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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic vuelve a autolesionarse



Ibai Gómez adelantó al Athletic con un golazo que a la postre no sirvió para nada. Foto MITXI

Ibai Gómez adelantó al Athletic con un golazo que a la postre no sirvió para nada. Foto MITXI

Si sales a jugar un partido con un flan debajo de la portería, lo previsible es que te pase lo que anoche le ocurrió a Athletic. El equipo de Bielsa suma un problema más a su ya abultada lista: si antes tenía un conflicto en la portería, ahora tiene dos. Raúl no pudo con la responsabilidad sobrevenida y sucumbió a la presión desde el primer balón que llegó a sus dominios, una pelota que era suya pero decidió dejar pasar sin percatarse de que Agirretxe andaba por allí, al acecho. Afortunadamente, la jugada era tan inocua que el delantero donostiarra llegó al cuero sin ángulo y solo pudo enviarlo al lateral de la red. Pero fue un aviso lo suficientemente serio como para que el personal de la grada se quedara como si le hubiera dado un aire, así, como con cara de pocker, aparentando que no había visto nada, confiado en que aquello sería solo el fallito que hay que conceder al novato, nada irremediable. Cuando Griezmann cabeceó a la red solo en el segundo palo, el personal se empezó a preguntar qué es lo que impide a los porteros del Athletic salir un par de metros de debajo del larguero; ni siquiera repararon en el despiste de Iraola, que se había dejado ganar la espalda por el francés como un juvenil; hace tiempo que el personal que acude a San Mamés bastante tiene con ajustarse la camisa al cuerpo cada vez que el balón llega al área de su equipo.

Claro que no es cosa de culpar en exclusiva a Raúl del nuevo fracaso, aunque siempre conviene observar la realidad por aquello de que el primer paso para resolver un problema es admitir su existencia. Al contrario de lo que ocurre en la vida donde el éxito tiene muchos padres y el fracaso es huérfano, en el fútbol los fracasos también suelen ser tener una responsabilidad coral. Raúl falló en el primer gol, cantó la Traviata en el segundo y sus casi dos metros se quedaron cortos en el tercero, un gol que, por cierto, no es la primera vez que le meten. Los balones cruzados abajo no parecen ser su fuerte. Pero ya queda dicho que en el primero Iraola fue also starring, el segundo vino precedido de una falta innecesaria de De Marcos, que acababa de colocarse como lateral izquierdo, y en el tercero San José hizo el peor movimiento que podía hacer un central tal y como transcurría la jugada. Podría ampliarse la relación de señalados, claro, pero tampoco merece la pena.

El partido contra la Real fue una nueva repetición de la historia tantas veces vista este año. El Athletic es superior a su rival, dilapida un puñado de ocasiones y el primer balón que llega a su área acaba en la red. Y a partir de ahí el llanto y el crujir de dientes. Los de Bielsa no disfrutaron de tantas ocasiones como en partidos anteriores pero sí de las suficientes como para haberse retirado a la caseta con una ventaja cómoda en el marcador. Aduriz cruzó demasiado un remate con todo a favor y se dejó robar la cartera en el punto de penalti por querer rizar el rizo en lugar de rematar a la primera, como hubiera hecho hace un par de meses. Laporte remató de horror un centro al segundo palo en el que el balón bajaba diciendo méteme en la portería, anda, pero está claro que el juego aéreo no es el fuerte del chaval. Bravo también se lució en una estirada quizá un tanto sobreactuada. Esto en cuanto a remates. Mejor no hablamos de llegadas al área dilapidadas en el último pase o en el regate de sobra. Como tantas veces ocurre en el fútbol el gol llegó en la jugada más difícil: centró templado Aurtenetxe, que no es lo más habitual, e Ibai cazó la volea que llevaba buscando más o menos desde que debutó con el primer equipo.

El gol le había costado al Athletic media hora de fútbol profundo, de aperturas por las bandas generando superioridad con las incorporaciones de Iraola y Aurtenetxe, de buen manejo de Herrera por el centro, de buenos aportes de los centrales e Iturraspe dando salida a la pelota con criterio. A la Real le bastó un centro largo de Castro, comodísimo y sin oposición, y un cabezazo de Griezmann, que tampoco es Satrustegi, para anular todo el esfuerzo de su rival. Habían pasado cuatro minutos desde el gol de Ibai.

Los de Montanier lo habían estado pasando mal hasta entonces pero ese gol les reafirmó en su idea en la misma medida que secó el fútbol que hasta entonces había venido desarrollando el Athletic. El empate tuvo un efecto psicológico evidente en el equipo rojiblanco y en la grada. En el descanso el resignado personal discutía sobre si son más graves y trascendentes los fallos en el área contraria o en la propia. Estaban los que se acordaban de las ocasiones malogradas por Aduriz y los que lloran en silencio mirando una foto de Iribar.

El Athletic que regresó del vestuario era otro y la Real, también. Unos maledecían su mal fario y los otros crecían a ojos vista. Bravo ya no pasaba apuros y Prieto, Illarramendi, Griezmann y Castro movían la pelota con mucha más comodidad que en la primera parte. El partido se fue alejando del área realista para instalarse alrededor del círculo central. El Athletic no tenía ni el ritmo ni la claridad de la primera parte y a medida que perdía el control del balón afloraban las dudas en la retaguardia. Falló Aurtenetxe, lo que probablemente provocó su cambio, y falló De Marcos, que ocupó su posición para volver a demostrar que no es lateral. Una falta suya, propia de quien no está a gusto ni en en el sitio ni con la tarea, provocó el segundo gol de la Real con la colaboración de Raúl. Ahí se acabó un Athletic que a base de recibir siempre el mismo golpe ha acabado por perder hasta su legendaria capacidad de reacción. San Mamés enmudeció y se resignó a esperar que el desastre que ya era un hecho inevitable, no acabara en otra catástrofe en el marcardor.

El Athletic está empeñado en inmolarse mediante un novedoso sistema de suicidio a plazos. Se ha puesto una soga al cuello y la va apretando poco a poco, un tirón cada siete días. Ya empieza a observarse una sospechosa tonalidad morada en el rostro y la cosa empieza a ser preocupante. Pero todavía hay margen suficiente para que este suicida a plazos recapacite y recobre el resuello si todo el mundo se apresura a ponerse a la tarea.

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2 Comentarios

  1. Juan Carlos, aquí nadie se autolesiona, es imposible obtener un resultado positivo jugando como jugamos, NO COMPETIMOS, jugamos un fútbol de salón y el fútbol profesional es otra cosa, sigue comentando lo de la mala suerte, lo de los fallos de uno u otro, unos días el portero, otro Iraola, otro San José, pero aparte de los fallos individuales está el fallo del planteamiento, del sistema de juego, creo que ya es hora de hablar claro, porque nos vamos a segunda irremediablemente,y eso no lo queremos nadie ¿no?

  2. Estoy realmente acojonado. Vero serios peligros de descender a segundo división. El sistema que emplea el Athletic puede ser magnífico con el viento de cola, pero, sin duda alguna, el peor con el viento de cara. Bielsa juega a un todo o nada, y en la situación que estamos lo que necesitamos es nadar y guardar la ropa, o sea, meter un gol y que el rival no meta ninguno, lo que implica, inexorablemente, variar el sistema defensivo. Jugar con 6 tíos por delante del balon, hoy por hoy, nos puede llevar a segunda. Otra cosa es que estés quinto en la tabla, con quince puntos por encima del descenso, pero hay que parar, como sea, la sangria denfensiva. Lamentablamente, es muy tarde ya para hacer un cambio de entrenador, se tenía que haber hecho antes, aunque visto el cojon macho seguro. Bielsa defiende atacando, y esto no nos está dando resultados. Lo veo muy, pero que muy jodido para salvarnos.