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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Esta vez el cántaro no llegó a la fuente



Decían que una de las razones por las que el fútbol no acababa de cuajar en Estados Unidos era que en los deportes americanos no se concibe el empate y, mucho menos, que no se anoten puntos, tantos o goles en un partido. Los espectadores y hasta no pocos periodistas deportivos, no entendían que un partido pueda acabar sin que ninguno de los equipos haya marcado. Entre el jueves y el domingo los aficionados del Athletic se habían metido entre pecho y espalda ciento setenta y siete minutos sin ver un gol y estaban encantados de alcanzar el minuto 180 de sequía porque eso hubiera supuesto un nuevo éxito de su equipo. Remy lo impidió culminando una buena jugada personal con un gran remate cruzado que hizo añicos el cántaro que otra vez había llevado Ziganda a la fuente.

Esta vez no funcionó la rotación y llegó la primera derrota de la era Ziganda. El Athletic se presentó en Las Palmas con ocho cambios respecto al equipo que había empatado sin goles en Berlín. Solo repitieron Laporte, Vesga y Williams, uno por línea. Si aceptamos los elogios al entrenador en las ocasiones anteriores en las que formó su alineación agitando toda su plantilla, habrá que concederle al menos el beneficio de la duda ahora que el asunto se ha saldado con una derrota. Porque, de momento, seguimos analizando en términos estrictamente resultadistas; del juego mejor no hablar demasiado. Siendo generosos podemos rescatar veinte minutos en Berlín, un par de ratos contra el Girona y en Eibar y pare usted de contar.

Digamos que el Athletic está arrastrando un comienzo de temporada complicado por las previas de agosto y la entrada en competición europea. El equipo ha ido cubriendo las primeras etapas del cambio de su dirección técnica agobiado por la necesidad de obtener resultados inmediatos. Mal que bien, ha cumplido los objetivos marcados para esta parte de la temporada. Se merece un voto de confianza pese al fracaso ante la Unión Deportiva.

Ocurrió un efecto curioso en el Gran Canaria. El Athletic fue peor y jugó sus minutos más flojos cuando entraron dos de sus titulares indiscutibles; cuando Ziganda decidió ir a por el partido después de sujetar al rival durante una hora con jugadores como Sabin Merino, que hasta la fecha no acumulaba ni diez minutos de juego. Aduriz entró en el partido con una tarjeta amarilla puesta y ya no proporcionó más noticias. Muniain se dejó ver en sus primeros minutos pero casi fueron más los balones que perdió que los que jugó con sus compañeros. Para cuando salieron ambos, Williams, que venía de haberse pegado una paliza en plan correcaminos, ya estaba in artículo mortis, así que la conexión no funcionó.

Como ha ocurrido en otros partidos, el Athletic fue de más a menos. No es que en Canarias sufriera tras el descanso el apagón que le fundió a negro en Berlín, al contrario, incluso tuvo diez minutos iniciales más que aseados. Pero aunque el declive comenzó un poco más tarde, volvió a producirse sin que ni dentro del rectángulo ni en el banquillo hubiera nadie capaz de poner alguna solución a un problema cada vez más evidente, que no era otro que la conexión entre Jonathan Viera y el recién incorporado Remy, mucho más activo, vertical y ambicioso que Vitolo, el hombre al que sustituyó. El gol vino en una jugada personal brillante, pero no sería por falta de avisos que los rojiblancos no supieran por donde les podía llegar.

Tampoco hubiera pasado nada si el partido llega a terminar con el empate inicial. Hasta el descanso el Athletic había controlado el juego y Kepa no había tenido ocasión de demostrar sus cualidades. Saborit y Bóveda cerraban las bandas sin problemas, Laporte y Núñez se imponían a Calleri, y los encargados de generar el juego amarillo no daban señales de vida. La lesión de Halilovic, les privó además de una punta de velocidad y desequilibrio que podía ser preocupante.

Con Iturraspe y Vesga como pareja inédita en la sala de máquinas, el Athletic llegó incluso a merodear el área de Chichizola gracias, sobre todo, al trabajo de Susaeta y a las carreras de Williams como delantero centro. A Sabin se le vio desencanchado, falto de minutos y de sitio, lo normal en su situación, mientras que Raúl García aportaba tanto oficio como lentitud. Algo parecido a lo de Sabin le sucedió a Iturraspe, por razones obvias y el equipo lo acusó en la creación porque Vesga alternó buenos pases con pérdidas muy peligrosas. Ninguno se escaqueó a la hora de trabajar, pero esta vez no bastó con picar piedra.

El Athletic se acercó al área rival, sí, pero una vez más falló a la hora de la verdad. Williams no supo resolver un mano a mano, el portero le sacó una bonita volea a Susaeta, y casi siempre el último pase fue demasiado largo o demasiado corto. Por no hablar de los centros, aunque esta vez no estuviera Balenziaga, sospechoso habitual en esta suerte.

Para tener éxito jugando a la contra hay que ser mucho más precisos que el Athletic que vimos en Las Palmas. Que el joven Unai Núñez se tuviera que decidirse a subir al ataque conduciendo el balón y no una vez sino varias, dice mucho de su arrojo y confianza pero muy poquito de sus compañeros.

En Las Palmas se escaparon puntos, uno al menos, que luego se echan en falta, pero la competición es así y ya sabemos que la factura europea suele ser alta. Las rotaciones no están en cuestión ; la experiencia dice que son obligatorias si se quiere llegar a la primavera con el suficiente resuello.  A Valverde se le achacaba precisamente que se le fuera la mano agitando la plantilla aunque al final el tiempo casi siempre le acababa dando la razón.

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