado ante dos rivales que fundamentalmente se han empleado con una intensidad similar o incluso superior a la de los leones y les han discutido los partidos en su propio terreno.

Los que anunciaban una fase de partidos sencillos para acumular puntos ya estarán reseteando la calculadora a toda prisa y buscando dónde están los interrruptores de las luces de alarma. Estamos a cinco minutos de que alguien hable de bajón de juego y hasta de crisis. Ni tanto, ni tan calvo. El Athletic ha jugado dos partidos consecutivos malos o por debajo de su nivel habitual, eso es innegable, pero hay que analizar detenidamente las circunstancias que han acompañado los dos choques. Este equipo ha dado muestras más que sobradas de su carácter y de su calidad. Ocurre que a lo largo de una temporada siempre ocurren cosas de éstas; nada que no sepamos ni nada que no sea irremediable.

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