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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic va recuperando el color



Etxeita lideró la defensa del Athletic en el segundo partido consecutivo que no encaja un gol. Foto AC

Etxeita lideró la defensa del Athletic en el segundo partido consecutivo que no encaja un gol. Foto AC

Pues parece que, efectivamente, la victoria de Almería ha sido suficiente para que el Athletic acabe con su deriva negativa y recupere lo que ahora llaman sensaciones, que nadie sabe lo que significa exactamente, pero queda muy bien decirlo. Los tres puntos de Almería han tenido un influjo muy positivo en el grupo rojiblanco aunque se ganaran de aquella manera. Ni importó entonces, ni importa ahora el cómo sino la influencia determinante que ha tenido en la cabeza de Valverde y sus hombres. De pronto han desaparecido las tinieblas y el sol asoma por el horizonte rojiblanco. Don Pésimo, el del viejo TBO, ha cedido protagonismo a su compañero Don Óptimo. Son las dos caras de la misma moneda que es el fútbol. Donde hace apenas siete días solo se veía un oscuro precipicio, ahora ha brotado un bonito y florido campo. Ni tanto, ni tan calvo; pero es verdad que el rostro del Athletic luce ahora con otro color, un color mucho más saludable que aquel tono macilento que tanto nos asustaba hasta hace bien poco.

El Athletic ya se empieza a parecer a sí mismo, aunque todavía le sigan faltando algunos puntos en el casillero para recuperar la confianza plena en sus capacidades. Durante todo el segundo tiempo ante el Sevilla, por ejemplo, se pudo comprobar que este equipo no las tiene todas consigo todavía. Es natural después de lo ha venido sucediendo hasta la fecha. El Athletic es ahora mismo un grupo que empieza a volver a creer en sí mismo, que no es poco; solo le falta alcanzar un margen de seguridad que le permita intentar darse una alegría sin miedo a una catástrofe.

La puesta en escena ante el Sevilla fue muy buena gracias a la colaboración especial del árbitro Estrada Fernández, que no tuvo mejor ocurrencia que mostrar tarjeta amarilla a Aduriz en la disputa de un balón aéreo en el primer minuto del partido. Si alguien había llegado dormido al campo, la decisión del árbitro sirvió para despertarle. La tarjeta de Estrada a Aduriz fue como un trompetazo, una llamada al Athletic rabioso que tanto estábamos echando de menos. Los rojiblancos entraron decididos al partido y aunque el Sevilla trató de atemperarlo a base de mover la pelota y crear superioridades en el centro del campo, los de Valverde acabaron haciéndose con el mando gracias sobre todo al trabajo de Rico y De Marcos. Sobre su presión fue creciendo la banda derecha donde Iraola progresaba con soltura encontrando a un Susaeta muy activo. Iturraspe, muy recuperado por fin aunque le siga faltando mucho, volvía a hacerse notar en su parcela, mientras que Aduriz, amonestado y renqueante hasta el punto de que apenas pudo aguantar media hora, sometía a la defensa del Sevilla y al árbitro a una inteligente presión que encendía el ánimo de la grada y de sus compañeros.

Sería exagerado decir que el partido fue bronco, aunque no faltaron las broncas. Fue, eso sí, un choque intenso, disputado metro a metro por dos equipos que sabían que la presión sobre la defensa rival era clave para desestabilizar al contrario. Bacca, Aleix Vidal y Vitolo apretaban de lo lindo la salida de Laporte o Iturraspe, obligando a retrasar el balón en busca el pelotazo largo de Iraizoz con su famosa bota de madera. ¡Cuántos líos se busca el Athletic por esos pelotazos!. Pero al otro lado ocurría lo mismo y De Marcos o Susaeta se tiraban como lobos a tapar los intentos de ordenar el juego de los sevillistas desde atrás.

A Aduriz le dio tiempo para marcar el gol que decidió el partido cuando Guillermo ya llevaba un rato largo calentando para sustituirle. El delantero cumplió con creces y se marchó en medio de una cerrada ovación precedida de una buena bronca a Emery, que impidió el cambio ordenando a sus hombres que continuaran jugando, con Aduriz sentado en el césped, Guillermo al lado del cuarto árbitro y éste con el marcador de los cambios en la mano. Feo gesto el del técnico sevillista, que no fue ni el primero ni el último; forma parte del espectáculo que organiza en el área técnica cada partido.

El Athletic alcanzó el descanso con la ventaja mínima en el marcador pero, sobre todo, con la certeza de que había superado al aspirante a liderar la Liga, que venía con la extraordinaria marca de siete victorias, un empate y una única derrota en el campo del campeón, el Atlético de Madrid. Emery hizo dos cambios en el intermedio. M`Bia y Vitolo se quedaron en la caseta y entraron Banega y Gameiro. El Sevilla cambió músculo por talento y velocidad, evitando de paso quedarse con uno menos porque M`Bia estaba teniendo toda la pinta de que se iba a buscar la segunda amarilla en cuanto algún rojiblanco se pusiese a tiro de sus tacos o sus codos.

El cambio de perfil del Sevilla provocó que el Athletic diera un paso atrás en el segundo tiempo. El equipo valiente y decidido de la primera parte dio paso a un grupo más reservón que quiso jugar con el marcador desde el principio. Valverde respondió con una maniobra que se presta, por lo menos a la discusión. Retiró a Susaeta dando entrada a Aketxe en la media punta, para retrasar a De Marcos al lateral derecho y situar a Iraola como cuarto centrocampista en el costado derecho, alineado con Rico e Iturraspe, y Muniain en el lado izquierdo, más pendiente de tapar las subidas del lateral de su lado que de progresar hacia la portería de Beto.

El mensaje que llevaba implícita la maniobra de Valverde no admitía dudas. Se trataba de defender la ventaja por encima de todo. Fue una decisión que encerraba un riesgo tremendo porque regaló al Sevilla tres cuartas partes del campo y porque el equipo se quedaba prácticamente sin capacidad de reorganizarse en el caso de que no pudiera mantener su puerta a cero.

El caso es que el Athletic supo defenderse con orden, liderado por un Etxeita gigantesco que se desempeñó como un central con oficio, moviéndose como pez en el agua en medio de la multitud que circulaba por el área de Iraizoz, contundente en el choque y el despeje, rápido y atento en los cruces y las ayudas. Estaría bien que alguien explicara ahora qué ha estado haciendo este chico el último año y medio en el Athletic.

El Sevilla dominó, presionó, y forzó faltas y saques de esquina, pero lo cierto es que Iraizoz no tuvo que hacer una sola parada porque los de Emery no remataron una sola vez. Mérito de un Athletic que en el tramo final fue más gato panza arriba que león, consciente de la importancia de asegurar una segunda victoria consecutiva que tiene un valor que va mucho más allá de los tres puntos.

Queda camino por recorrer, claro, pero por muy largo que sea, el camino empieza siempre por un primer paso. El Athletic ya ha dado dos que le alejan de la zona peligrosa de la tabla y rebajan el nivel de la alarma que se había declarado tras la goleada del Bernabéu y, sobre todo, el empate ante el Celta. Los leones van recuperando el color y el equipo empieza a recordar el que tanto nos hizo disfrutar el año pasado. A la hora de valorar victorias y derrotas conviene siempre atender a la entidad del rival a modo de calibre. Aunque valga igual, no es lo mismo ganar al Almería que al Sevilla. El triunfo ante el equipo de Emery tiene un valor añadido que conviene apreciar en su justa medida. Por eso, ahora mismo se puede decir que este Athletic ya es otra cosa

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