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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se pelea con la lógica y con sus propios errores



La aportación de Iraola al ataque fue enorme y de sus botas salió el centro que Llorente cabeceó a la red. Foto MITXI

La aportación de Iraola al ataque fue enorme y de sus botas salió el centro que Llorente cabeceó a la red. Foto MITXI

Más de una docena de llegadas hasta la cocina, un dominio territorial abrumador, un manejo de la pelota brillante a ratos, un rival protegiéndose y rezando para quedarse como estaba antes del partido, todo eso y bastante más para acabar arañando un miserable punto tras sufrir en inferioridad los últimos minutos. Ese es el balance en Riazor de un Athletic que desafió las leyes del fútbol, encontró en sí mismo a su peor enemigo y volvió a fallar lo que no está en los escritos. Lo de este equipo no es falta de pegada, es falta de sentido común, ausencia de juicio y de criterio, empeño en elegir siempre la peor opción cuando todo el mundo menos quien en ese momento tiene el balón, sabe cuál es la buena.

El Athletic se dejó dos puntos en Riazor, pero el empate es incluso suficiente para seguir manteniendo una considerable distancia de seguridad con una jornada menos para el final. La victoria hubiera cerrado prácticamente la temporada, pero en algún sitio está escrito que este equipo no está hecho para hacer lo que se espera que haga un equipo normal, un equipo que atiende mínimamente a la lógica futbolística, esa que dice que si tú llegas doce veces y el rival ninguna, tú tienes que ganar sí o sí o, cuando menos, tienes seguro el cero en tu portería.

Pues el Athletic se empeñó en decir que no. Y duele porque el fútbol desplegado por los rojiblancos mereció incluso mucho más que una simple victoria. Incluso con un promedio de acierto medio tirando a bajo, la superioridad de los de Bielsa debió traducirse en un triunfo holgado, en una goleada cómoda antes incluso del descanso. Lo que ocurrió no tiene una explicación lógica, incluso en un año como éste en el que el Athletic se ha empeñado en pelearse con la razón.

Se esperaba un partido caliente en Coruña, donde esperaban un Depor lanzado y una afición local eufórica. Era una prueba de fuego para el carácter ciclotímico de los rojiblancos y estos respondieron de la mejor de las maneras, con personalidad y con gran fútbol. Al Depor y a su afición el entusiasmo les duró los primeros cinco minutos, el tiempo que tardó el Athletic en asentarse en el terreno de  juego. Un centro de Muniain que Herrera no acertó a dejar de cabeza a Susaeta en el área pequeña de Aranzubia fue la señal. A partir de esa jugada creció el Athletic y el Depor empezó a achicarse hasta quedarse a vivir en su propia área.

Iraola, Susaeta y De Marcos construyeron en la banda derecha un triángulo infernal que destrozó la defensa rival sin que nadie del Depor acertara a poner remedio. Por momentos pareció que los tres estaban ensayando en Lezama frente a una defensa formada por conos, o por esos muñecos hinchables que les acompañan en las prácticas. Una y otra vez la misma jugada: penetración de Iraola, pared con De Marcos, amago y pase en profundidad para Susaeta o para el lateral. Sólo cambiaba el orden en el que intervenían los protagonistas. Jugadas de tiralíneas, de aquellas que tanto abundaban el año pasado, que acababan en una posición de centro fácil, de pase atrás de libro… que siempre fallaba el encargado de ejecutarlo.

Esa falta de acierto en el último pase de la que tanto se ha quejado Bielsa a lo largo de la temporada, alcanzó en Riazor su máxima expresión. Resulta increíble que el mismo futbolista que un instante antes se ha desmarcado con tanta inteligencia, que el mismo que ha colocado el balón a la espalda del rival con tanta precisión y sutileza, falle tan lamentablemente cuando solo le queda lo más fácil, elegir al compañero mejor colocado y darle el balón para que lo enchufe. Más de una docena de veces repitieron suerte los rojiblancos con idéntico resultado. El último pase se quedaba unas veces corto, otras, largo, se estrellaba en el cuerpo de algún rival, o iba exactamente al único sitio al que el compañero desmarcado no podía llegar.

Todos los demonios interiores del Athletic salieron a pasear cuando en el minuto 37 Bruno Garma cazó el zapatazo que batió a Iraizoz después de robarle el balón a Susaeta. Ocho llegadas claras del Athletic hasta las mismas narices de Aranzubia no habían servido de nada. Un balón suelto que en principio no tenía peligro alguno, acabó en la red de Iraizoz. Ver para creer. Seis minutos después, Llorente cabeceó picado lejos del alcance el portero del Depor el único centro que le llegó con una mínima ventaja, un balón que puso Iraola directamente en el área sin pasar por el trámite de las paredes, los pases y los repases. El gol no hacía justicia a lo que había pasado, pero al menos evitaba que el Athletic se retirara al vestuario con la cara pintada.

Marcó Llorente, que hizo temblar a los dos centrales del Depor durante todo el partido, porque Bielsa, sorprendiendo a propios y extraños, había decidido situarle en el equipo titular. No lo hizo mal el delantero de la Juventus, porque su sola presencia condicionó el sistema defensivo de los gallegos, que ya estaba lastrado de salida por la ausencia de Marchena. Le faltó lo que le ha faltado casi siempre a lo largo de su carrera, instinto de matador para llevar a la red balones que no puede desperdiciar un delantero que se precie de serlo.

Al Athletic le faltó precisión, pero también equilibrio en su juego, totalmente escorado a la derecha por la aportación de Iraola desde atrás y el buen partido de De Marcos y Susaeta. Hubiera agradecido el equipo un Herrera más inspirado y, sobre todo, más rápido en la ejecución, para percutir por el centro, o para distribuir más balones a un Muniain intermitente. Una mayor variedad en el juego hubiera facilitado otras opciones distintas a la penetración y centro desde la derecha y hubiera acabado por destrozar a un Depor que ni siquiera fue capaz de acertar a taponar el boquete que tenía en su costado izquierdo, ni siquiera cuando Assunçao salió a echar una mano en el lugar del desaparecido Valerón, un cambio que desvelaba los miedos de Vázquez.

Hay que agradecer a los rojiblancos su persistencia y la fe con la que sostuvieron sus posibilidades mientras les dejó un árbitro que no tuvo el mismo criterio a la hora de mostrar las tarjetas y que acabó expulsando a Iturraspe por una acción que no fue ni falte, cuando solo quedaban diez minutos y todo el campo esperaba el arreón final de un Athletic que buscaba una victoria a la que se había hecho acreedor.

No colaboró Pérez Montero, pero tampoco el equipo encontró ayuda en el banquillo. Bielsa no acertó con la gestión del partido en esos últimos y decisivos minutos. Con Susaeta, Herrera e Iturraspe amonestados, el técnico optó por un doble cambio, Aduriz e Ibai por Llorente y Muniain a falta de veinte minutos. Llorente acababa de estrellar un balón en el poste, en la ocasión más clara del partido,  y no estaba dando especiales muestras de cansancio. Al contrario, seguía preocupando, y ocupando, mucho a los centrales locales en particular y a todo el Depor en general, que parecía más contento con el empate a medida que pasaban los minutos. Bielsa gastó dos cartuchos en ese doble cambio y se quedó sin margen de maniobra cuando el árbitro expulsó a Iturraspe. La entrada de San José por Aduriz casi en el tiempo de prolongación no tiene más recorrido que el de la mera anécdota, pero retrata una gestión previa que se desveló demasiado arriesgada. El que toma las decisiones es el que se equivoca y en descargo del técnico de Rosario cabe señalar que su apuesta inicial por Llorente dio sus frutos y que algo tendría que ver su trabajo previo y el dibujo del equipo, en el gran partido que firmó el Athletic entre el minuto 5 y el 80. La angustia de los últimos instantes, con un hombre menos, tuvo más que ver con el miedo a que se consumara la catástrofe de la derrota, que con las opciones reales que pudo tener el Depor, ninguna porque tanto Gurpegi y Ekiza, perfectos todo el partido, como Aurtenetxe e Iraola, redoblaron su firmeza cuando más falta le hizo al equipo.

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4 Comentarios

  1. un buen partido que no sirve para nada. un partido contra un rival muy flojo pero que al final, en el marcador, no se ve la diferencia. un partido semejante al jugado contra el Sevilla, pero que como el Sevilla tiene más equipo, nos ganó. lo de ayer es más de lo mismo, no puede ser que con llorente y aduriz tengamos tan mala definición. no fallan los delanteros si no la forma de ponerles los balones.
    los cambios de bielsa fueron inexplicables porque sabemos todos, hasta él, que iturraspe y sobre todo herrera con una tarjeta son carne de horca, pero nada.
    en fin. a ver si suena la flauta contra el barça.

  2. Buen partido y por supuesto que sirve para algo. Finalizamos más jugadas que contra el Sevilla… 17 disparos, 3 a portería!!!
    Lo bueno es que si finalizas no haces posible el contraataque del rival. En Sevilla llegamos y no finalizamos. Recibimos más de media docena de contraataques con peligro. En Coruña llegamos y finalizamos. Eso sí, tirándola fuera en la inmensa mayoría de los remates.
    Aun habiendo perdido y empatado, para mí es muy evidente que somos mejores que el Sevilla y el Depor, por ejemplo.
    Que el Depor no es el Milan de Sacchi ya lo sabíamos todos, pero llevaba 4 seguidos ganados, algo que no hemos hecho nosotros en no sé cuantos años.
    Además de la CALIDAD, el remate y el último pase, están directamente ligados a la puñetera confianza. El gol, los resultados y las rachas, también. A estas alturas si De Marcos y Susaeta tuvieran algo más de temple en sus últimos pases o remates serían fueras de serie, cracks. Sigo creyendo que están a tiempo de poder serlo. Si Muniain sigue mejorando el golpeo, también…Si Iraola centrará regularmente con balón en movimiento de manera tan precisa como en el gol de Llorente, claro es a 15 m. y no a 35 m… Si Herrera no abusará del pase al primer toque a 30 m. de SU portería o inicio de transición defensa-ataque… que aún y todo, últimos pases malogrados, si Llorente metiese un cuarto de las ocasiones que dispone, entonces sí sería un fuera de serie…etc., etc.
    Y sí, y sí… lo de siempre.
    Sirve para afianzar al equipo en su progreso. Sirve para ver que jugando así es más fácil ganar. Sirve para intentar y creer que terminar la temporada ganando 10 de 16 es muy positivo para el próximo año. Sirve para preparar el partido contra el Barca que aunque vaya a jugar con suplentes habrá que echarlo todo y jugar muy bien para ganarles. Sirve para la confianza de los jugadores y su crecimiento. Sirve para demostrar que bajo presión están dando el callo… no era una chorrada que el Depor se pusiera a 3 puntos y con gol average a favor… etc., etc.
    Lo de la expulsión de Itu, simplemente espero que le retiren la 2ª amarilla. Pero si hiciera más faltas con el cuerpo y menos tackling, que lo hace muy bien por cierto, le sacarían menos amarillas. No siempre se puede utilizar el cuerpo, pero de vez en cuando sí, apreciado Itu. El tackling propicia más piscinazos como el del nadador Pizzi.
    AUPA ATHLETIC!!!

  3. Leído el artículo, manifestar mi acuerdo y esperar a que esta temporada termine. Que termine, y a quienes toque que metan sierra, mocho y podadora donde haga falta. Me parece que son muchos lugares, y en todos los niveles de la Institución.
    Y ahora sigo con otra cosa que se me ocurrió ayer en el soportal de un bar, cuando acompañado de varios parroquianos que también asían puro sufría los minutos finales del partido.
    En boxeo existen 17 categorías, establecidas en función del peso de los púgiles (en Europa sólo se reconocen 14). La categoría de menor tonelaje es la denominada “Paja”, y establece como límite máximo 47,627 Kg, (105 libras) (La “libra” utilizada equivale a 0,45372 kg.)
    Si siguiéramos un orden ascendente de peso, tendríamos: minimosca-mosca-supermosca-gallo-supergallo-pluma-superpluma-ligero-superligero-welter-superwelter-medio-supermedio-semipesado-crucero-pesado. (Por acotar el otro extremo, indicar que la categoría “Pesado” corresponde a púgiles que superan los 86,183 kg (190 libras))
    Hasta los “Superpluma” la diferencia de pesos entre categorías es de 3-4 libras (1,2-3 Kg) A partir de “Superpluma” los incrementos son (en libras): 5, 5, 7, 7, 6, 8, 7, 15. (2-3 kg, excepto en el salto de 6 kg entre categorías máximas)
    Al personal de puro y gintónic (a veces yo mismo pertenezco al colectivo) le resulta difícil entender que dos tíos que difieren en no más de 3 Kg tengan prohibido pelear entre sí, porque estiman que “3 Kg no es nada” habida cuenta de que están acostumbrados a desarrollar su vida acarreando barrigas, y otros sobrepesos, de escándalo. Pero los del sector, ¡naturalmente!, saben que no es así, y que superar esa diferencia entre profesionales puede dar lugar a situaciones dramáticas e irreversibles. (No es infrecuente que un campeón del peso inferior pase a la categoría superior… y que aquí reciba leña de parte de boxeadores “simplemente buenos” en dosis e intensidad que no conocía)

    Esta “igualdad en lo fundamental”, este “equilibrio”, no sólo se persigue en el mundillo de las doce cuerdas; también se busca en otros deportes y/o actividades que suponen espectáculo, ya que de no existir, el espectáculo daría paso al abuso o a la mera carnicería. Pero hay otros mundillos en los que no, y de entre ellos destaca de manera muy especial el fútbol, donde equipos de la entidad del Barca, R Madrid, Bayern… pueden perfectamente enfrentarse a otros del pelo de Mirandés, Ponferradina… o Athletic; y no sólo pueden, sino que lo hacen semana tras semana, para regocijo de agitadores, frustrados y descastados.
    (Si midiéramos al futbol con la vara del boxeo, diríamos que Un Barca/Zaragoza –por ejemplo- sería equivalente a un Tyson/Willy Chacón -minimosca panameño-; y aseguraríamos que la mayoría de partidos que en la Liga española juegan R Madrid y Barcelona contra casi cualesquiera otros equipos, estarían prohibidos. )

    Espero que el lector no se haya fatigado en exceso con el rollo anterior, y le animo a que aguante un poco más, porque a partir de ahora expongo la idea que me vino en la tarde de ayer, envuelto en vaharadas de Farias, Palmeritos -¡y algún que otro Cohiba!- y sufriendo con los Leones.
    Aceptemos que el Madrid siga con su política, que el Barsa también, y que el Athletic (¡por siempre!) también, y el resto también. Sí, sí; ya sabemos lo que va a pasar en la Liga: final conocido y aburrimiento generalizado.
    Pero hay un truco que puede emplearse para que esto no ocurriera. Un truco que remeda los sobrepesos en carreras de caballos, los zagueros ineptos en partidos de mano por parejas, y los depósitos más o menos llenos en pruebas de motor. Un truco que se basa en el viejo concepto estadístico de “Esperanza Matemática”.
    (Recordatorio para quienes lo hayan olvidado: si yo juego contra otro a cara y cruz, y la apuesta es de 1 euro y el premio es de 1 euro, estoy haciendo el primo, porque tengo el 50% de posibilidades de acertar y el 100% de perder. Para que el juego fuese justo, con la apuesta a 1 euro y la probabilidad de acertar cara o cruz del 0,5, el premio debería ser de 2 euros. Con carácter general, un juego es un “Juego Justo” cuando el resultado de multiplicar “Probabilidad de Acertar” por el “Premio Obtenido” es igual a 1. Esto que he esbozado se denomina Esperanza Matemática.)
    La manera de aplicar la Esperanza Matemática a la Liga podría ser esta:
    Supongamos una liga ficticia con 5 equipos que tuviesen los siguientes presupuestos (lo hago con 5 solamente para no alargar el coñazo que estoy soltando): R Madrid 300 millones euros presupuesto; Barcelona 250 millones; Athletic 60; Racing 25; Logroñés 15.
    Si el RMadrid se enfrenta con el Athletic, se están enfrentando 300 millones de presupuesto contra 60 -es decir, 5 a 1- En esta tesitura, si el RM ganase, sumaría 1 punto, y si lo hiciese el Athletic se llevaría 5 (en caso de empate se llevarían 3 cada uno; el promedio de 5 y 1)
    Si el partido fuese Barcelona contra Rácing, se enfrentarían 250 millones de presupuesto contra 25; es decir, 10 a 1. Repitiendo el protocolo del caso anterior, si ganara el Barsa se llevaría 1 punto, y si lo hiciera el Racing, 10. En caso de empate 5,5 para cada uno.
    Y así con todos los enfrentamientos previstos.
    Y aunque es posible que la idea pueda ser pulida o mejorada, no tengo la menor duda de que es otro gran paso para la humanidad.
    De nada.

    • J. Palmer

      Desde un punto de vista lógico, lo que planteas no podría tener repartición de puntos por empates, ya que el equipo con menos presupuesto también debería ganar más puntos por equivalencia.

      En el fútbol moderno ya se llegó al punto en donde existen gigantes que son muy grandes para caer. Alrededor de ellos giran intereses que superan al deporte, y los obliga a invertir y seguir creciendo por motivos que no vienen al caso en este foro.

      Hay sistemas más sencillos y realistas, como el tope salarial o el impuesto al lujo, implementado por los norteamericanos en sus deportes profesionales. Finalmente los equipos crecen en función de su mercado.

      Hay que resaltar que todas estas desigualdades son las que hacen tan especial al Athletic.

      El fútbol al margen de los números, estadísticas, o presupuestos, es una emoción, y nada compensa tanto las desigualdades, como ver ganar un equipo chico pero rebelde a otro desproporcionadamente grande.

      Saludos.