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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic sigue con la luz apagada



Iraizoz volvió a tener algunas intervenciones de mérito, pero no pudo impedir el gol de la derrota. Foto MITXI

Gorka Iraizoz volvió a tener algunas intervenciones de mérito en Getafe, pero no pudo impedir el gol de la derrota. Foto MITXI

Por resumirlo de alguna forma y salvando las distancias, Pedro León le hizo a Laporte lo que Feghouli a Aurtenetxe: un roto en el flanco izquierdo del Athletic que resquebrajó al equipo casi antes de que se situara en el campo. No funcionó en Getafe el experimento en el lateral izquierdo, aunque tampoco fue ese el único motivo de la derrota. El Athletic cayó en el campo donde casi siempre cae porque fallaron otras muchas cosas además del lateral izquierdo. En realidad falló casi todo; lo que habitualmente falla y lo que más o menos estaba funcionando. Como de costumbre en los últimos partidos lejos de San Mamés, la puesta en escena del equipo fue entre penosa y lamentable. Para los seis minutos los de Bielsa ya habían visto un balón estrellado en su larguero y habían recibido un gol, ambas situaciones como consecuencia de sendos saques de esquina. Dos minutos después del gol, Iraizoz evitó un desastre mayor deteniendo un cabezazo de Rafa otra vez tras un saque de esquina.

En Getafe volvieron a plantearse todas las preguntas que planean sobre el Athletic a lo largo de toda la temporada. ¿Cómo es posible semejante falta de tensión en el arranque de los partidos?, ¿a qué se deben tantas faltas de concentración, tantos errores no forzados, tantas pérdidas absurdas en los terrenos más peligrosos?, ¿cómo se puede defender tan mal el balón parado?. Se repiten las preguntas sin que nadie acierte a dar una respuesta. Pasan los partidos, los meses y las estaciones y todo sigue desesperantemente igual. Pero ahora se empieza a cumplir el aserto que dice que todo lo que no mejora es susceptible de empeorar. Las victorias ante Osasuna y Valencia permitieron una mejoría en la tabla, pero nada más. A nadie en sus cabales se le podía ocurrir hablar de más mejorías; como mucho, los seis puntos sumados de forma consecutiva permitían albergar la esperanza de que el equipo pudiera comportarse de otra forma libre de agobios clasificatorios. Nada de nada. Como admitió Bielsa en su día los seis puntos llegaron sin merecerlo, gracias a un par de golpes de fortuna. En Getafe la suerte volvió a ser neutral y ganó el equipo que más lo mereció.

Hemos pasado de perder habiendo hecho méritos para ganar, a perder mereciéndolo sin paliativos. Y eso es muy preocupante. En el Coliseo Alfonso Pérez, el Athletic fue un equipo anodino, inerte, que practicó un fútbol insustancial, bastante parecido al que vimos en el Sadar, por ejemplo, desarbolado durante bastantes minutos como lo sufrimos ante el Valencia. Por ese camino lo más normal es llegar a la derrota.

El Athletic no dio señales de vida hasta que Aduriz remató contra el cuerpo de Moyá un balón que el propio portero había despejado a duras penas tras un centro de Iraola. Fue la primera ocasión en la que los de Bielsa ligaron algo parecido a una jugada. No hubo más actividad hasta que trece minutos después Iturraspe colocó un buen pase a la espalda de la defensa y Aduriz, otra vez, remató pero el balón salió rozando la base del poste. Lo que no ha funcionado todo el año, el sistema defensivo, sigue sin funcionar; lo que había venido funcionando hasta ahora, el olfato goleador del delantero centro, ha dejado de carburar desde hace ocho partidos. Y eso complica mucho las cosas.

Fue peor después del descanso aunque parecía complicado superar lo del primer tiempo. Pero este Athletic es ahora mismo un equipo plano. El Getafe es la antítesis del Athletic. Al equipo madrileño le falta todo aquello de lo que puede presumir el club rojiblanco. No tiene historia, no tiene abolengo, apenas tiene identidad. Es la antítesis del Athletic, pero también lo es en el rectángulo de juego. Ahí, el Getafe tiene todas las virtudes que le faltan este año al Athletic. Los azules saben a lo que juegan, saben lo que quieren y cómo conseguirlo. Siempre están organizados en el campo y manejan los tiempos a su conveniencia. Con el marcador a favor desde el principio, dejaron hacer al Athletic lejos de la portería de Moyá. Ataron en corto a Herrera y a Iturraspe, algo que, la verdad sea dicha, tampoco les requirió un gran esfuerzo, y les bastó la calidad de Pedro León y al dinamismo de Barrada para tener siempre al rival más pendiente de evitar daños mayores que de intentar arreglar el roto que ya tenía encima.

Bielsa buscó una solución retirando a un Iturraspe que volvió a mostrar el perfil blandengue de futbolista inconsistente que tantas dudas ha sembrado siempre sobre sus posibilidades. Adelantó a San José al centro del campo buscando más solidez, lo que le permitió centrar a Laporte a costa de colocar a De Marcos en el lateral izquierdo. Pero la cadena de movimientos no provocó la reacción esperada. A día de hoy Muniain no está para casi nada y bien que lo acusa el equipo. Mucho menos aportó la entrada de Llorente por Aduriz, aunque eso no constituya ninguna novedad a estas alturas. La opción de Toquero por Susaeta se puede entender como el último recurso de quién ya no sabe qué hacer.

La presencia de Iraizoz en el área contraria aprovechando un saque de falta en el tiempo de descuento, fue un brindis al sol, un gesto demagogo que no oculta la incapacidad del Athletic para cercar al rival en un último arranque de rabia, de vergüenza o de desesperación. El equipo fue un marmolillo que vio pasar los minutos sin mostrar ninguna capacidad de reacción ni propósito de enmienda. El Athletic sigue con la luz apagada y moviéndose a tientas. Ha dado un par de palos de ciego que le han permitido respirar, pero más vale que encuentre cuanto antes el fútbol perdido.

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2 Comentarios

  1. Hoy venía en algún periódico que la directiva, después de lo de Getafe, da por perdida la temporada y ya piensa en la siguiente. No sé si eso será así o no, pero parece razonable pensar que este partido, después de dos victorias inmerecidas que podían sugerir un cambio de racha, ha sido la última oportunidad que se le ha dado al equipo para darle la vuelta a este desastre, y que a partir de ahora ya asumimos todos que las cosas no van a cambiar y que esto seguirá así de lamentable hasta el final.

    Por eso me parece un buen momento para tratar de explicar qué ha pasado este año y me gustaría, si me lo permites, dar un punto de vista basado en dos razones alejadas completamente de lo deportivo, una externa y otra interna.

    La externa es evidente: el sistema ha acabado con el Athletic. El sistema puede tolerar una anomalía durante un tiempo, e incluso puede que hasta le haga gracia la propuesta atractiva y entusiasta que hizo el Athletic el año pasado, pero eso tiene un tiempo de caducidad. En cuanto el sistema detecta que esa anomalía puede constituirse como una alternativa real a los poderes establecidos que son el Madrid y el Barcelona, en una alternativa sistémica, en cuanto el Athletic presenta su candidatura a ser un gran equipo, un equipo joven e idealista, sin limitaciones mentales, el sistema envía a sus huestes a acabar con esa anomalía cuanto antes: portadas del Marca a nuestros jugadores, reportajes en Deportes Cuatro y en Canal+ al equipo de moda, selecciones nacionales, el rey león, Muniain en el once promesa, premios del deporte, cantos de sirena… El proceso de envenenamiento completo. Una vez hecho eso, las cosas se pudren solas. Los jugadores se empiezan a mirar en el espejito y le preguntan quién es el más guapo del reino, y los representantes pasan a ser los hermanos, y los compañeros de selección les enseñan sus novias despampanantes y les dicen que la vida es corta y nosotros somos profesionales. Es un proceso que se ha repetido infinidad de veces. Le pasó al Depor, le pasó al Valencia, le está pasando al Atlético de Madrid (después de tanto desmentir su interés en irse a un equipo mejor, su goleador estrella lleva seco semanas, y a ver qué jugadores le quedan el año que viene, a ver si el año que viene Simeone sigue siendo un estandarte o si se ha transformado en un tarugo que no se entera de nada), y le pasará muy pronto a esta pujante Real Sociedad, inmediatamente después de que siga destacando y se convierta en el equipo de moda, entonces les sacarán toda la mierda de la caja B y les tocarán a Griezman, Vela o Martínez. El sistema ha destrozado al Athletic. Ha corrompido a sus jugadores y también a los aficionados: nos ha hecho ver que hemos ido demasiado lejos (mira que echar a Caparrós, pero qué nos creíamos), y que tendremos que pagar los excesos.

    La razón interna tiene que ver con el funcionamiento del mundo. Todo en el mundo es dual. Las cualidades tienen dos vertientes: eres prudente, pero también eres timorato; eres valiente, pero eres temerario. Las cosas contienen una doble versión. Lo que sube baja. Los últimos serán los primeros. Etc. Aplicado al Athletic, y con la celeridad de las relaciones apasionadas como la que hemos vivido con Bielsa, se ha pasado en un año de una cosa a su contraria: Iturraspe ya no es sereno, es flojo. De Marcos ya no es prodigio físico, sino que corre a lo tonto y sin beneficio. Herrera no es brillante, sino rococó. Iraizoz ya no es el Chopo sino un alcornoque. Muniain ya no es un genio sino un insoportable descerebrado. E incluso Bielsa ha pasado de ser una persona con convicciones profundas a un cabezón inflexible de tomo y lomo. La dualidad. A toro pasado, se puede decir que si hubiéramos cambiado de tercio a finales de la temporada pasada, cambiando de entrenador y trayendo nuevos jugadores, nos hubiéramos ahorrado esta desagradable transformación. La dualidad nos dice que sufriremos hasta el final, pero no se consumará el descenso, al igual que hace un año disfrutamos hasta el final pero no se consumaron los títulos.

    Hay que acabar lo mejor posible y empezar algo nuevo. Esto que vemos no tiene arreglo.

  2. Poco que añadir, JCL. Un par de asuntos muchas veces aquí comentados:
    – Es imposible hacer nada sin concentración.
    – No puedes haces una puñetera jugada de ataque fallando tanto pase y tanto control, salvo que juegues directo. No hicimos casi nada en ataque.
    y un grito: LLORENTE FUERA YA!!!
    P.D: Entiendo que Aduriz no puede jugar siempre y todo. Menos aún si se dedica a explicar a los contrarios y al árbitro tal o cual falta. A este le sobra sangre. Se merece/ se ha ganado Llorente, tener tantas oportunidades de jugar? No es lógico pensar que no aporta, no suma, NADA? Porque no se utilizan otras opciones?