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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic suma tres puntos a base de picar piedra



Córdoba y Vesga fueron dos de los pilares en los que cimentó su triunfo el Athletic. Foto AC

Córdoba y Vesga fueron dos de los pilares en los que cimentó su triunfo el Athletic. Foto AC

Había mucho en juego para el Athletic en la visita del Sevilla, y todo el mundo en San Mamés fue consciente de ello desde el minuto cero. A pesar de lo inusual de la hora, la grada respondió como en las ocasiones importantes y arropó al equipo de principio a fin dejando para otra ocasión esa discusión que se está planteando desde algunos sectores sobre el ambiente del nuevo San Mamés. Cuando la ocasión lo requiere, ahí está siempre la fiel infantería de las gradas. Contribuyó al ambiente la presencia de un nutrido grupo de seguidores sevillistas que se dejaron oír al principio pero que acabaron resignados frente al clamor mayoritario de la grada. También ayudó lo suyo el árbitro Iglesias Villanueva, con algunas decisiones que terminaron por encender a los que llegaron al campo con el ánimo indolente de una mañana de sábado. Tampoco es la primera vez que un árbitro prende la chispa en San Mamés. La mano de Carole en la disputa de un balón con Aduriz en la boca del gol, acabó en amarilla para el delantero por protestar. Fue el detonante que le faltaba a la mañana para que San Mamés reaccionara como un solo hombre para empujar a su equipo.

Y si la grada no falló, tampoco lo hicieron los protagonistas, que era lo más importante, por supuesto. El parón liguero y los dos últimos partidos del Athletic, ante el Zorya y el Valencia, abrían un interrogante mayúsculo. ¿Qué Athletic veríamos al regreso de la competición? Afortunadamente salió cara y el equipo que ilusionó al personal en la segunda parte de Mestalla, apareció en San Mamés. Ziganda se dejó en el banquillo a Williams y formó una línea con Susaeta, Raúl García y Córdoba arropando a Aduriz, con Vesga y San José por delante de la defensa. Trabajo, trabajo y trabajo, con poco sitio para la floritura y lejos de los rojiblancos cualquier tentación de dar rienda suelta a la imaginación.

A veces las circunstancias mandan y este Sevilla es una circunstancia king size. Los de Berizzo comparecieron con un planteamiento similar, apoyados en dos tanques como N`Zonzi y Pizarro y confiando en el buen hacer de sus hombres más adelantados, en especial de Correa, aunque fueran Carole y Ben Yedder los que establecieron el valor de mercado de Kepa Arrizabalaga, que olvidó sus fallos en Valencia con un par de intervenciones, sobre todo en el remate de Ben Yedder, que a más de uno le llevaron instintivamente a dirigir la mirada al palco, más que nada por comprobar si allí estaban viendo lo mismo que está viendo el resto del mundo.

Planteado así el partido por los dos técnicos, el terreno de juego se convirtió en un campo de minas en el que se sucedieron choques y disputas en cada palmo de césped. Eso también es fútbol y bien que lo disfrutaron los que saben que en este juego hay muchas más cosas que pasar y repasar el balón al compañero situado a cinco metros. En uno de esos choques quedó lastimado N`Zonzi, el gigante sobre el que orbita todo el equipo andaluz. Le sustituyó Krohn Dehli y el Sevilla ganó en ligereza lo que perdió en contundencia y solidez. En cualquier caso los dos equipos continuaron picando piedra como si no hubiera un mañana.

El gol de Vesga al filo del descanso hizo daño al Sevilla y reforzó el ánimo de un Athletic que veía que, por una vez, el esfuerzo estaba mereciendo la pena y se plasmaba en el marcador. Los de Ziganda redoblaron el esfuerzo en la segunda parte y el Sevilla pareció perder el ánimo aunque no la codicia para disputar cada balón sin remilgos. El partido seguía transcurriendo en medio de los chispazos que produce el martillo contra el pedernal y si el público se tomaba un respiro en medio del fragor, allí aparecía el árbitro para despertarlo. Ya se sabe que una vez que el público le toma la matrícula al árbitro es muy difícil que cambie de opinión. En nueve de cada diez decisiones del colegiado, su interpretación fue exactamente la contraria de la de la grada. Normalmente si un par de ojos, cuatro con los del linier, ven una cosa, y cuarenta mil pares, otra, será que la minoría es la equivocada, pero esto es fútbol y aquí la estadística y la aritmética pierden el rigor que tienen en otros órdenes de la vida. En cualquier caso, cuando Corchía desvió con el brazo un remate de Raúl García que iba directo a la portería, a todo el mundo que estaba viendo el partido en cualquier punto del sistema solar, le pareció un penalti como un piano. A todo el mundo menos a Iglesias Villanueva, el hombre del ojo clínico.

El partido ya había entrado en una dinámica frenética y se acabó de romper cuando Berizzo retiró al lateral Corchía para dar entrada a Nolito. Todo el flanco derecho del Sevilla, quedó entonces bajo la responsabilidad de Jesús Navas, un fino atacante a quien no se le conoce vocación defensiva. Córdoba, que estaba haciendo un magnífico partido, se encontró prácticamente sin lateral enfrente y por ahí percutió con insistencia el Athletic buscando la sentencia. No lo consiguió y tuvo que sufrir una prórroga de seis minutos, aunque en el cartel aparecieran cinco. Afortunadamente, los rojiblancos anduvieron listos y consumieron prácticamente todo ese tiempo junto al banderín de corner.

Hubo muy buenas noticias además de la del resultado en la matinal de San Mamés. El partido de Vesga, gol incluido, la confirmación de que Córdoba sigue aprovechando las ocasiones que le dan, el despliegue físico de Susaeta, cubriendo kilómetros y ofreciéndose siempre al compañero, la actividad de Raúl García, la solidez defensiva de los centrales, la entereza de Lekue después de sus últimas actuaciones y el ya comentado regreso de un portero de cuerpo entero como Kepa, aclaran el panorama y perfilan un equipo que debe creer en sí mismo porque tiene capacidad para afrontar, y ganar, cualquier reto. El fútbol también es lo que vimos en San Mamés este sábado.

 

 

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