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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic vuelve a enredarse en sus propios errores



Iraizoz no pudo hacer nada por evitar los dos goles que encajó el Athletic en el Sánchez Pizjuán. Foto MITXI

Iraizoz no pudo hacer nada por evitar los dos goles que encajó el Athletic en el Sánchez Pizjuán. Foto MITXI

Vaya nochecita. El viaje a Sevilla no ha podido ser más desastroso. A falta de cuatro minutos el Athletic perdió un punto que estaba ganando en medio del caos y encima perdió a medio equipo, Aduriz, De Marcos, Gurpegi y Laporte (y quizá Iraola que abandonó lesionado) para recibir en San Mamés al Real Madrid. Claro que si lo miramos con frialdad, mejor perder a todos los apercibidos para este partido y que estén disponibles para dentro de quince días contra el Deportivo que es cuando el Athletic jugará un partido trascendente para sus intereses. Así están las cosas.

Nunca ha sido el Sánchez Pizjuán territorio conquistado para el Athletic. Al contrario, en ese campo y en el de sus vecinos de la Avenida de La Palmera han protagonizado los rojiblancos algunos de los estropicios más destacados de su historia. Derrotas inmerecidas, goleadas sonrojantes, partidos lamentables… y todo ello entre los olés del respetable. Lo de anoche fue por otra vía pero entra de lleno en el capítulo de los despropósitos. Lo que le ocurre a este equipo, mejor, lo que les pasa a algunos de sus jugadores trasciende el trabajo de técnicos y entrenadores y entra de lleno en el terreno de la psicología o, directamente, en el de los test de inteligencia. Ya no se trata de discutir de tácticas o de estrategias, de calibrar las posibilidades técnicas de éste o de aquel jugador, ni siquiera de una cuestión de actitud que esa casi nunca se discute. No, hablamos de otra cosa. Hablamos de saber discernir lo que conviene hacer en cada momento, o sea, esa cursilada de leer el partido, hablamos de distinguir dónde está la portería contraria y dónde la propia, de elegir entre el patadón necesario y el taconazo gilipollas. Hablamos en definitiva de saber por dónde nos da el aire.

Cuando los mismos errores se repiten partido tras partido hay que sentarse, mirarse a los ojos y preguntarse qué está pasando. Una vez más el partido se puso cuesta arriba nada más empezar; una vez más a balón parado. Otra vez por defender al borde del área pequeña dando toda la ventaja a los atacantes. Una vez más, más de lo mismo y van…

Podríamos hablar del papel de Llorente en el equipo titular o de la insistencia en colocar a Laporte en el lateral izquiedo y a San José en el eje del centro del campo. Podríamos recordar las dos oportunidades que dilapidó el delantero de la Juventus por empeñarse en no se sabe qué cuando lo lógico era disparar. Podríamos volver a sentir esa extraña pulsión por cortarnos las venas que nos entra cada vez que San José falla un pase a tres metros y regala el balón al rival en el centro del campo con todo el Athletic volcado sobre el área contraria. Es igual, porque luego sale Iturraspe y hace exactamente lo mismo y además se gana una tarjeta, o se deja robar la cartera cuando tiene toda la ventaja, dejando con el culo al aire a todos los defensas…y Aduriz también se olvida de la portería y se enreda en peleas absurdas. Se dirá que es la tensión, la ansiedad. Si con nueve puntos de colchón pesa la ansiedad, mejor no imaginar lo que pueden perpetrar estos chicos con márgenes más estrechos de puntos y de jornadas.

Claro que también podríamos hablar de Herrera y sus encajes de bolillos a dos metros de la frontal del área de Iraizoz,  del constante viaje a ninguna parte de Muniain o del quitarse el balón de encima de Iraola haciendo como que centra sin intentar apurar una sola jugada en la banda.

Habrá quien quiera ver en el correcalles de anoche en el Sánchez Pizjuán un partido lleno de ritmo en el que el Athletic quiso recordar algunos de sus buenos momentos del año pasado. Bueno, el que no se consuela es porque no quiere. Claro que el balón fue de lado a lado durante los noventa minutos, pero fue siempre más por errores propios y ajenos que por jugadas trenzadas con un mínimo de fundamento hasta su finalización. Enlazar cuatro buenos pases para llegar al área y equivocarse siempre en el último como hizo constantemente el Athletic acaba con la confianza, con la autoestima, con la fe y con los nervios de todos.

Tal y como se desarrollaron los acontecimientos lo mejor que le pudo pasar al Athletic fue llegar al descanso con la derrota mínima y con la sensación de que en la segunda parte podía pasar cualquier cosa. Porque no hay que olvidar que en los primeros cuarenta y cinco minutos Reyes pudo cerrar el partido cuando remató al lateral de la red un balón graciosamente suelto en el lateral del área de Iraizoz. Que luego Negredo cruzó demasiado al culminar un contrataque que nació en una pérdida de balón en el centro del campo y que Gurpegui cortó con un cruce prodigioso otro remate del madrileño que se iba a la red  como un obús.

Entre Iraizoz y el palo evitaron el gol del Sevilla nada más arrancar la segunda parte y casi en el jugada siguiente, un saque de falta de Ibai Gómez fue peinado a la red por Gurpegui en el único remate entre los palos de los rojiblancos en todo el segundo tiempo. El Sevilla acusó el golpe y se dolió de veras cuando Mateu Lahoz expulsó a Navarro por doble amonestación. Quedaban entonces diecisiete minutos y el Athletic tenía el partido donde quería… o esa era la percepción general fuera del rectángulo de juego, porque ahora queda claro que los de Bielsa no debían de pensar de la misma forma. Era el momento de hacer lo que se dice un trabajo profesional. Coger el balón, madurar al rival y asestarle el golpe definitivo en el momento oportuno. Es lo que hubiera hecho cualquier equipo que no sea este Athletic atolondrado.

Pero en inferioridad numérica el Sevilla no le perdió la cara al partido porque hacía tiempo que sabía la clase de rival que tenía enfrente. Se protegió lo justo, agitó las aguas consciente de que en medio había una veleta con un silbato y tardó seis minutos en conseguir que Laporte viera dos tarjetas amarillas. El chaval pagó su inocencia en forma de dos entradas a destiempo, la segunda provocada por un Reyes mucho más astuto, y porque sus compañeros no fueron capaces de hacer valer su superioridad numérica para jugar con ventaja y con apoyos. Quedaban diez minutos de partido cuando Laporte enfiló el camino del vestuario y el partido dio su último vuelco.  Diez contra diez se creció el Sevilla y el Athletic se acabó de derretir por no saber congelar el juego. Dio la impresión de que en esos últimos minutos, eran los de Bielsa los que jugaban en inferioridad numérica. Los dos bandos tenían el mismo número de efectivos, pero solo los de un lado supieron siempre lo que tenían que hacer. Como suelen repetir los viejos entrenadores, el fútbol es para los listos.

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3 Comentarios

  1. es realmente desesperante ver cómo partido tras partido la sensación de que se nos escapan muchos muchos partidos que son asequibles se acrecienta. lo de ayer fue una más. qué forma de hacer el simple arriba. desperdiciando una tras otra situaciones claras, ventajas, controles, pases. si no es porque le tengo que dar con el exterior esté en la banda en la que esté, es porque tengo que hacer una bicicleta ahí, ahí mismo, y lo de los centros de iraola… ya es hora de que alguien se haya dado cuenta. sobre la dupla iturraspe/san josé, más de lomismo. nos falta mala fe, y a veces saber jugar a fútbol más allá que el correr y dejarse la piel. jugar a fútbol es otra cosa.

  2. ¿Se puede jugar con menos cabeza al fútbol? ¿Por qué rifan el balón cada vez que se acercan al área rival? ¿Es esto lo que les enseña Bielsa durante la semana? ¿Es posible que tantos jugadores pasen de la exquisitez a la vulgfaridad en tan poco tiempo? Ahí lo dejo.

  3. Totalmente de acuerdo, al 100%, con el artículo, y los comentarios posteriores. Ahora bien, echo un poco en falta que alguien comente sobre el descalabro que para el Athletic supone quedarse, no ya con uno menos, sino con uno más. Y lo digo por Bielsa. Echo en falta que el entrenador transmita a sus jugadores, con cláridad, qué es lo que hay que hacer. Si, ya sé que eso se les supone a los jugadores, pero si, a la vista, está, estos no son capaces de leer lo que conviene, entonces el entrenador debe tomar la iniciativa y aclarar lo que hay que hacer. Cuando nos quedamos con uno más, inmediatamente, se vió a varios jugadores con un cacao mental colosal, sin saber qué hacer, si ir a por la victoria, o defender el punto. La consecuencia de tal confusión la vemos en la jugada de Laporte y el 2 – 1 de Negredo. Por favor, que Bielsa les aclare a estos chicos qué hacer en cada momento, porque, por lo visto, ellos solitos no son capaces de verlo.