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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

En la cresta de la ola



Iñaki Williams abandonò el campo aclamado por  San Mamés. Foto AC

Iñaki Williams abandonò el campo aclamado por San Mamés. Foto AC

El Athletic ha arrancado a las puertas de la primavera. El otoño fue frío, el invierno ha sido más bien crudo, pero ya asoma el sol y el equipo reacciona. Como si el anuncio del buen tiempo hubiera bastado para reactivar la circulación, el fútbol vuelve a fluir por las líneas rojiblancas tras un letargo que se nos ha hecho muy largo. El equipo venia dando algunos síntomas que animaban al optimismo, pero no le alcanzaba para terminar de revertir la situación. Ahora sí, ahora podemos decir que este grupo ha vuelto a la vida, que el Athletic disfruta una primavera futbolística que parece anunciar un final de temporada más alegre de lo que se atisbaba hace apenas un par de meses.

La tercera victoria consecutiva tiene una traducción inmediata en la tabla. Con 33 puntos en el casillero las cosas ya se ven con otra perspectiva. Pero tan importantes como los puntos son las sensaciones, el estado de ánimo, tan decisivo en el devenir de cualquier equipo. Y ahora mismo el Athletic está en pleno subidón, eufórico como en los mejores momentos. Los leones cogieron la mejor ola en Cornellá, la que les lleva a la final de Copa, y ahí siguen, encaramados en la cresta, en lo más alto, disfrutando y haciendo disfrutar a los suyos.

Valverde apostó por hacer frente al Real Madrid con los mismos que rindieron a tanto nivel hace tres días. El técnico solo hizo los cambios obligados. Beñat ocupó el puesto del sancionado San José, e Iraizoz volvió a la portería. Casi la misma alineación, idéntico esquema e idéntico espíritu para recibir a un rival que podrá estar en un momento mejor o peor, pero cuyo nivel no está a prueba. Fue una apuesta valiente la del míster, sosteniendo lo que tan bien funcionó y apostando por mantener intacta la personalidad del equipo, sin condicionar la decisión a la extraordinaria calidad del rival.

Valverde y el Athletic ganaron la apuesta porque en el fútbol las cosas cambian de la noche a la mañana sin que muchas veces medie una razón especial o un argumento tangible. Ocurre y no hay explicación racional sobre la que se pueda construir una teoría. El mismo equipo que acabó groggy el partido de ida ante el Espanyol, el que solo pudo empatar de aquella manera en Granada, el que cayó en Europa, es ahora un grupo cohesionado, que defiende con la consistencia del granito y que echa mano de recursos novedosos a la hora de atacar.

El Athletic recibió al Madrid con bajas tan importantes como la de Laporte o la de este San José que se ha ganado un sito en centro del campo. Pero cuando un equipo está con confianza, cuando se ha demostrado a sí mismo que sigue siendo un muy buen equipo, superar las dificultades suele resultar más sencillo. Hasta el cansancio se nota menos cuando el fútbol acompaña. Cuando la cabeza funciona, las piernas van más ligeras.

Los rojiblancos se plantaron muy bien en el campo y le enseñaron los dientes al rival desde el primer minuto, para que no tuviera ninguna duda sobre lo que le esperaba en San Mamés. Es verdad que el Madrid tuvo el dominio territorial durante casi todo el partido, pero fue un dominio consentido por un equipo que sabía que es suicida dejar a los blancos espacios para que corran. El contragolpe de los de Ancelotti es brutal; su ataque estático, en cambio, es más previsible dentro de la dificultad que entraña obstaculizar el fútbol de tipos como Bale, Ronaldo, Benzema o Isco, por no citar la nómina completa de este equipo, futbolistas todos ellos, capaces de reventar un partido con una acción individual.

Lo que está claro es que para hacer frente a un rival de semejante nivel solo cabe apelar al trabajo a destajo, a una organización perfecta y a aprovechar la gota de inspiración que siempre llega a lo largo de un partido de fútbol. El Athletic estuvo impecable en las tres facetas. La capacidad de trabajo y la entrega incondicional vienen de serie en el Athletic, sin necesidad de que esté enfrente el Real Madrid, aunque la visión de las camisetas blancas siempre añade un plus. Como el valor al soldado, el trabajo al Athletic se le supone de antemano. Suelen quedar más dudas en los asuntos de la organización y la inspiración; y en los últimos tiempos estas dudas estaban corroyendo al equipo.

Ante el Madrid, todo salió perfecto. Baste un dato para certificar la nota. Solo el tiro al palo de Bale desde medio campo en el minuto 82, puede contabilizarse como remate del Madrid en todo el partido. Sí, es cierto que Etxeita estuvo providencial en un corte en el área pequeña cuando Ronaldo iba a recibir un centro de Benzema, o que Iraizoz le quitó el balón al portugués de la punta de la bota tras un pase de la muerte de Bale en la segunda parte, pero ¿qué menos que esperar un par de acciones de peligro en noventa minutos tratándose del Madrid?

El golazo de Aduriz valió por todo el partido. El Athletic también atacaba y ponía en dificultades a la defensa blanca. Iraola celebraba sus quinientos partidos desplegando un fútbol pleno de elegancia en el costado derecho, Beñat ponía la pausa y los laterales De Marcos y Balenziaga aportaban electricidad, defendiendo y atacando. Muniain enredaba entre líneas y Williams exhibía su poderosa zancada y su abanico de recursos para proteger la posesión del balón. Rico barría hectáreas de terreno y se asomaba al área rival desde la segunda línea desgastándose con generosidad, como si no hubiera un mañana y cada balón que disputaba fuera el último del partido. Un centro suyo le dio ocasión al inconmensurable Aduriz de conectar el cabezazo del año. Carrera, salto poderoso, giro de cuello marcando los tiempos y balón a la escuadra. Pepe y Casillas debieron pedirle un autógrafo. A fin de cuentas tuvieron el privilegio de asistir en primera fila a la clase práctica que dictó el delantero del Athletic.

El gol confirmó a los rojiblancos que estaban en el buen camino. Es verdad que tras el descanso el Madrid salió enrabietado y con prisa para voltear el marcador. En los primeros cinco minutos pusieron en aprietos en dos ocasiones a Iraizoz, sobre todo porque Isco empezó a moverse más pegado a la banda izquierda donde a De Marcos, el defensa menos defensa del Athletic, se le acumulaba el trabajo. El Athletic salió con bien de esa primera embestida aunque le tocó sufrir durante media hora larga, aunque solo fuera porque perdió el balón y el Real Madrid jugó siempre muy metido en la parcela rojiblanca.

Las fuerzas también empezaron a fallar porque a medida que caían los minutos pesaba el esfuerzo de la Copa, pero ahí estuvo San Mamés para sostener al equipo cuando le hacía falta un aliento extra. Ancelotti lo intentó cambiando sus piezas y el dibujo, acumulando gente arriba aun a costa de desguarnecer la zaga. Un Athletic más fresco hubiera podido cerrar el partido al contragolpe, pero las piernas no respondían como en el primer tiempo y bastante tuvieron los rojiblancos con mantenerse ordenados. Comprobaron que era suficiente para desquiciar a un rival que también veía subir su estadística de pases fallidos y decisiones erróneas. Salvo ese susto de Bale, el tramo final fue más tranquilo de lo previsto. El Athletic había agarrado con fuerza los tres puntos y no los iba a soltar así como así. Hasta Undiano se sumó a la fiesta completando un arbitraje normal, lo que no deja de ser una noticia en San Mamés.

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Un comentario

  1. Pues es una alegría esta vuelta a ver un equipo; mejor, un Equipo. Confianza, corazón… Si resulta que va a tener razón Valdano con lo de que el fútbol es un estado de ánimo.