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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El fraude de Mateu Lahoz




Antonio Miguel Mateu Lahoz era un árbitro más de Primera División, a la que ascendió en el curso 2008-2009, hasta que Mourinho apadrinó su salto a la fama después de un Real Sociedad-Real Madrid de la temporada 2010-2011. El técnico portugués alabó la forma de arbitrar del colegiado valenciano, de un cierto estilo inglés se decía, lo que convirtió a Mateu en el árbitro de moda, centro de atención y objetivo de las cámaras. Hubo otros entrenadores que no se mostraron tan favorables a su modo de dirigir los partidos, pero su opinión no se tuvo tan en cuenta como la del técnico del Real Madrid.

Probablemente, si Mateu Lahoz hubiera seguido siendo un árbitro más, con alguna peculiaridad a la hora de pitar, como otros colegas tienen las suyas propias, el colegiado valenciano hubiera acabado siendo un buen árbitro, quizá uno de los mejores del cuadro. Pero los focos han podido con él. Nada hay peor que un árbitro protagonista y a Mateu Lahoz le han convertido en la estrellita de muchos partidos, probablemente muy a su pesar.

Todos los árbitros tienen sus peculiaridades y sus manías, que no suelen trascender al gran público, pero que son muy conocidas en todos los vestuarios. Los futbolistas saben qué colegiado es rápido con las tarjetas, quién admite una crítica sobre la marcha y quién se toma el mínimo comentario como una ofensa personal. De Mateu se sabía que era de los que dejaba jugar porque afinaba mucho a la hora de pitar una falta.

Hubiera sido estupendo de no ser porque de pronto Mateu Lahoz sintió la presión de todos las cámaras de televisión sobre su cabeza. Lo suyo dejó de ser un arbitraje natural para convertirse en impostado. Desde que Mourinho habló tan bien de su estilo, se vio obligado a corresponder en cada partido a la fama que le precedía, hasta el punto de que empezó a dejar de señalar faltas que el sentido común aconsejaba pitar. Una cosa es dejar jugar y entender el fútbol como un deporte de contacto, y otra muy distinta relajar el nivel de disciplina hasta extremos peligrosos.

Hubiera sido hasta tolerable que Mateu Lahoz pecara por exceso, al fin y al cabo estaríamos hablando de su criterio, pero los hechos han demostrado que a la hora de la verdad, el árbitro valenciano no es tan distinto al resto de sus colegas; como ellos, también sabe distinguir a la primera el escudo que luce en las camisetas de los equipos que arbitra.

Los árbitros españoles no son peores que los que pitan en otras ligas, como podemos comprobar en cualquier partido de competición internacional, bien sea de clubes o de selecciones. Todos alternan errores y aciertos similares, igual de escandalosos a veces, como algunos penaltis que se han ido al limbo pese a la presencia de un nuevo juez de gol a tres metros del infractor, descansado, ajeno al estrés del árbitro principal y perfectamente situado.

Si los árbitros españoles parecen peores que sus colegas de otros países es porque están sometidos a un escrutinio constante que no se produce en otras competiciones. En Italia, Francia, Alemania o ya no digamos Inglaterra, los errores de los árbitros se admiten como otro accidente del juego, como el balón que da en el poste, o el rebote desafortunado. En muchas crónicas de prensa, su nombre ni aparece. Es un secundario en un espectáculo donde los protagonistas son los futbolistas.

En la Liga española el árbitro es culpable por definición, y el dedo acusador adquiere proporciones gigantescas cuando el Real Madrid o el Barcelona andan por medio. La categoría de un colegiado no se mide cuando imparte justicia entre dos equipos de rango similar, ni cuando dirige uno de esos partidos del siglo que blancos y azulgranas juegan por lo menos dos veces al año, porque seguramente lo hará más que aceptablemente, repartiendo los errores de forma equitativa. La personalidad de los del silbato se calibra cuando tienen que impartir justicia en un partido entre desiguales, léase, Madrid o Barcelona contra cualquier otro. Y ahí, Mateu Lahoz ha demostrado que es como todos los demás incluso a la hora de aplicar su peculiar criterio.

Hace una semana, se retiró al descanso en medio de la protesta de San Mamés en un Athletic-Málaga en el que apenas se produjeron jugadas conflictivas. La grada le censuró fundamentalmente su érratico criterio a la hora de amonestar a los jugadores. Pecata minuta si se recuerdan algunos episodios de este árbitro con el Athletic cuando se ha enfrentado al Real Madrid o al Barcelona. Dos expulsiones, once amonestaciones y tres penaltis en contra de los rojiblancos completan su obra en cinco partidos. No está nada mal para el apóstol del “siga, siga”.

Este sábado le ha tocado al Sevilla, que se quedó en inferioridad ante el Barcelona, por expulsión de Medel cuando quedaban veinte minutos de partido, en una acción calcada a otra que Mateu resolvió hace dos años repartiendo dos amarillas, una a cada protagonista, agresor y agredido, en un Barcelona-Athletic. Las imágenes que encabezan este texto son lo suficientemente explícitas. En el segundo video, Mateu no solo señala penalti en una acción que no hubiera pitado en el centro del campo, sino que elige el castigo más duro para el equipo infractor. En lugar de aplicar la ley de la ventaja y conceder el gol, lo anula por el penalti y la consiguiente expulsión. Hay que recordar que en el mismo partido ya había señalado otro penalti por un agarrón que probablemente le hubiera pasado desapercibido en otra zona del campo.

El día en el que Mateu Lahoz tome este tipo de decisiones en sentido contrario, se podrá empezar a creer en su aportación al arbitraje. Mientras tanto, es inevitable seguir pensando que es un fraude, como lo fueron otros muchos que le precedieron.

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Un comentario

  1. No dejas de sorprenderme JUANCAR, a mi me da que el proceso que vivimos en EH debe contener componentes viricos y alguno de los dos se ha contagiado. Tú viste el sabado errores graves de arbitraje?????? por dios, si ya nos cargamos al único arbitro “europeo” que tenemos….. pues ala, a premiar el arbitraje carpetovetónico de toda la vida.
    Desde el cariño JUANCAR, me dejas de piedra….