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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El punto de los proscritos



La tercera presencia consecutiva de Etxeita volvió a acabar con el marcador a cero. Foto AC

La tercera presencia consecutiva de Etxeita volvió a acabar con el marcador a cero. Foto AC

El Athletic ha sumado cuatro puntos contra el Sevilla y el Valencia. Hace apenas tres semanas, después de ceder un empate ante el Celta, la parroquia temblaba ante la perspectiva de un desplazamiento a Almería y los compromisos consecutivos ante dos de los equipos más fuertes en el arranque del campeonato. Desde entonces, el Athletic ha sumado siete puntos y ha terminado su tercer partido consecutivo sin encajar un gol. Afortunadamente para los rojiblancos, el mazazo que les propinó el Oporto solo provocó daños en su orgullo, que no es poco. En cuanto a fútbol, el partido de la Champions fue un paréntesis negro entre las luces que se encendieron el día del Sevilla y la confirmación en Valencia de que el equipo sigue en el buen camino en la Liga.

Probablemente, el día del Oporto el personal de la grada recibió como una ducha fría la noticia de la alineación que presentaba Valverde para la ocasión. Cuando el club anunció el once para encarar el compromiso de Mestalla, alguno debió sufrir un vahído. Si el entrenador se había liado la manta a la cabeza para recibir al Oporto, su apuesta ante el Valencia planteaba dudas de mayor calado. La historia ya venía con la convocatoria de Sola, y continuó con la desaparición de la lista definitiva de Susaeta y Aketxe. Lo del segundo puede ser comprensible; lo de Markel, el titular más fijo de los últimos tres entrenadores del Athletic excedía incluso la calificación de sorpresa.

Si la composición de la convocatoria ya era para hacérselo mirar, la alineación titular rompía con todo lo establecido hasta la fecha, con la titularidad de Viguera y el regreso al equipo de Unai López, desaparecido desde el 5 de octubre. Seguía Guillermo como titular y compartían alineación Iraola y De Marcos, así que cabían múltiples combinaciones.

La primera impresión a la vista del equipo era que el Valverde había apostado por un cambio radical y que salga el sol por Antequera. Se jugaba mucho el técnico tras el fiasco del miércoles y afortunadamente la moneda cayó de cara. Guillermo en punta, Unai y Viguera en las bandas y De Marcos a la espalda del delantero centro, formaron un esquema insólito con los dos jugadores de las bandas en posiciones que no son las más idóneas para sus características. Sin embargo, su propia inercia les llevó a más de una permuta buscando sus espacios naturales, movimientos que tuvieron su incidencia en el fútbol-control que desarrolló el Athletic durante muchos minutos.

El fútbol es un juego impredecible y por eso las quinielas siempre tendrán su clientela. El Valencia había ganado con mucha solvencia todos sus partidos en casa y de sumar los tres puntos se situaba en segunda posición. Muy bien. El Sevilla también vino a San Mamés en busca del liderato y salió trasquilado. Este Athletic de circunstancias, casi improvisado, se puso a mover la pelota y enfrió el partido desde el primer minuto hasta acabar desactivando a su poderoso rival.

Al Valencia le costó un cuarto de hora largo cobrar su primer remate sobre la portería de Iraizoz, un disparo flojo de Rodrigo ajustado a la base del palo. Tuvo alguna más el equipo de casa, como un cabezazo alto de Alcacer a balón parado mientras la defensa reclamaba fuera de juego, o un disparo de Piatti repelido por Iraizoz, quizá la situación de mayor peligro de todo el partido, junto con un remate horroroso de André Gómez desde la frontal.

En cualquier caso, poca cosa para lo que se podía temer. El problema del Athletic a lo largo de todo el partido fue que jugó con un equipo repleto de medias puntas, lo que mejoraba muchísimo la elaboración, pero dejaba al equipo sin filo para dar el paso definitivo hacia la portería rival. Unai filtró tres balones excelentes, pero ni Viguera ni Rico llegaron a tiempo y el cabezazo de De Marcos se fue demasiado desviado.

Los olvidados por Valverde fueron creciendo a medida que comprobaban que podían ganarse un sitio al sol. Pero lo mejor estaba todavía por llegar. Las circunstancias del partido obligaron al técnico a recurrir a toda la nómina de delanteros centros que vive a la sombra del indiscutible Aduriz. Empezó Guillermo, pero el chaval acusó algún problema muscular y tuvo que abandonar antes del descanso. Nueva vuelta de tuerca. Salió Beñat para situarse en la media punta, Viguera se colocó como ariete y De Marcos se fue a la banda derecha para que Unai pasara a la izquierda.

Los cambios mejoraron el equipo. Beñat aportó más pausa y sentido, De Marcos tapó las subidas de Gayá y Unai siguió aportando detalles de calidad. Viguera, por su parte, se desenvolvió con más naturalidad en la media luna del área. Si el Valencia solo se había acercado con cierto peligro en tres ocasiones durante el primer tiempo, tras el descanso solo alcanzó a mirar de lejos a Iraizoz. Ni el recurso de Negredo ni el de Carles Gil alteraron la organización el Athletic, bien sustentada en el trabajo a destajo de Rico y en un Iturraspe mucho más entonado. Por detrás Balenziaga tapaba al habitualmente peligroso Feghouli, Iraola ponía veteranía en el otro lado y Laporte y Etxeita echaban el candado por tercer partido consecutivo.

El desfile de los proscritos se cerró en el minuto 77, cuando Kike Sola sustituyó a su compañero de fatigas, Viguera. Si el fútbol es impredecible, los entrenadores son una caja de sorpresas con piernas. El Athletic sumó un punto de gran valor gracias al trabajo de algunos de sus futbolistas más olvidados y de otros que van y vienen, entran y salen y tienen que buscarse la vida no donde mejor les va, sino en el primer hueco que encuentran. Lo que empezó sonando a improvisación, a experimento a ver qué pasa, terminó en el mejor partido del Athletic lejos de San Mamés. Hubiera sido el colmo que Etxeita repitiera suerte marcando el gol del triunfo en el último suspiro, pero Diego Alves rechazó su remate con la cara.

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Un comentario

  1. Aún así, tengo la impresión de esa manta que no cubre todo: defensa mejor, pero romos en ataque. Más allá del 0-0, complicado.
    Eso sí, otro gallo cantaría con partidos así… con el Bate, sin ir más lejos.