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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El fútbol que les viene bien a ellos



La televisión está alejando de los estadios a los aficionados con sus horarios.

La televisión está alejando de los estadios a los aficionados con sus horarios.

El Athletic es el rey de los lunes. No hay otro equipo en el mundo profesional con tanta presencia en los partidos que cierran la jornada el primer día de la siguiente semana. Si el supuesto interés de los gestores del fútbol en jugar los domingos al mediodía o a primera hora de la tarde se debe al impulso que tienen esos horarios en el mercado asiático, bien se podría concluir que en Asia no saben del Athletic, que nunca juega en atención al calendario chino. Y por virtud de las audiencias, que es lo que marca estas decisiones, seguirá así buena parte de la primera vuelta, que en la segunda, a medida que vayan eliminándose los equipos europeos, el potencial reparto de televidentes irá en aumento detrás de los colores de otros equipos. Ahora bien, lo que han dañado hasta la fecha entre RFEF y LPF no lo salvará nadie.

El aspecto de la grada del Coliseum Alfonso Pérez de Getafe el próximo 28 de octubre puede ser dantesco: quizá sumando a futbolistas, periodistas y directivos haya más gente que hinchas locales repartidos en los siempre vacíos asientos del escenario que se levanta en el Sur de Madrid.

El fútbol de los lunes, el que arranca los viernes y salpica el fin de semana con más horarios que proyecciones de películas en un viejo cine de sesión continua, es el fútbol que quieren y han querido los dirigentes de los clubes, que son los que lo han permitido. Así que cuando les escuchen protestar, que suele ser pocas veces, adviertan que lo hacen con la boca pequeña o víctimas del calentón del momento, que cuando reflexionen se darán cuenta de que no tienen mucho para decir porque es lo que ellos han propuesto.

El fútbol español está en manos de la RFEF, que pasa por ser una de las empresas más solventes del estado, y la LFP, organismo creado por los clubes para….para vaya usted a saber bien qué. La presidencia de la RFEF es cosa de Ángel María Villar, que para muchos de los que acuden cada domingo a los campos de fútbol con la camiseta de su club es el único presidente del fútbol patrio que conocen, puesto que está en el cargo desde 1988. Ha habido procesos absolutistas con menos recorrido en otros ámbitos, como es el caso de la política. Ha superado con creces seis procesos de reelección y, en esas condiciones, no hay persona que pueda discutir su legitimidad. Le votan presidentes, jugadores y árbitros. Claro está, quizá a todo eso ayude que tiene una junta directiva con cuatro vicepresidentes y ¡51! vocales o directivos. Entre ellos, ex dirigentes de clubes a los que no quieren ver ni en los lugares que presidían, como es el caso del ex presidente del Racing Francisco Pernía, el mismo que negoció la venta del club que representaba con el impostor Ali Syed. El acta fundacional de la propia junta directiva es, trasladado al fútbol, muy parecido al consejo de asesores de Kim-Jong-Un, todopoderoso mandatario de Corea del Norte. Solo hay que advertir que en el reglamento de la RFEF, al hablar de la constitución de la junta, se detalla que “el número de sus miembros lo determina el Presidente, que designa a todos ellos. También le corresponde su remoción”.

Entre esos ilustres que han continuado su vida de gestión deportiva en la RFEF se han encontrado el ganadero Luis Uranga, ex presidente de la Real Sociedad, y Pedro Cortés, ex dirigente del Valencia. Los dos se hicieron muy populares en los últimos éxitos de la selección por convivir con el grupo y vestir chándal en las concentraciones de Eurocopas y Mundial gracias a su condición de delegados federativos. Uno de ellos, además, pasaba por ser un contachistes de muy mal gusto y nula gracia del que los jugadores escapaban en cuanto tenían ocasión.

Habrá que suponer que es lo que quieren presidentes, futbolistas, entrenadores y árbitros, que son los que votan en la RFEF. Y los que, curiosamente, se entremezclan con las estructuras de poder. Ahí está, por ejemplo, Victoriano Sánchez Armino, árbitro de Primera División hasta 1989, asesor del extinto Comité de Designación al poco de colgar el silbato y presidente, por decisión de Villar, del Comité Técnico de Árbitros desde 1993. El cántabro compartirá reuniones con José Luis Astiazarán, prototipo de gestor deportivo aunque solo sea por la cantidad de cargos que ha desempeñado: el ex presidente de la Real se inició en 1992 como consejero del conjunto donostiarra bajo la presidencia de Luis Uranga y en 2001 se convirtió en presidente del club txuriurdin. En 2005, con la segura presidencia de la LFP a la vista, anunció que no se presentaría a la reelección. En 2008, Villar le nombró vicepresidente de la RFEF, por lo que durante cinco años, hasta 2013, los dos organismos que dirigen el fútbol tuvieron una conexión directa. Astiazarán dejó la LFP la pasada temporada, pero sigue en la RFEF.

Los presidentes de Primera y Segunda División se da por hecho que aplauden con las orejas toda la gestión de sus mandatarios porque, además de elegirlos, los promocionan. Es el caso de Javier Tebas, ahora máximo responsable de la LFP y azote de las críticas de los horarios, aunque su buena cara pueda invitar a pensar lo contrario. Tebas desembarcó en la Liga de Fútbol Profesional en 2001 como representante del Badajoz y entre los futboleros también es conocido por haber sido asesor de clubes en problemas como Mallorca, Betis, Xerez o Rayo, abogado y representante de Dimitry Piterman y cabeza visible del G30, otrora grupo de presión creado entre clubes de Primera y Segunda División “para la negociación conjunta de los derechos de televisión y conseguir un reparto más equitativo”. A la vista está que los principios asamblearios de aquella orgullosa constitución del grupo podrían quemarse por desvencijados y obsoletos. No obstante, desde abril de 2013, y como candidato único tras conseguir el aval de 32 de los 42 clubes representados en la LFP, Javier Tebas es el presidente de la Liga. Así que el fútbol (al menos el de los dirigentes) tiene lo que se merece porque es lo que ellos han querido.

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