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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

La entrevista y el sucedáneo



Qué lejos quedan los tiempos en los que a un entrenador le cogías en el aparcamiento o en la puerta del vestuario y así, como quien no quiere la cosa, le calzabas una entrevista de doble página y llamada en portada. El propio Ernesto Valverde conoció esos tiempos cuando vestía de corto e incluso cuando hizo sus primeras armas en el banquillo. Pero los tiempos cambian y no siempre necesariamente para bien, aunque tampoco tiempos pasados fueron siempre mejores, aunque así lo creamos probablemente porque éramos más jóvenes y la cosas se ven de otra manera con más pelo y sin presbicia.

El Athletic y Valverde han inaugurado estos días la modalidad de entrevista vía twitter y respondida en video. Para que luego digan que el Athletic no es un club moderno. Tampoco es una fórmula novedosa porque, no vamos a engañarnos, inventar algo en estos tiempos es mucho más difícil que en los años de Edison, que fue el que inventó la bombilla, símbolo de las ideas más brillantes dibujada encima de una cabeza pensante, según nos enseñó el TBO. No es del todo novedosa, pero también hay que saber andar listos a la hora de copiar a los que van por delante.

La fórmula puesta en práctica por el Athletic y su entrenador no está del todo mal para matar el rato. Pero eso se parece a una entrevista lo mismo que el surimi se parece a las angulas o al chatka. No pasa de sucedáneo; moderno y tecnológico, pero sucedáneo. Como el surimi. Lo malo es que a este paso las generaciones jóvenes que no han conocido el producto original acabarán creyendo que el sucedáneo es lo auténtico; la señal que certificará que se ha producido el prodigio será cuando alguien alumbre un nombre que sustituya al término entrevista con la misma visión de futuro que tuvo el primer tabernero que escribió la palabra txaka en la pizarra del bar, momento en el que la imitación adquirió carta de naturaleza.

Valverde se ha convertido en un nuevo hermano de esta peculiar cofradía del silencio y explica sus razones que, por otra parte, a nadie se le escapan. Lo de la multiplicación de los panes y los peces fue una obra de prestidigitador mediocre al lado de la multiplicación de medios de comunicación a la que hemos asistido en los ultimos años; medios celosos de su trascendencia, insaciables buscadores de exclusivas y primicias, que no son los diezmos y primicias que cobraba la iglesia católica, aunque a veces se parezcan en la factura.

Si un entrenador de hoy en día se dedicara a conceder entrevistas, guardando el debido orden, sin herir suceptibilidades ni inferir agravios comparativos, tendría que dejar los entrenamientos al cargo de sus ayudantes y dedicarse a los micrófonos a tiempo completo. Lo confiesa el propio Ernesto en el video, como disculpándose, como si tuviera que explicar algo que es tan evidente.

Vivimos tiempos en los que el presidente del gobierno da ruedas de prensa a través de una pantalla de plasma y cada vez más políticos convocan ruedas de prensa sin preguntas a las que acuden dóciles los medios. Valverde ya ha probado la experiencia de la entrevista virtual pero, de momento, sigue apareciendo en carne mortal en la sala de prensa y admitiendo preguntas, que no es poco en nuestros días.

Sustituir la entrevista profesional por esta especie de cineforum cibernético otorga al entrenador una apariencia de cercanía con la afición, que le puede preguntar sin necesidad de intermediarios. Lo que la afición no puede evitar es la mano del que escoge qué preguntas llegarán a su destino y cuáles no. Y lo que de ningún modo se puede practicar en este formato es la pregunta al hilo de una respuesta. Es difícil de creer que a ninguno de los participantes se la haya ocurrido preguntar sobre algunas cuestiones como el papel de Etxeita, por ejemplo.

Pero bueno, algo hemos mejorado. Hace algunos años el Athletic también hizo un ensayo de entrevista multitudinaria y popular. No había internet, ni teléfonos móviles; ni siquiera surimi, creo recordar, así que la cosa fue más pedestre: sentaron a Heynckes en una mesa en el pabellón cubierto de Lezama delante de una bonita concurrencia de socios. Lo vendieron como un ejercicio de transparencia, como la sublimación de la cercanía del club y el entrenador de su primer equipo con los socios. Una comunión, vamos. La cosa se pareció muchísimo al capítulo de ruegos y preguntas de cualquier asamblea de compromisarios. La única pregunta que recuerdo de aquel conciliábulo fue la de un socio que pidió que Heynckes le explicara la razón por la que los porteros del Athletic ya no sacaban con la mano como hacía Iribar en sus tiempos. Nunca más se repitió aquella experiencia.

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