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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El Athletic ya puede concentrarse solo en la Liga



Los centrales del Athletic, sore todo Núñez, sufrieron con la movilidad de los delanteros sevillistas. Foto AC

Si hay que decir que el rival ha sido superior, incluso muy superior, pues se dice y no pasa nada. En realidad, todos sospechábamos que el Sevilla seria un hueso muy duro de roer para este desdentado león y, al margen de imposturas, en nuestro fuero interno casi preferíamos que la Copa pasara de largo este año, tal y como están las cosas en la Liga.

Se entiende que en estos casos los entrenadores apelen a la ilusión de una competición distinta, a la obligación de competir en cada frente, y a todos esos lugares comunes de las salas de prensa. Ninguno de los valientes que acudieron a San Mamés a pasar frío se está lamentando a estas horas por el desenlace del partido. A nadie le gusta perder, claro, pero hay derrotas que molestan menos que otras. Sin ir más lejos, el próximo domingo será otra historia. Todos conocemos el valor de esos tres puntos; a día de hoy un tesoro en comparación con una Copa que este curso era más cáliz a apartar cuanto antes, que otra cosa.

Gaizka Garitano sacó una de esas alineaciones que se dicen de circunstancias, una mezcla de titulares, suplentes, meritorios y hasta algún resucitado que volvía de ultratumba como Iturraspe. Si al equipo titularísimo le cuesta un Potosí trenzar tres jugadas seguidas, qué esperar del grupo que compareció en la catedral para hacer frente a este Sevilla de Machín que no está en lo alto de la tabla por casualidad, sino porque dispone de una plantilla que tiene muy poquito que ver con la del Athletic ni en calidad, ni en profundidad.

El Athletic no tuvo tiempo ni para hacerse ilusiones. En la primera aproximación el Sevilla llevó el balón a la red, aunque el árbitro ya había anulado la jugada. En la segunda no hubo apelación posible. Núñez volvió a fallar y Nolito anestesió al Athletic para toda la noche. Corría el minuto 6 del partido y sobra decir que la eliminatoria, que ya era difícil desde el sorteo, se puso poco menos que imposible.

Había dos equipos muy distintos sobre el terreno. De blanco, unos tipos grandes, que ganaban todos los choques, metían la pierna con decisión y movían la pelota con criterio y velocidad. De rojo y blanco un grupo de futbolistas empequeñecidos, dubitativos y lentos hasta la exasperación, con y sin balón.

Con un Iturraspe que tenía que acusar forzosamente la inactividad y un San José que nunca ha sido el rápido de Minnesota,en la sala de máquinas, el Athletic se movía premioso en ataque, buscando las  incorporaciones por las bandas de Capa, sobre todo, con Susaeta y Córdoba en las alas y Guruzeta a la espalda de Aduriz como segundo delantero. Superar a Mercado, Kjaer y Carriço con semejante artillería era poco menos que una quimera. Ni por arriba, ni por abajo. Cuando no faltaba velocidad, sobraba imprecisión.

Para colmo, a Núñez le dio por completar uno de sus peores partidos desde que está en el primer equipo. André Silva y Nolito encontraron todas las facilidades y más; casi tantas como las que tuvieron Vázquez o Roque Mesa unos metros a su espalda.

El Athletic solo consiguió acercarse al área rival a base de empuje y de voluntad, no exenta de un punto de anarquía, sobre todo por parte de Córdoba que, en más de una ocasión empezaba la jugada en su banda izquierda para terminar en el lado opuesto sin balón y, lo que es peor, sin saber cómo había llegado hasta allí ni para qué.

Daba la sensación de que el Sevilla jugaba con las manos en los bolsillos mientras que hilar algo parecido a una jugada era para el Athletic como los trabajos de Hércules. El colmo llegó al borde del descanso, cuando Aduriz logró empatar, se lesionó en el remate y el árbitro anuló el gol por un fuera de juego en la jugada previa, a instancias del VAR. Se podría discutir mucho qué se entiende por jugada previa al gol, o hasta que punto puede rebobinar el VAR una jugada, pero a estas alturas da mucha pereza.

El VAR solo es una batería de cámaras que graban la misma jugada desde diferentes puntos de vista para que acabe decidiendo un árbitro. El VAR es una herramienta en manos de un colectivo al que si algo caracteriza es su falta de uniformidad de criterio y sus decisiones aleatorias. Ponga usted una pistola en manos de un mono y verá qué pasa. Con el VAR solo han conseguido trasladar la polémica arbitral del césped a una habitación llena de pantallas.

El Athletic sí consiguió un gol válido a los cinco minutos de la continuación. Fue un clásico que teníamos prácticamente olvidado. Corner botado por Susaeta y cabezazo de San José. Se animó el personal, mustio y frío hasta entonces, pero la fiesta fue un visto y no visto. Cuatro minutos necesitó el Sevilla para volver a cobrar ventaja. André Silva se fue de los centrales en el primer balón en profundidad que le sirvieron y batió a Simón en su salida.

Como no podía ser de otra forma, el Athletic acusó el golpe y si hasta entonces su partido ya estaba siendo malo, la cosa empeoró notablemente, hasta el punto de que el silencio de la grada dio paso a algunas protestas más que justificadas.

Desde el gol de Silva quedaba prácticamente toda la segunda parte, pero el personal, que se conoce el paño, empezó a mirar el reloj, no con la ansiedad de quien teme que el tiempo se le escurra entre los dedos sin lograr el objetivo, sino con el tedio de quien está deseando que aquello acabe cuando antes y cada minuto le parece una eternidad.

El gol de Ben Yedder terminó por retratar a un Athletic que ya llevaba tiempo deseando ver el minuto 90 en la pantalla. Bien mirado, ese tercer gol despeja cualquier duda, y sobre todo, aleja de cualquier tentación de continuar con la milonga de que queda un segundo partido, de que no nos rendimos y de que mientras hay vida hay esperanza. La Copa de este año ya ha terminado para el Athletic. Ahora solo cabe esperar que el partido haya servido para que Garitano y los suyos, sepan a qué atenerse el próximo domingo.

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