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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic vuelve a interpretar su blues del Bernabéu



El Real Madrid volvió a pasar por encima del Athletic en el Bernabéu. Foto MITXI

El Real Madrid volvió a pasar por encima del Athletic en el Bernabéu. Foto MITXI

El concierto se repite cada año con muy ligeras variantes. Es ya un clásico en el repertorio del Athletic. LLega el viaje al Bernabéu y los rojiblancos sacan las partituras de su viejo blues. Se ponen en plan meláncolico, así como haciéndose los interesantes durante un ratito, y desgranan la notas de siempre con la rutina de siempre, sin sitio para la improvisación. Lo mismo cada vez. El público sabe en qué momento puede batir alguna palma o en qué pasaje toca censurar la indolencia del intérprete.

No hubo espacio para la sorpresa en la matinal del Bernabéu, un partido que tuvo más interés en sus aledaños que en el juego. En el bando madridista la opinión pública -o la publicada- sigue pendiente del debate de la portería y no falta nunca la foto del careto enfurruñado de Casillas en el banquillo. También siguen a la espera del inminente fichaje de Bale, tan inminente a este paso como el bombardeo americano sobre Siria.

En el lado del Athletic los acontecimientos se habían precipitado la víspera tras el reconocimiento de Urrutia de la existencia de una oferta del Manchester United por Herrera. Desde entonces todo el mundo rojiblanco gira en la órbita del exzaragocista. Se interpretan sus gestos y los del entrenador, tratando de dar con alguna pista o extraer alguna conclusión. Valverde le convocó para el partido, pero le dejó en el banquillo los noventa minutos. Que no jugara de inicio tenía un pase, por aquello de reforzar el centro del campo ante un rival superior; que no saliera en el transcurso del partido lo puede interpretar cada uno como quiera. LLegados a estas alturas sería mucho mejor para todos que el Manchester United despositara la cláusula en tiempo y forma. Aquí paz y después gloria. Si no ocurriera así volveríamos a estar ante un culebrón insoportable que el Athletic no se puede permitir por segundo año consecutivo.

En el Athletic también hay debate en la portería, aunque las lesiones de Iraizoz lo hayan maquillado. En el Bernabéu volvió a jugar Herrerín y Gorka estuvo en el banquillo, se supone que en perfectas condiciones físicas para saltar al terreno si hubiera sido necesario. La actuación en el Bernabéu del teórico suplente y la memoria de los aficionados, abonan la discusión.

Al margen de lo de Herrera y la portería, cabe hacer otras consideraciones respecto al Athletic. No puede pasar desapercibido que Valverde se había dejado en Bilbao a Sola y Etxeita, dos de los fichajes de este año. Como Toquero fue el que finalmente se quedó en la grada del Bernabéu, tenemos que el equipo rojiblanco encaró el partido con un solo delantero centro, Aduriz, e Ibai en el banquillo.

Aduriz tuvo que apechugar los noventa minutos emparedado entre Pepe y Sergio Ramos, dos futbolistas que juegan con otro reglamento y con el beneplácito de árbitros y auxiliares. En el primer tiempo Ramos le arreó un codazo alevoso a Susaeta a medio metro del líner con una naturalidad pasmosa. En el tramo final del partido el defensa blanco cometió un penalti tan aburdo como escandaloso sobre el propio Susaeta sin que ni al linier ni al árbitro les mereciera mayor consideración. Súmese que Muniain se retiró lesionado por una entrada de Khedira, un pisotón criminal de Marcelo a Aduriz y los coros y danzas habituales de los fascistas que campan a sus anchas detrás de una de la porterías ante el silencio del resto del estadio, y tendremos el dibujo completo de la matinal.

Valverde apostó por Rico para acompañar a Iturraspe, y por Balenziaga en el lateral izquierdo. Lo mejor que se puede decir del debutante es que no se notó que debutaba. Se le vio bastante integrado en el equipo y en el sistema los cuarenta y cinco minutos que estuvo en el campo. Tampoco es para tirar cohetes. El equipo interpretó siempre el fútbol en tono menor, más atento a entorpecer las maniobras del rival que a tratar de llegar al área contraria con un mínimo de solvencia.

Los primeros veinte minutos fueron los mejores del Athletic, o al menos los más aparentes. El marcador se mantenía con el empate inicial y el Madrid se movía perezoso, indolente, como si sus jugadores hubieran llegado al campo con la marca de las sábanas en la cara. A los rojiblancos les resultaba relativamente sencillo enredar el centro del campo y cortar las vías de comunicación del rival. Lo mejor que estaba haciendo entonces el grupo de Valverde era marcar la línea de defensas para dejar constantemente en fuera de juego a los despistados delanteros blancos. Pero la felicidad es efímera en el Santiago Bernabéu. En el minuto 25 Iraola se quedó dormido habilitando a Isco para que abriera el marcador completamente desmarcado en el área pequeña. Que uno de los veteranos del equipo se quede dos metros por detrás de la línea de defensas siendo como era el último, lo que le permitía una visión panóramica del campo, tiene su miga. Pero ocurrió y el equipo apocado pero ordenadito que había sido hasta entonces el Athletic, terminó por asumir con resignación su triste papel .

Una mano de Khedira que formaba en la barrera al borde del área, fue lo más sustancioso que consiguió el Athletic a partir de entonces. Todo lo demás lo hizo el Madrid, si por todo lo demás contamos el pisotón de Marcelo a Aduriz y el codazo de Ramos a Susaeta, porque tampoco hubo noticias blancas de juego o remate. Ni Beñat acertaba a dirigir, ni Muniain a romper, aunque ambos lo intentaban. Susaeta estaba desconectado de Iraola y Balenziaga bastante tenía con cumplir en su banda.

El partido se acabó un instante antes del descanso, cuando todo el equipo siguió el ejemplo de Iraola en el primer gol y se quedó quieto para dejar que Cristiano cabeceara a bocajarro un saque de falta lateral. Por detrás venía, también completamente solo, Ramos, y más atrás hubieran podido llegar Santillana, Puskas y Marquitos. Hablamos de un balón parado en el minuto 46. Tensión competitiva se llama la figura. El Madrid no necesitó ni esforzarse; el Athletic se lo volvió a poner en bandeja.

El segundo tiempo se jugó porque así lo establece el reglamento. Valverde dio entrada a Morán y De Marcos quitando a Rico e Iturraspe. Sobre el papel el equipo adquiría un perfil algo más ofensivo; sobre el césped no cambió nada. El Madrid jugó a la espera, cómodo, con algunos jugadores buscando el lucimiento personal, lo que facilitó un tanto las cosas a un Athletic que parecía conformarse con la derrota digna que finalmente maquilló con el gol de Ibai.

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