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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El enemigo en casa



Lo ocurrido en Anoeta requiere una reflexión profunda de toda la sociedad. Foto MITXI

Lo ocurrido en Anoeta requiere una reflexión profunda de toda la sociedad. Foto MITXI

No será porque no estuviéramos avisados. Lo que ocurrió el pasado sábado en Anoeta durante el partido de la selección de Euskadi fue solo la versión corregida y aumentada de lo que ha venido ocurriendo todos estos últimos años, salvo alguna rara excepción. Fue la constatación del fracaso de un modelo. Parafraseando a Josu Urrutia, fue un golpe en la línea de flotación de la reivindicación de la oficialidad de la selección.

Dos días después de consumado el desastre, todavía colean sus consecuencias. El debate se está centrando en la actuación (o la inacción) de la ertzaintza y en la adjudicación de responsabilidades sobre los que debieron velar por la seguridad en el estadio. Por muy graves que fueran los fallos de los profesionales, centrar el debate solo en ese apartado, sería quedarnos en la espuma y no entrar en el fondo de la cuestión. Los primeros responsables de lo ocurrido fueron quienes acudieron al partido pertrechados de bengalas y petardos, quienes los encendieron y quienes los arrojaron; harían bien algunos dirigentes políticos en asumir esa realidad como cuestión previa antes de iniciar cualquier debate o sacar a pasear el dedo acusador. Y esa realidad, por desgracia, no era novedosa en una cita de la selección.

Quedan muy atrás los tiempos en los que el partido de la selección de Euskadi era un acontecimiento deportivo ilusionante que llevaba implícita una importante carga reivindicativa e ideológica. Tiempos en los que se miraba la composición del combinado vasco, se analizaba al rival y se acudía al campo con la ilusión de demostrar que Euskadi tiene el potencial futbolístico suficiente y el respaldo popular necesario para reivindicar un sitio en el escenario internacional. Quizá los choques que disputaron Euskadi y Catalunya hace unos años supusieron el último exponente de lo aquí expuesto, pero fueron una excepción apenas vislumbrada en medio del humo de las bengalas.

El asunto es mucho más profundo que los incidentes que ocurrieron en Anoeta. No hace falta ser sociólogo para observar cómo con el paso de los años, históricas citas reivindicativas de la sociedad vasca han acabado convertidas en simples macrobotellones o fiestas iniciáticas para adolescentes, prácticamente vaciadas del contenido que las impulsó en sus primeros tiempos, recordado únicamente por ‘carrozas’ cada vez más marginados de una fiesta que ya no es suya. Los organizadores de Kilometroak, Ibilaldia y demás actos multitudinarios en favor del euskera saben algo de esto y llevan tiempo tratando de reorientar el asunto.

No nos engañemos. Hace tiempo que el partido de la selección de Euskadi no es más que otro día de juerga en el calendario festivo navideño. Es lo que tiene la rutina y la constatación de que la celebración anual de este partido sirve para poco más que para hacer una taquilla que alegre las escuálidas arcas de una Federación Vasca de fútbol, que no deja de ser un apéndice de la Federación Española; el mero resultado de adecuar las estructuras federativas al dibujo político del país. La Federación Vasca no ha liderado, ni nunca lo hará, la reivindicación de la oficialidad, sencillamente porque ni es su papel ni puede hacerlo. Esa tarea corresponde a instancias políticas que, admitámoslo, hasta el momento, tampoco han demostrado ni ganas ni imaginación para esquivar la pared con la que choca el tren de la reivindicación si se empeña en circular por el único carril de la legislación vigente.

Cuando por culpa del debate sobre el nombre de la selección el partido navideño dejó de jugarse, uno de los reproches más repetidos que se dirigieron hacia quienes provocaron aquel debate, fue que la Federación dejaba de percibir unos ingresos importantes que revertían en el fútbol vasco. Siendo esto cierto, no puede ser más errado el análisis de quien reduce el papel de la selección a una simple herramienta recaudatoria. Si en los despachos se mira a la selección solo como una caja registradora no debe extrañarnos que en la calle haya quien la mire y solo vea una caja de cerveza.

Lo ocurrido en Anoeta debe ser el punto de partida de una reflexión profunda que atañe a toda la sociedad. Y los más cercanos a los de las bengalas tienen la obligación de ser los primeros en explicarles que flaco favor le hacen a la reivindicación con su comportamiento. El gamberrismo es solo gamberrismo, se vista de chupa negra o de rojo, blanco y verde. Con amigos así no necesitamos enemigos; nos bastamos y nos sobramos solitos.

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2 Comentarios

  1. URTE BERRI ON GUZTIOI ta bereziki juancar-ri.
    Eutsi gogor lanean ta gora athletik!!!!!

  2. Guztiz ados.