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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic tuvo más regalos en Balaídos



Susaeta botó las faltas que propiciaron los dos primeros goles y marco el tercero. Foto LFP

Susaeta botó las faltas que propiciaron los dos primeros goles y marco el tercero. Foto LFP

El Athletic ya tiene pie y medio en los cuartos de final de la Copa. El resultado que ha logrado en Balaídos le devuelve la sonrisa aunque tampoco está la cosa todavía como para tirar cohetes. En Vigo hubo más goles que fútbol por parte de los dos equipos. Ocurrió que el Athletic salió muy beneficiado en el reparto porque fue mejor que un Celta que acusó mucho la ausencia de jugadores muy importantes en su estructura. Que no estén en el campo Larrivey, Nolito o Krohn-Delli es demasiado lastre para un equipo que suele hacer un fútbol bonito pero que tampoco anda tan sobrado de plantilla como para permitirse ciertos lujos. Las lesiones y las decisiones de Berizzo allanaron el camino del Athletic. Pero eso también es fútbol y también es Copa.

Fue una tarde de regalos la de Balaídos, como correspondía a la fecha. Las dos defensas se sintieron generosas y decidieron hacer la vida más feliz a sus amigos los delanteros. Fallos de marcaje y despejes de broma jalonaron un partido anodino entre las dos áreas pero divertidísimo en las cercanías de las porterías porque nadie sabía lo que podía pasar cada vez que el balón llegaba a la zona caliente.

El Athletic no tuvo nada que ver con el que sufrimos hace tres días en Riazor. El regreso de Aduriz devolvió al grupo el aspecto de equipo de fútbol que no tuvo en A Coruña. San José y Rico aportaron solidez en el doble pivote, así que Etxeita y Laporte lo tuvieron más sencillo aunque a veces se empeñaran en buscarse problemas donde no los había. Con los laterales bien cerrados por Iraola y Balenziaga, y De Marcos bullidor en la media punta, Susaeta pareció otro, comparado con el que deambuló durante cuarenta y cinco minutos en Riazor, y Muniain, tan activo y voluntarioso como poco lúcido a la hora de decidir, aportó mucho más que Ibai Gómez tres días antes.

Susaeta estuvo especialmente inspirado en el balón parado. A los cuatro minutos puso la pelota en la cabeza de Aduriz en el saque de una falta y la devolución del delantero desde el segundo palo fue un regalo para San José, que esperaba en el área pequeña con la única compañía de Etxeita. Los centrales del Celta vieron el gol de lejos. Diez minutos después, Susaeta volvió a botar una falta al segundo palo. Esta vez esperaba Etxeita desmarcado para meter la pelota al área pequeña, donde Aduriz la cabeceó a la red. En medio Alex López había hecho el primer gol del Celta en el minuto 10, rompiendo una racha de nueve partidos sin marcar que ostentaba el equipo gallego. Tampoco es casualidad que fuera el Athletic la víctima. Defendiendo como defendió un saque de banda le puede marcar un equipo que lleva nueve partidos sin hacer gol o un equipo de voleibol.

No hubo más regalos hasta el descanso. El Athletic se puso serio y apagó el partido en el centro del campo gracias a la aplicación de los centrocampistas para mantener siempre la posición y evitar sorpresas. Rico y San José impusieron su ley, bien apoyados por el trabajo de sus compañeros más adelantados, generosos en la presión y en el esfuerzo. Orellana se aburrió sin suministro de balones en la banda, y lo intentó buscando posiciones más centradas, pero el Athletic jugaba con oficio y sin fisuras en el perímetro del círculo central.

Nada más empezar el segundo tiempo llegó el segundo y último regalo de la defensa del Athletic. Ahora fue Balenziaga el que tuvo la ocurrencia de intentar despejar de cabeza y hacia atrás un balón que le llegó a la altura de la rodilla. El intento de despeje se convirtió en un pase letal para un Charles al que no se le fue el gesto de incredulidad hasta que no vio el gol anotado en el marcador.

En otras circunstancias, encajar un gol de esta guisa con todo el segundo tiempo por delante, hubiera supuesto el hundimiento del Athletic. Afortunadamente era día de Reyes y los chicos del Celta se sentían generosos. A los de Valverde no les hizo falta ni poner el zapato para recoger sus regalos. Un despeje defectuoso de un defensor gallego con todo a favor, una prolongación inteligente de Etxeita al borde del área, y Susaeta que se ve completamente solo, con el balón en los pies y enfilado hacia Rubén Blanco. Ya está dicho que Susaeta estuvo especialmente inspirado en los momentos decisivos. Miró, calibró, y colocó un remate raso ajustado al primer palo. Fue un gol como de entrenamiento, aparentemente facilón, pero hemos visto fallar a los delanteros rojiblancos goles mucho más sencillos, baste recordar el que marró Viguera en Riazor.

La segunda amarilla a Costa terminó de sentenciar el partido cuando todavía faltaban veinte minutos. La eliminatoria empezaba a teñirse de rojiblanco y a medida que pasaban los minutos crecía la sensación de que solo una catástrofe podría alterar el rumbo del encuentro. Claro que estando el Athletic de por medio, la de la catástrofe es siempre una posibilidad a tener muy en cuenta. Pero el Celta también mostró una tendencia a la autodestrucción más que preocupante. El penalti que le hizo Cabral a Aduriz, una llave de lucha libre en el área pequeña a la salida de un corner, fue la mejor evidencia de que el delantero había acabado con los nervios de todos los defensas celestes. El propio Aritz se encargó de ejecutar desde los once metros y establecer una ventaja que se antoja definitiva en la eliminatoria.

La Copa ha devuelto al Athletic la sonrisa que ha perdido en la Liga, pero el marcador no debe llamar a engaño. Es verdad que el equipo jugó mucho mejor que hace tres días, pero eso tampoco era tan difícil. El juego volvió a ser espeso y las ocasiones escasas, tan escasas que cuesta recordar alguna acción de entidad en el área del Celta además de los goles. La presencia de Aduriz, autor de dos tantos y protagonista principal en el primero, volvió a tener un peso decisivo en el ataque y en el ánimo de todo el equipo. Tampoco está de más anotar la aportación de Iraola en la banda derecha y la de De Marcos en la media punta, y su incidencia en la configuración general de todo el equipo. Las cosas suelen resultar más sencillas cuando cada uno está en su sitio y todos saben lo que tienen que hacer.

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