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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Ernesto Valverde, un tipo normal



Ernesto Valverde es una rara avis en este fútbol tan estridente que nos ha tocado vivir. Su seña de identidad es una aplicación metódica del sentido común, ese que dicen que es el menos común de los sentidos, en todos los actos de su vida y de su profesión. No se le conocen rarezas a Valverde, ni siquiera alguna de esas manías y supersticiones tan habituales en muchos de sus colegas. Tampoco es de los que se desgañita en el área técnica. A lo sumo, se permite alguna fina ironía cuando se sienta ante los medios en la sala de prensa, aunque en más de una ocasión quede la sensación de que los destinatarios no han captado su mensaje.

Ernesto Valverde sale del túnel de vestuarios y se encamina a sentarse en el banquillo como quien va a comprar el pan; se diría que despreocupado y silbando una melodía con las manos en los bolsillos mientras contempla el paisaje, si la procesión no fuera por dentro, claro. Pero lo mejor de todo es que no es una pose; él es así, siempre lo ha sido, desde sus tiempos de jugador cuando se presentaba a los entrenamientos del Barcelona en un utilitario con bastantes kilómetros, que aparcaba tranquilamente en medio del esplendoroso parque móvil de sus compañeros.

El Athletic acaba de perder al entrenador que más partidos ha dirigido al primer equipo en su historia. Se dice pronto. Se va porque considera que su trabajo aquí ha finalizado y porque prefiere irse antes de que le despidan y él es consciente de que, tarde o temprano, a los entrenadores que no se van les acaban despidiendo. Saber marcharse a tiempo, cuando todavía te van a echar de menos, también es una virtud. Un quinto año, seamos sinceros, empezaba a presentar el riesgo de un mal final, y eso sí que hubiera sido un desastre para todos.

El propio Valverde dice que su decisión ha sido la mejor para él mismo y para el Athletic. Probablemente sea así. Casos como los de Ferguson o Wenger se producen en Inglaterra, pero allí también conducen por la izquierda. Hacerse la ilusión de que el Athletic podría tener un manager referente durante décadas, es eso, una ilusión. Aquí no somos tan distintos al resto. Es verdad que San Mamés digirió casi sin rechistar una eliminatoria como la del Apoel, pero aquello se tomó casi como un accidente que venía después de casi cuatro años de éxito y la catedral no ha perdido la virtud de la paciencia. Todavía.

El segundo ciclo de Valverde en el Athletic ha sido magnífico, tanto por los resultados, como por el profundo poso que deja en cuanto al funcionamiento en el día a día. Claro que se le podrá reprochar cierta contumacia en cuanto a la idea de juego, y siempre habrá quien apunte a filias y fobias a la hora de hacer las alineaciones. Cualquiera que tenga que tomar decisiones y manejar un grupo humano tan peculiar como una plantilla de futbolistas profesionales, está sujeto a cometer errores. Se trata de contraponer los aciertos en el otro platillo y observar de qué lado cae el fiel de la balanza.

Lo trascendental es que Valverde ha conseguido hacer del Athletic un equipo coherente y fiable, capaz de sobreponerse a los malos momentos que indefectiblemente sufren todos los equipos cada temporada. Dos séptimos puestos, un quinto y un cuarto en la Liga, presentan un equipo con un nivel de rendimiento casi metódico. Los 70 puntos del primer año marcan el techo; el suelo está en los 55 de la segunda temporada, condicionada por la participación en la Champions League. 62 puntos el año pasado y 63 éste que acaba de finalizar, certifican que el Athletic de Valverde ha funcionado como un metrónomo. Súmese una final de Copa y el título de la Supercopa y el balance no admite discusión.

Es cierto que el fútbol chispeante de la primera temporada no se ha vuelto a ver en las tres restantes, salvo excepciones o en series cortas de partidos, pero también hay que recordar que aquel primer curso fue el único en el que el Athletic no disputó competición internacional. El fútbol del Athletic ha sido más monótono en los últimos tiempos, pero apenas ha perdido eficacia. Entrar en Europa se ha convertido en una rutina pero lo verdaderamente peligroso para el Athletic sería aburrirse de entrar en Europa. Cuidado con eso.

Valverde se marcha sin que la grada le haya reconocido su trayectoria. Retrasar el anuncio de su salida ha impedido una despedida popular en San Mamés, aunque ha habido partidos y ocasiones suficientes para que la grada se manifestara y nunca lo hizo. Ernesto ha dado pocos titulares a los medios y ningún motivo de debate a la grada. Si no fuera una exageración, se diría que ha pasado desapercibido. Sus hechos y sus resultados han hablado por él.

Pero aunque no ha habido coros ni pancartas en San Mamés,  Valverde sí ha sentido el cariño de la gente y lo agradeció en su despedida. Ha sido un cariño silencioso, discreto, como el que se profesan esos matrimonios de larga duración que ya no necesitan palabras ni gestos. San Mamés ha vivido tórridos enamoramientos, auténticas locuras de amor, que también están muy bien para darse una alegría, pero pegan menos con nuestro carácter reservado y un tanto taciturno.

 

 

 

 

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Un comentario

  1. Aupa Juan Carlos:

    Parece ser que hubo una excepción en Balaídos donde creo recordar, tirando de hemeroteca, que la “Parroquía” allí desplazada (en torno a unos 2.000 Hintxas) se arrancó al final del 0-3 con cánticos de “Valverde quédate, Valverde quédate … Valverde quédateee”.

    El “Txingurri” es tan discreto y tan “Rara Avis” que es dificil hacerle llegar mensajes de aliento y/o reconocimiento. Parece que reuye del “contacto”. En cualquier caso, Ernesto es “uno de los nuestros” e historia viva de nuestro querido Athletic Club.

    Eskerrik asko Valverde!!!. Noski Baietz!!!. Eup!!!.