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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic se repite más que el ajo



Kepa fue el protagonista de la jugada desgraciada del partido y acabó encajando tres goles. Foto AC

Una más. O una menos. Ya solo falta el partido contra el Espanyol para cerrar esta penosa temporada. En Mendizorroza no ocurrió nada que no pasara otras tantas veces a lo largo del curso. No hubo sorpresas. El Athletic volvió a dejar una imagen entre triste y lamentable, de equipo aburrido de sí mismo de tanto aburrir al personal. Hablar de tácticas, de dibujos, de alineaciones, de convocados o de titulares, resulta ocioso a estas alturas. Da lo mismo. En realidad hace tiempo que todo da lo mismo en el Athletic de este año. El equipo se repite como el ajo y ha acabado hartando a todo el mundo. Sería curioso saber cuántos de sus seguidores estuvieron más atentos al rugby que al fútbol.

Una vez más el rival de turno no tuvo necesidad de hacer nada para llevarse el partido tranquilamente. En esta ocasión le tocó a Kepa hacer el regalo. No es cuestión de culpar al portero por una jugada desgraciada, pero al Athletic de este año solo le faltaba apuntarse al gol tonto de la jornada, ese que antes seleccionaban en los programas de televisión de resumen de fin de año y ahora se hace viral en internet, que para eso estamos en los tiempos modernos.

No es cuestión de culpar a Kepa y menos cuando Kepa ha salvado a este equipo de males bastantes mayores en muchos partidos, pero la jugada del gol retrata el espíritu de este Athletic y resume perfectamente esta desgraciada temporada. Me da la impresión de que en el balonazo que rebotó en la pierna de Guidetti hubo una mezcla de indolencia y de falta de concentración, de tensión competitiva más bien. Utilizando el idioma que usan los propios futbolistas, se diría que Kepa no estuvo “puesto” en esa jugada, que se la quiso quitar de encima con espíritu rutinario, como si estuviera entrenando en Lezama en lugar de compitiendo. Es innegable que tuvo muy mala suerte, claro, pero la mala suerte suele acudir puntual a su cita con los despistados.

Claro que en descargo del portero hay que recordar que ese balón que estrelló contra la rodilla del delantero del Alavés, sería el tercero o cuarto como mucho, que tocaba en todo el primer tiempo y quizá le pilló un tanto frío y fuera del partido. Y es que hasta ese gol que cambió por completo el panorama, el Athletic había sido muy superior al Alavés. En honor a la verdad y por matizar más, digamos que fue muy superior los primeros veinte minutos y superior el resto.

El sistema de tres centrales que repitió Ziganda a la vista del éxito obtenido en la última experiencia, funcionó esta vez solo un rato, el inicial: cuando De Marcos percutió una y otra vez por su banda. A medida que el Alavés fue fijando sus marcajes y cerrando los espacios la superioridad rojiblanca fue perdiendo consistencia hasta que el partido quedó empantanado en un toma y daca casi siempre en campo del Alavés.

Como tantas otras veces al Athletic le volvió a faltar colmillo en el área. De Marcos abrió fuego a los ocho minutos con un disparo raso y seco que Pacheco detuvo sin problemas, Rico remató desviado en buena posición un pase atrás del de Laguardia, Williams envió al larguero tras un buen servicio de Muniain y Aduriz hizo lucirse al portero del Alavés con un disparo lejano y complicado para el guardameta. A los remates hay que añadirles varias situaciones muy mal resueltas en el área por las clásicas decisiones equivocadas en el momento crucial. Queda en la memoria un pase enorme de Muniain a Williams que le daba toda la ventaja al delantero, pero Iñaki no se atrevió a chutar y prefirió un pase imposible a Aduriz. Tampoco es nada nuevo, qué le vamos a hacer.

El Athletic volvió a ser incapaz de llevar al marcador su superioridad en el césped y cuando creía que el colmo de sus desgracias sería la lesión de Rico en el minuto 40, llegó el gol tonto de la semana. Lo del circo y los enanos, vamos.

Lo del segundo tiempo fue más difícil de digerir. El Alavés regresó con el subidón de verse en ventaja cuando lo normal hubiera sido estar perdiendo, y el Athletic volvió del vestuario con ese cuerpo como de recién levantado de la siesta con el que suele aparecer en las segundas partes con bastante frecuencia. Cuando Munir marcó el segundo gol ejecutando una falta que llegó por una mala defensa del Athletic, el partido se pudo dar por concluido. Solo quedaba por comprobar hasta donde podía llegar la generosidad de los rojiblancos, y comprobamos que a este equipo pocos le ganan a espléndido. Tanto que permitió que Ibai marcara su golito aprovechando el rebote de un balonazo que difícilmente se puede definir como centro, al menos en una acepción ortodoxa. Para entonces Mendizorroza ya era una fiesta y su famosa grada de animación se dedicó a mostrar un amplio catálogo de pancartas de agradecimiento a sus chicos porque, al fin y al cabo, celebraban la permanencia de un equipo por el que hace unos meses nadie daba medio euro.

Es imposible hablar de buenas noticias en este Athletic, pero el gol de Muniain, tercero ya desde que reapareció de su grave lesión, fue un premio a su trabajo y sus ganas durante todo el partido. El navarro volvió ofrecerse, a atreverse en acciones individuales y a intentar cosas distintas para romper la rutina del pase previsible o el balonazo a ver qué pasa. Iker tendrá que ser uno de los pilares en los que se apoye el equipo el año que viene. Ahora que vuelve a dejarse ver se valora en su justa medida lo que ha supuesto su ausencia este año.

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