Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El valor de la pretemporada



Lezama vivió el año pasado el verano más tormentoso de su historia. Foto MITXI

Lezama vivió el año pasado el verano más tormentoso de su historia. Foto MITXI

“El éxito de un equipo, insisto, radica en que confluyan en él energías positivas de todos los ámbitos. No sólo cuenta la preparación física o táctica, también la aportación de directivos, periodistas, aficionados… Cuando confluyen los valores individuales con los colectivos, hay un progreso. De lo contrario, no se sigue por el buen camino”. Esta argumentación lleva la firma de Paco Seirul.lo, veterano de los banquillos en el fútbol profesional desde su parcela de preparador físico. Llegó al Barça a finales de los 70 y desde 1994 ha estado al frente de la primera plantilla azulgrana. Vivió el boom de Cruyff y fue una de las almas del maravilloso equipo que tejió Guardiola. Uno de los imprescindibles.

Seirul.lo, que se las ha visto con técnicos de carácter y ha conseguido convencer a grandes estrellas del balón de que no serán nada sin el trabajo diario, conoce muy bien el valor de las pretemporadas: entre cuatro y seis semanas de entrenamiento en periodo vacacional que sirven para activar al grupo de cara a lo que vendrá por detrás. Pero mucho más que por la carga física, el modelo de pretemporada que defiende se establece en el compromiso, el convencimiento y la solidaridad. En resumen, solidificar las estructuras del vestuario al tiempo que técnico y jugadores aprovechan para encontrar un camino de ilusión.

El Athletic piensa ya en cómo será su pretemporada. En hacerla y en dirigirla. En el club tienen muy presente que lo vivido el pasado mes de julio no puede volver a repetirse. Y es que el mal año de los rojiblancos ha sido fiel reflejo de una pretemporada repleta de aristas cortantes. Después de muchos años realizando concentraciones a distancia de Bilbao, Bielsa decidió que nada mejor que Lezama para empezar a caminar juntos en una campaña que tenía que ser la continuidad de lo hecho con anterioridad. El rosarino creía que convenía mantener a los suyos en su hábitat natural y, a la vez, permitía que la hinchada continuara pegada al grupo siguiendo los entrenamientos en Lezama. La decisión también avalaba la capacidad de Lezama como centro de alto rendimiento. Lo prestigiaba. Claro está, lo que imaginó el argentino en las apenas dos semanas y media que estuvo de vacaciones en Rosario, donde a cualquier hora del día se comunicaba con José María Amorrortu para interesarse por la disponibilidad de un complejo que estaba en obras, fue muy distante a lo que se encontró de vuelta. Se creyó en precario. Estafado.

La crisis de las obras fue uno de los puntos más aciagos de la pretemporada. Inimaginable. Igual que la situación en la que quedaron los jugadores. A principios de agosto se supo que Javi Martínez estaba en el punto de mira del Bayern y que Fernando Llorente había rechazado la opción de renovar. Entonces, la cercanía con la hinchada, un aspecto que se había valorado en positivo, se convirtió en suciedad cuando los futbolistas con ganas de salir se convirtieron en proscritos y recibieron críticas en mitad de las sesiones de entrenamiento.
Los rojiblancos apenas salieron de Lezama más que para jugar partidos y en contraposición con lo ocurrido en otras ocasiones tampoco hubo gira de amistosos. Cuando jugaba, el Athletic viajaba un día antes y volvía nada más concluir el partido o al día siguiente. Lo que se había organizado como un plan perfecto para vivir más tiempo en la comodidad del hogar se mudó en la inquietud de saber si al día siguiente habría protestas en Lezama o si a Bielsa le daría por pegar otro meneo institucional porque las obras continuaban sin avanzar tanto como le hubiera gustado.

La experiencia de quedarse en casa resultó, en cierta medida, decepcionante. Sin efectos positivos, que es lo que se había buscado. Así que la dirección deportiva del club está dispuesta a enmendar errores y el próximo verano el Athletic repartirá sus entrenamientos con un stage al uso de cerca de dos semanas de duración en un lugar reservado para la ocasión y la actividad en Lezama. La medida permitirá que técnicos y jugadores empasten con el orden que siempre establece una concentración. También servirá de refresco para los aficionados, que en realidad son los primeros que tienen que recibir estímulos de ilusión. La distancia aumenta las sensaciones y acumular trabajo lejos de Bilbao puede resultar doblemente beneficioso. A la vuelta, la hinchada recibirá nuevos estímulos para ir a Lezama. Aumentados todavía más si durante la concentración veraniega el Athletic de la próxima temporada tiene la oportunidad de golear a alguno de sus primeros rivales, por mucho que éste se pierda en la clasificación de una liga sin magia. Y es que a esas alturas del verano, las victorias contra equipos de la tercera división alemana se regalan a los ojos de la afición como los pilares que construirán un año de éxito.

“El éxito de un equipo, insisto, radica en que confluyan en él energías positivas de todos los ámbitos. No sólo cuenta la preparación física o táctica, también la aportación de directivos, periodistas, aficionados… Cuando confluyen los valores individuales con los colectivos, hay un progreso. De lo contrario, no se sigue por el buen camino”.

Share This: