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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El cambio de sistema cambia la cara del Athletic



Williams le dio el segundo gol a Aduriz después de un sprint de 40 metros en el minuto 92. Foto AC

Dejó escrito el filósofo que el corazón tiene razones que la razón ignora. Cambiemos el sustantivo corazón por fútbol. También el fútbol esconde razones que se escapan al escrutinio desde el raciocinio. Por eso este deporte sigue levantando pasiones en todo el mundo a pesar de los mercaderes que están trapicheando con su alma. El fútbol esconde una sorpresa a la vuelta de cada esquina. El Athletic, que llegaba a su partido contra el Betis sumido en una depresión de caballo, escondía un regalo para sus aficionados. De pronto, el equipo recuperó el color y ofreció a sus fieles uno de los partidos más completos de la temporada. Se dirá que tampoco es tan difícil mejorar lo padecido hasta ahora, pero menos da una piedra, oiga.

Llegaba el Athletic a su penúltima cita en San Mamés deprimido y emitiendo preocupantes signos de cisma interno. Al análisis de Rico repartiendo la responsabilidad entre una plantilla de rendimiento deficiente y un entrenador incapaz de activarla, le siguió la réplica de Ziganda reduciendo a tres jugadores, Kepa, Núñez y Córdoba, el cupo de los profesionales que han rendido de acuerdo a lo esperado. Si esto no es un cruce público de reproches se le parece bastante.

En estas condiciones y con el calendario señalando el 5 de mayo, jornada número 36 de Liga, a Ziganda se le ocurrió poner patas arriba el sistema que había empleando desde agosto y apostar por alinear a tres centrales con dos laterales, ahora llamados carrileros porque a ningún argentino se le ocurrió un insulto peor. Por ser más precisos, a Ziganda ya se le había ocurrido la idea hace tres meses, allá por el crudo febrero, en Girona, y la cosa acabó en una catástrofe de dimensiones cósmicas, lo que sin duda empujó al entrenador a descartar el invento definitivamente.

Eso creíamos todos hasta que se anunció la alineación contra el Betis. El Athletic formó con Yeray en el eje de una línea de tres centrales, con Núñez a su derecha e Iñigo a su izquierda; Lekue y Saborit en las bandas, escoltando a Beñat y Rico, con Muniain, Aduriz y Williams en el ataque. Y, mira por dónde, la cosa funcionó de maravilla.

Tan bien funcionó que en San Mamés ocurrieron cosas nunca vistas durante toda la temporada. El Athletic dominó la parcela central del campo y eso le permitió proyectarse en ataque con solvencia y protegerse con seguridad cuando no tenía el balón. En el último cuarto de hora del primer tiempo los rojiblancos fabricaron más ocasiones que en los tres meses anteriores, estrellaron dos remates en los palos y, sobre todo, dieron en todo momento una sensación de seguridad y convencimiento insólitas en todo el curso.

Enfrente estaba ese ‘euroBetis’ al que le precedía fama de practicar un fútbol de buen gusto. Apenas se pudo apreciar durante los noventa minutos. Kepa vio el partido de lejos durante todo el primer tiempo porque los de Setién apenas consiguieron enlazar algunas series de pasecitos cortos al pie de los que no te llevan a ninguna parte.

Decíamos que el fútbol tiene razones que la razón ignora. El manojo de nervios e inseguridades que fue el Athletic en las visitas del Deportivo y el Levante, el equipo empeñado en su autodestrucción, dio paso a un grupo de futbolistas que practicaban un juego coherente. Hay cosas que no pueden cambiar de la noche a la mañana, y menudearon los pases al amigo invisible, las imprecisiones y los centros al bulto, o sea, contra el cuerpo del defensor. Pero el equipo se sobreponía al error y a nadie le temblaban las piernas para intentarlo de nuevo. Lekue fue el paradigma. Fueron incontables los balonazos que le atizó al bético que se le ponía enfrente cada vez que se aprestaba a centrar, pero no por ello dejó de progresar por la banda e intentarlo una y otra vez. Al final consiguió el premio al que se hizo acreedor por su insistencia y en el minuto 76 protagonizó una gran jugada individual para poner el balón en la cabeza de Muniain, desmarcado en el segundo palo, para abrir por fin el marcador. Le costó una hora larga afinar, pero ya se sabe que nunca es tarde si la dicha es buena. Si Saborit le hubiera secundado por la otra banda la felicidad hubiera sido completa, pero tampoco nos vamos a poner exigentes a estas alturas.

Los seguidores del Athletic, unos benditos, tuvieron por fin motivos para aplaudir cosas más sustanciosas que un saque de banda. Al primer tiempo solo le faltó el gol, pero las ocasiones, los remates al palo y hasta un tanto anulado a Aduriz por el árbitro, devolvieron la sonrisa a la grada. La entrega del One club man award a Puyol en el descanso, fue una fiesta y aunque en el segundo tiempo pareció que al Athletic se le estaban acabando las ideas, los dos goles en el tramo final encendieron definitivamente a un personal que no ha tenido más que disgustos en los últimos tiempos.

El cambio de sistema surtió efecto, pero también se detectó un cambio en la actitud de los jugadores. Nunca se les podrá reprochar a los leones su falta de entrega. Lo podrán hacer peor o mejor, pero correr, corren siempre. Ocurre que cuando además de correr saben a dónde van, las cosas ruedan mucho mejor. Al equipo se le vio otro talante, más optimista, más convencido de lo que estaba haciendo, y lo que ocurría en el césped se transmitió a una grada que celebró el gol de Muniain como si decidiera una final.

El Athletic sufrió los últimos diez minutos el acoso de un Betis que no se resignaba a la derrota y padeció, sobre todo, tres saques de esquina consecutivos que sembraron el pánico en el área,  incluyendo un gol anulado y un balón al larguero. En estos tiempos en los que todo se analiza y desmenuza ante la pantalla del ordenador pareció que los jugadores del Athletic no habían estudiado cómo saca de esquina el Betis.

Entre corner y corner Kepa hizo la parada del partido desviando en la escuadra un zapatazo de Fabián y se lució en una palomita en otro disparo de Bartra. Lo estaba pasando mal el Athletic cuando llegó la última jugada del partido, que resume lo que aconteció durante los noventa minutos anteriores. Williams no dudó en marcarse un sprint de cuarenta metros para rescatar sobre la cal un balón que se perdía por la banda, acción que el público celebró como si se tratara de un gol. Todavía le quedaron arrestos para entrar en el área, mirar y dársela al pie a Aduriz para que el delantero marcara su gol número 20 del curso. Fue el apoteosis. La fe de Williams para lanzarse a semejante carrera en el minuto 92 en pos de un balón que todo el mundo daba por perdido,  y la ambición de Aduriz para acudir al área a buscar el remate, condensan lo que fue el Athletic en este partido. Viendo lo que puede dar de sí este equipo, duelen más los espectáculos que nos ha deparado durante todo el año.

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