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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic sigue buscando al sucesor de Iribar



Raúl es, de momento, el último aspirante a suceder a Iribar. Foto Mitxi

Cincuenta años después del debut de Iribar en La Rosaleda, el Athletic sigue buscando a un sucesor. Los más veteranos de San Mamés añoran la figura estilizada y discreta del guardameta que ocupó la portería a lo largo de dieciocho temporadas. José Angel Iribar encarna muchas de las virtudes que caracterizan al Athletic hasta el punto de que puede considerarse al zarauztarra como la imagen viva del club, sobrio, discreto, elegante, portador de unos valores innegociables. Treinta dos años después de su retirada se sigue añorando su imagen, siempre en tonos oscuros, jersey negro, azul marino, si acaso verde botella en alguna tarde desmesurada de color.

Desde que Iribar colgó los guantes al finalizar la temporada 79-80, el Athletic ha tenido un problema en la portería que nunca ha conseguido resolver del todo. Estuvo a punto de hacerlo con Zubizarreta, pero su trapaso al Barcelona, que el tiempo ha desvelado como un error histórico, volvió a abrir un paréntesis que se consideraba cerrado.

Como en algunas otras cuestiones, también en ésta de los porteros el Athletic ha pasado de la realidad a la añoranza. Así como hace años dejó de ser el rey de copas, el equipo rojiblanco ya no puede presumir de tener su portería a cubierto. Se decía antiguamente, y con razón, que el Athletic se caracterizaba por tener siempre buenos porteros. Los datos avalaban la sentencia. Por no remitirnos a la noche de los tiempos y partiendo desde la barrera temporal de la guerra civil, el Athletic cubrió treinta y ocho años, los que van de 1942 a 1980, con solo tres porteros. Raimundo Pérez Lezama, Carmelo Cedrún y José Angel Iribar. El primero jugó 16 temporadas, el segundo, 14 y el Txopo, 18. En total, entre los tres sumaron 1.275 partidos defendiendo la portería del Athletic, de los que prácticamente la mitad, 614 correspondieron a Iribar. No era exagerado decir que el Athletic tenía siempre buenos porteros. Treinta y ocho años en fútbol son más que siempre.

Desde la retirada del Txopo en 1980 hasta nuestros días, han pasado 32 años en los que el Athletic ha recurrido a 15 porteros que se han repartido 1.535 partidos. La diferencia es tan abrumadora que excusa mayor explicación.

Juan Antonio Zaldua y Pello Agirreoa se disputaron la sucesión del Txopo después de compartir banquillo a su sombra como antes lo habían hecho el recientemente fallecido Juan Antonio Deusto, que tras abandonar el Athletic y recalar en el Málaga y el Hércules, llegó a ser internacional…suplente otra vez de Iribar, o Víctor Marro. Fue el de Ondarroa el que se hizo con la titularidad, aunque el concepto es relativo puesto que a lo largo de tres temporadas jugó tan solo 48 partidos. El 7-1 que encajó el Athletic en el Bernabéu marcó a fuego a Agirreoa, ni más ni menos culpable de aquel desastre que el resto de sus compañeros, pero señalado por el dedo acusador por su condición de guardameta.

También Andoni Cedrún, el hijo del legendario Carmelo, se sumó a la pelea por la sucesión pero en las cuatro temporadas en las que permaneció en el equipo solo llegó a jugar 30 partidos. Tras jugar un año en el Cádiz hizo carrera en el Zaragoza, demostrando durante doce temporadas que sí tenía calidad para jugar en la categoría. Estuvo un total de diecisiete temporadas bajo los palos

Carlos Meléndez fue el cuarto de los aspirantes que aquellos años que transcurrieron entre el final de Iribar y la llegada de Zubizarreta sufrieron el juicio sumarísimo al que les sometía una afición que no podía dejar de comparar ni se acostumbraba a ver la imagen de la portería sin Iribar.

Tampoco Zubizarreta lo tuvo fácil al principio. Solo la autoridad de Iribar, entonces ya entrenador de porteros, que avaló sin ninguna duda al de Aretxabaleta, le concedió una tregua en la grada. Después de muchas dudas tras sus primeros partidos, se ganó a la afición con una extraordinaria actuación ante la selección inglesa en el partido de homenaje a otra leyenda como Txetxu Rojo. San Mamés respiró por fin tranquilo porque después de dos años de zozobra el Athletic volvía a tener portero, que además se parecía mucho en las formas y en los modos al gran Iribar. Pero solo duró cinco temporadas, en las que jugó 239 partidos. Los entonces responsables del club decidieron aceptar una sustanciosa oferta económica del Barcelona, que se redondeaba con la ficha de Vicente Biurrun, un portero del que se consideraba que ofrecía suficientes garantías. Andoni Zubizarreta se retiró doce años más tarde en el Valencia. De haber continuado en el Athletic hubiera jugado diecisiete temporadas como rojiblanco, solo una menos que su mentor. El paso del tiempo pone de manifiesto la magnitud del error de aquella decisión.

Desde la salida de Zubizarreta, el Athletic ha vivido en una permanente zozobra en la portería, sin que ninguno de los que han pasado por ella haya conseguido ganarse la confianza de la afición. La familia rojiblanca se ha pasado todo este tiempo mirando a Lezama en un proceso que solo ha generado frustración. Quizá como una forma inconsciente de autodefensa, técnicos y seguidores han tratado siempre al portero titular como un interino a la espera del guardameta realmente bueno, que siempre estaba en el Bilbao Athletic o, mejor, en el juvenil o en algún cadete. Como si la esperanza en el futuro ejerciera de consuelo en el presente, se admite que hay que soportar los fallos del que está jugando porque, en realidad, solo está haciendo tiempo hasta que madure el verdaderamente bueno, ese portero que ahora tiene quince años pero que está llamado a ser el sucesor de Iribar. Así, mientras Biurrun cumplió con su trabajo a lo largo de 173 partidos durante cuatro temporadas con la solvencia profesional de un fichaje, Patxi Iru era el señalado como el bueno. Iru duró seis temporadas en la plantilla, en las que jugó 77 partidos. El de Areatza fue el portero titular durante temporada y media, pero en el imaginario popular era Kike el llamado a ocupar el puesto por su mayor presencia física y poderío. Duró 22 partidos de una temporada, mientras las miradas se dirigían a Juanjo Valencia, que cayó en desgracia cinco temporadas después por su poca talla física y su deficiente golpeo del balón; le sustituyó Imanol Etxeberria, que la ponía en al área contraria, a mitad de temporada, para perder él mismo el puesto dos temporadas y media después. Ni Aizkorreta, ni Lafuente, ni Aranzubia, que permaneció ocho temporadas en la plantilla, terminaron de convencer. El bueno siempre estaba escondido en Lezama, pero defraudaba las expectativas cuando salía a la luz.

A Iraizoz le está tocando ahora personalizar la frustración. Hubo hasta quien aprovechó una ausencia por lesión para reivindicar a Armando y abundan ahora mismo los que claman para que Raúl tenga continuidad en el equipo, aunque solo sea por hacer tiempo mientras esperamos que madure Kepa Arrizabalaga, que es el verdaderamente bueno, aunque todavía está en el Basconia.

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Un comentario

  1. Creo que ya lo comenté hace un tiempo. Seguiremos buscando, pasarán quince…veinte…o treinta más y seguirá ocurriendo lo mismo.

    Sigo creyendo que el Txopo, hoy día, sería blanco de las iras y despellejado de igual manera.