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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic vuelve a ganar sufriendo más de lo necesario



San José cabeceó así el gol que culminó la remontada del Athletic

San José cabeceó así el gol que culminó la remontada del Athletic

San Mamés vivió su segunda remontada. Poco a poco el nuevo campo va escribiendo los primeros renglones de su historia. No hay páginas gloriosas todavía, ni capítulos negros. Es pronto claro, pero las primeras líneas del relato apuntan a la épica y a la comunión entre los de la grada y los del césped, o sea, lo de toda la vida. El Athletic logró su segunda victoria en el nuevo campo y lo hizo remontando, como en el estreno; mereciendo un resultado más amplio y sufriendo hasta el final. Por su mala cabeza, por no saber sacar provecho de las ocasiones de que dispuso y por volver a dar demasiadas facilidades a un contrario que no se las mereció.

Algunos quisieron encontrar un paliativo a la penosa derrota ante el Espanyol en un penalti no pitado cuando el marcador seguía a cero. Ante el Betis el Athletic dispuso de un lanzamiento desde los once metros para abrir el marcador. Beñat lo desperdició, como antes lo hicieron otros muchos compañeros, no hace falta recordar nombres. La estadística de penaltis fallados del Athletic es escalofriante, impropia no ya de un equipo profesional, sino insólita hasta en un equipo infantil: veinticinco errados en los últimos sesenta lanzamientos.

La estadística de penaltis fallados es tan pavorosa como la de ocasiones concedidas al rival. El Betis, que había cobrado un buen disparo en el primer tiempo, repelido por una gran intervención de Iraizoz, no se había vuelto a acercar a la portería rojiblanca hasta el momento en que logró su gol. Fue otra vez un balón que los defensas del Athletic no supieron alejar de su área. Esta vez fue Herrera el que hizo el papel que interpretó Muniain en Cornellá. Se dejó robar la cartera en la frontal por un rival que entró con la pierna más fuerte y concentrado a lo que estaba, no pensando en las musarañas. El cuero regresó al área y Molina pudo rematar en dos ocasiones ante la atenta mirada de San José, en el papel de don Tancredo una vez más.

Tal y como había transcurrido el partido hasta entonces, el Athletic debía marchar por delante en el marcador con dos o tres goles de diferencia. Beñat había desperdiciado un penalti, pero es que en la primera parte, Ibai Gómez y Gurpegui ya se habían encontrado dos veces con la madera y Aduriz había rematado alto, completamente solo ante el portero porque el terreno le jugó una mala pasada y el balón dio un bote extraño justo cuando el delantero iba a empalar. Hubo también una caída de Susaeta, fuera del área, sí, pero caída por zancadilla alevosa cuando se iba solo, que ni el linier ni el árbitro quisieron ver. A la vista de algunas de sus decisiones y a la luz de la doctrina Sánchez Arminio, habrá que sospechar que Iglesias Villanueva y sus ayudantes deben de tener algunos problemas familiares.

El Athletic culminó ante el Betis su partido más completo en lo que llevamos de temporada, pero lo mejor es que dio la impresión de que la cota es fácilmente superable. Valverde tiene mimbres y combinaciones para que este equipo funcione todavía mejor porque, además, los jugadores siguen sin estar al cien por cien de su rendimiento. Ante un Betis que apostó por esperar y tratar de cazar al rival al contragolpe, el Athletic fue un equipo generoso en el esfuerzo que buscó las bandas y que colocó el balón en el área contraria con una frecuencia merecedora de mejor suerte. La falta de puntería y la gran actuación del portero bético Sara, fueron obstáculos que por momentos parecieron insalvables.

El Athletic jugó un excelente partido, pero queda la impresión de que caben retoques en el plan de Valverde. El técnico apostó por Mikel Rico como medio centro y aunque el recién llegado acabó completando una buena actuación yendo de menos a más, es obvio que no se le puede pedir que sea el primer eslabón de la cadena de ataque. Rico cubre una gran cantidad de campo, pelea con una decisión que destaca más por la blandura y la indolencia de algunos de sus compañeros, y hace la vida más agradable a los centrales, pero es difícil que de un pase de cuarenta metros al compañero desmarcado. Esa tiene que ser tarea de otros. De Beñat y de Herrera, por ejemplo, si no están Iturraspe o Morán en el campo.

A ratos pareció que el Athletic funcionaba en dos fases, defensa y ataque, sin ilación. Recuperaba el balón con facilidad gracias fundamentalmente al trabajo de Rico y a un Gurpegui pletórico , pero llevarlo hasta la portería contraria dependía más de la inspiración de un Ibai en la mejor versión conocida hasta la fecha, o de un Susaeta intermitente, que del entramado del equipo en la zona ancha. Laporte apenas conseguía incorporarse por su banda, Iraola no acababa de encontrar espacios por la suya y Herrera daba la impresión de encontrarse desubicado y desconectado demasiadas veces de Beñat.

A pesar de todo, al Athletic le sobró para dominar a un Betis que, poco a poco y obligado por las circunstancias, fue acentuando el plan con el que había iniciado el partido: repliegue y esperar una contra. Dice Mel que su equipo mereció empatar. Mel es muy libre de intentar vender la moto que quiera siempre que encuentre comprador. Los entrenadores que acaban de perder suelen explicar siempre un partido muy distinto al que acaban de ver miles de aficionados. Seguro que Mel, en su fuero interno, sabe que su equipo mereció perder con más claridad a como lo hizo.

Pero también es verdad que el Betis pudo ganar si no llega a mediar la reacción del Athletic en el tramo final, cuando San Mamés sufría estupefacto, silencioso y deprimido los minutos posteriores al fallo del penalti y el gol de Molina. Fue el peor momento para los rojiblancos, lo que no es de extrañar porque situaciones así acaban por desequilibrar la mente más preclara. A nadie hubiera extrañado si el Betis llega a hacer un segundo gol, por ejemplo. El Athletic ya ha pasado antes de ahora por trances semejantes. Sin embargo, en esos momentos se apreció el margen de maniobra del que se hablaba al comienzo. Salió De Marcos por Herrera y dos minutos más tarde Muniain lo hizo en el sitio de Susaeta. Con el primero la línea de ataque de los rojiblancos ganó prestancia; el segundo aportó la frescura que ya le faltaba a Susaeta. El gol de De Marcos, cabeceando en plancha al más puro estilo del ariete clásico, desveló una faceta desconocida de un jugador que vale su peso en oro. El empate reactivó al equipo y a la grada; había tiempo de sobra, dieciocho minutos, y convicción por toneladas, para culminar la remontada. Lo hizo nueve minutos más tarde un San José que enmienda en el área contraria los pecados que comete en la propia.

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