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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Emigrantes del baloncesto vizcaino



Javi Salgado, uno de los últimos emigrantes del baloncesto de Bizkaia, que sigue en la élite. Foto ACB

Javi Salgado, uno de los últimos emigrantes del baloncesto de Bizkaia, que sigue en la élite. Foto ACB

Los equipos vizcainos concluyeron hace unas semanas sus temporadas y ya preparan la siguiente, en algunos casos como el del Zornotza y el Ibaizabal con una dura tarea para culminar el sueño de sus respectivos y bien ganados ascensos. Es también el momento en que los jugadores se dividen entre aquellos que esperan acontecimientos y aquellos que se mueven en busca de un futuro distinto. El baloncesto masculino de Bizkaia ofrece varias opciones por debajo del Bilbao Basket, pero Jorge Bilbao ha decidido convertirse en un emigrante. Este ala-pívot de 18 años formado en la cantera de Loiola Indautxu jugará la próxima temporada, y probablemente las tres siguientes, en la Universidad de Texas-Arlington.

La decisión del chaval y su familia está plenamente justificada en estos tiempos ya que en Estados Unidos podrá compaginar los estudios y el deporte y cuando regrese lo hará sólidamente formado en ambos aspectos. Un coetáneo suyo, el guipuzcoano Aitor Zubizarreta, ha tomado idéntico camino y jugará en la Universidad de Portland. Bilbao ha explorado varias opciones, pero ha elegido el campus texano donde ejerce de segundo entrenador Andrae Paterson, pívot del Estudiantes que quedó subcampeón de la Liga ACB en 2004. El jugador indautxutarra, brillante entre los de su generación y con un buen armazón físico, sabe que el salto al profesionalismo es ahora complicado en Bizkaia y aprovechará el tiempo para mejorar su juego, que quiere conducir hacia la posición de alero.

Jorge Bilbao probará suerte en la universidad de Texas-Arlington

Jorge Bilbao probará suerte en la universidad de Texas-Arlington

Otro joven bilbaino, Derlis Chávez, se ha lanzado a una aventura temporal en Paraguay, donde tiene raíces familiares. Este ala-pívot de 17 años se ha incorporado al Libertad de Asunción que dirige el bilbaino Jorge Elordui como paso previo a tratar de ganarse un puesto en la selección U17 de ese país que disputará en julio el Sudamericano. Chávez volverá a Bizkaia después de dejar su currículo en un baloncesto de inferior nivel, pero que puede ser otra buena opción en este futuro incierto que espera a las jóvenes generaciones.

De todas formas, estos dos casos no son los primeros de jugadores de Bizkaia que han tenido que emigrar, por necesidad, para disfrutar de mejores oportunidades deportivas de las que tradicionalmente ha ofrecido el baloncesto del territorio. Ha pasado desde los tiempos de Emiliano Rodríguez, que hace más de 50 años abandonó el patio de Escolapios para marchar al Aismalibar catalán y luego convertirse en una de las leyendas del Real Madrid. Parecida consideración se ganó Juanma López Iturriaga, que hizo toda su carrera profesional en el conjunto blanco, salvo sus dos últimas temporadas que cubrió en el Cajabilbao antes de retirarse.

Este repaso debe detenerse también en las figuras de dos pívots, Antón Soler y Juanan Morales, que salieron de Maristas y Loiola Indautxu, respectivamente, para integrarse en la cantera del Joventut y después hacer una larga carrera profesional. El primero de ellos estuvo cinco temporadas en la Penya y luego jugó en el Huesca, el Collado Villalba, el Cáceres y, de nuevo, el Huesca en la ACB antes de acabar sus años como jugador en el baloncesto balear. El segundo, por su parte, militó ocho temporadas en el Joventut, con el que fue campeón de Europa, dos en el Real Madrid, una en el Taugrés y se retiró tras jugar en Grecia.

En el Cajabilbao de los 80 militaron cuatro jugadores que también hicieron gran parte de su trayectoria fuera de Bizkaia. Por orden cronológico, Xabier Jon Davalillo y Mikel Cuadra formaron parte del equipo que logró el ascenso a la ACB. JJ, que llegó a ser capitán del equipo, había militado antes en el Caja de Álava y tras su etapa en Bilbao jugó en Murcia y Granada. Su compañero de quinta también jugó en Gasteiz y un par de ellos en el Cajabilbao en la antigua Primera División. Ahí construyó toda su carrera, salvo dos años en la máxima categoría, como miembro de diversos equipos que apreciaron sus cualidades como anotador.

También vistieron la camiseta azul del Caja Javi Gorroño y Román Carbajo que, como Soler y Morales, fueron internacionales en las categorías inferiores. El primero de ellos se formó en Salesianos de Deusto con cuyo equipo juvenil jugó campeonatos de España y llamó la atención de equipos más poderosos. Tras dos años en el Cajabilbao en Primera División, firmó por el Collado Villalba donde coincidió con Antón Soler y… Jesús Gil en aquellos años en el que el peculiar presidente del Atlético de Madrid se metió en el baloncesto como elefante en cacharrería y por un tiempo fugaz, en el que lo mejor fue la presencia en la ACB y en un equipo modesto de una superestrella como Walter Berry. Gorroño y Soler estaban allí el día que el zurdo estadounidense le metió 54 puntos al Real Madrid.

Carbajo salió de Maristas, patios prolíficos para el baloncesto vizcaino, y llegó a jugar siete temporadas en el Cajabilbao hasta 1992. Después, el pívot de San Francisco prolongó su carrera en el Taugrés, en Ourense y en Andorra. Curiosamente, en estos dos últimos destinos volvió a encontrarse con Darrell Lockhart, el pívot estadounidense que le había cerrado el paso en los primeros años del Cajabilbao.

Contemporáneo de Davalillo y Cuadra fue Josean Betolaza, que también estaba en la plantilla que ascendió con el Cajabilbao en 1986, pero no continuó y tuvo que jugar en Murcia antes de jugar su única temporada en la Liga ACB con el Caja Guipuzcoa Askatuak en 1988-89. También Kike Hermosilla, reputado alero de la cantera de Loiola, jugó sus únicos cinco partidos en la ACB en las filas del Elosua León en la campaña 1990-91 ante de jugar otro curso en el Askatuak.

En el Cajabilbao jugó varios años el alero Koldo Mauraza, aunque su debut en la élite se produjo en el Caja de Álava. En el equipo auriazul debutó en la máxima categoría Fausto Orio, alero balmasedano cuya carrera llegó a menos de lo que apuntaba. Cogió la peor época del Cajabilbao y tras no consumarse el ascenso en 1994, bajó al Patronato de EBA y luego estuvo un par de temporadas en Menorca, con un paréntesis, incluso, en la Liga portuguesa. Algo parecido le ocurrió a Álex Etxebarria, criado en el Tabirako y capitán de la selección española junior de su época, cuya trayectoria también languideció fuera de Bizkaia. Tras cinco discretas temporadas en el Cajabilbao, una campaña más en la ACB con el Elosúa León fue todo lo que duró en la élite el alero durangarra.

Iñaki Zubizarreta también tuvo que salir de Bizkaia cuando el Caja bajó la persiana. Había debutado en la ACB en la infausta temporada 1990-91, pero entre 1994 y 1998 el pívot getxotarra tuvo la oportunidad de jugar de nuevo en la élite. Fueron cuatro temporadas divididas entre el CAI Zaragoza, con el que fue subcampeón de Copa, y el Pamesa Valencia, con el que fue campeón del torneo del KO. Huelva y Canarias fueron otros destinos en la carrera de un jugador que logró hacerse hueco en unos años en que los puestos interiores de los equipos estaban casi copados por los estadounidenses.

Los años que pasaron entre la desaparición del Cajabilbao y el Bilbao Basket fueron un páramo y los emigrantes vizcainos del baloncesto fueron muchos en busca de fortuna en las competiciones federativas. Sin ir más lejos, Xabi Madina y Edu Pascual debutaron en la Liga ACB de forma imprevista en las filas del Cantabria Lobos de Torrelavega. A comienzos de la década anterior, Javi Salgado, otro producto de Maristas, dejó el Patronato para probar suerte también en León, que por entonces parecía un serio proyecto. La llamada del Bilbao Basket devolvió al base de Santutxu a su casa dos años después y ahora lleva tres temporadas en el Lagun Aro como máximo exponente de la emigración vizcaina junto a Unai Calbarro, otro de Maristas, que ha estado las dos últimas campañas en el Laboral Kutxa. El ascenso del Zornotza podría hacer que algunos de aquellos que en su día marcharon se reunieran de nuevo. Por desgracia, pocos jugadores han podido alcanzar las mayores cotas, ser profetas en su tierra. Es la gran deuda histórica del baloncesto vizcaino con los suyos.

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