Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Eterno San Mamés



La emoción subió al máximo en San Mamés con la presencia de los capitanes. Dani, se perdió la fiesta final al lesionarse en una jugada. Foto MITXI

La emoción subió al máximo en San Mamés con la presencia de los capitanes. Dani, se perdió la fiesta final al lesionarse en una jugada. Foto MITXI

Hay preguntas que se contestan solas. Si alguien quiere entender qué es el Athletic, le bastará con repasar lo vivido anoche en San Mamés. Definir al Athletic como un club de futbol, si se quiere añadir de bella historia y mil veces campeón, como decía el viejo himno, es demasiado simple. El fútbol es, si se quiere, la disculpa; el Athletic es el catalizador que aúna las emociones más íntimas de miles de personas que se identifican con una forma de ser y de entender la vida. Se ha dicho mil veces que el Athletic es tal vez lo único que une a una sociedad tan plural y fragmentada como la nuestra. Es una buena aproximación. Anoche, la última noche del viejo San Mamés, cuarenta mil almas vivieron una comunión imposible en cualquier otro escenario. Ricos y pobres, parados y empleados, jóvenes, niños, viejos, hombres y mujeres, vivimos, sufrimos y disfrutamos una vorágine de emociones capaz de hacer tapioca al corazón más duro. Había que ser de mármol para no sentir no uno sino muchos escalofríos a medida que sucedían los acontecimientos. San Mamés vivió su última noche, la noche más hermosa, coreado, abrazado y querido por quienes han sido sus fieles durante toda la vida. Todos perderemos algo de nosotros mismos cuando la vieja catedral desaparezca físicamente, pero siempre podremos recordar lo que vivimos en la mágica noche de ayer.

Lo de anoche fue tan grande que retrató la enanez de quienes pretenden convertir al Athletic en un campo de batalla para ganar en el río revuelto. No hubo discusiones anoche en la catedral, ni polémicas, ni debates estériles, ni pitos, ni flautas. Hubo Athletic, solo Athletic. Que en medio de la multitud aparezcan dos docenas de impresentables es una mera cuestión de estadística que no afecta al conjunto; es la excepción que confirma la regla.

Muchas veces en el fútbol se recurre al lugar común como atajo que ahorre una descripción pormenorizada. El tópico describe a los parroquianos de San Mamés como una afición sabia y señorial que se ganó para su campo el sobrenombre de catedral. Un tópico es una verdad repetida, así que en la despedida del estadio, la grada volvió a saber estar en su sitio, separando el grano de la paja, lo primordial de lo accesorio. Y encontró el momento exacto para recordar, para reconocer, para emocionarse y para transmitir su cariño a los que estaban en el terreno de juego. Lo hizo siempre de manera unánime, como cuando coreó el nombre de Bielsa sin más añadidos ni condicionantes, expresión de reconocimiento tan insólita en un campo como justa a la labor y a la personalidad de un entrenador que ha llegado a lo más profundo del corazón de la hinchada. Marcelo Bielsa también se ha ganado un sitio en el panteón de los dioses rojiblancos.

[sliders id=”584″]

Como se lo han ganado los veteranos que abrieron la fiesta, con los inolvidables Rafa Iriondo y Jose Mari Maguregi a la cabeza, solícitamente atendidos en todo momento por tres grandes como Koldo Agirre, Zorriketa e Iribar. Allí estuvieron, ordenados por décadas, muchos de los leones que tantas veces pisaron el césped de la catedral, y sus entrenadores. Se echó en falta a muchos, pero los que estuvieron compusieron un friso en el que se podía leer la historia del Athletic desde la década de los cuarenta hasta nuestros días. Todos los aficionados tenemos nuestro equipo del alma, aquel que vimos de niños, o cuya alineación aprendimos de memoria y la recitamos a modo de mantra siempre que tenemos ocasión. Anoche todos tuvimos la oportunidad de volver a ver a aquellos ídolos de infancia que nos inocularon para siempre el virus del Athletic.

Pero la fiesta, como deben hacer las buenas fiestas, fue in crescendo a lo largo de la noche para estallar en los minutos finales del partido (¿alguien recuerda ahora la estúpida polémica por la identidad del rival?). Fue la gran sorpresa, el secreto mejor guardado y el que estuvo a punto de ahorrarle al club el costo de la demolición del estadio. Apareció primero Orbaiz y el personal captó el mensaje. Ya sería imposible aguantar las lágrimas por más tiempo. La salida de Guerrero provocó el primer movimiento sísmico en el graderío. Luego Andrinua, el capitán de una generación de transición entre los últimos campeones y los que alcanzaron el subcampeonato el año del Centenario. Después, Dani, el gran Dani que se hizo una avería por que se fue hacia la portería a intentar cazar un córner con la misma determinación con la que cazó en el mismo área aquel gol al Real Madrid que a la postre valió una Liga. San Mamés era ya una caldera de emoción incontenible que estalló con la fuerza de una explosión nuclear cuando Iribar, el inigualable Txopo, apareció por el túnel de vestuarios. No hizo falta ensayo previo para entonar a coro su canción. La cantaron quienes la estrenaron en aquella final contra el Zaragoza de los cinco magníficos; sus hijos, que tuvieron tiempo de ver al Txopo en acción, y sus nietos, que solo conocen a Iribar como un señor mayor y muy alto que fue portero del Athletic.

Si alguien pregunta qué es el Athletic, podría encontrar una respuesta en ese momento en el que Iribar se puso por última vez bajo los palos de la portería de Ingenieros. El Athletic es una canción que pasa de abuelos a hijos y a nietos, un sentimiento con el que se nace y que crece sin que sea condición indispensable que te guste el fútbol. El Athletic es más de un siglo de emociones compartidas y su casa será siempre San Mamés porque aunque nos dicen que anoche cerró sus puertas por última vez, todos sabemos que San Mamés es eterno.
Reportaje gráfico: MITXI

Share This:

3 Comentarios

  1. No es posible contarlo mejor. Yo me quedo en mis anécdotas en mi último día de preferencia lateral.

  2. Impresionante!! Mejor no se puede escribir. Fue una noche magica, pero ayer jueves fue un dia jodido. Pensar que ya no volvere a ver ese cesped verde, ese arco, ese ambiente de las grandes ocasiones,… me da miedo. Miedo que con el traslado se pueda perder el encanto y la magia.

  3. A mi lo que me da miedo, y creo que sería bueno un artículo, es que hemos pasado a vivir de recuerdos.
    El otro día sin lugar a dudas lo mejor fue la aparición de los ex futbolistas del ATHLETIC , pero esta claro,y no creo que nadie lo ponga en duda, que segun nos alejamos en el tiempo, excepto Julen, todos ascendian exponencialmente de mas mayor en la emocion y los aplausos recibidos, pese a que muchos de los que habia en San mames no les habían visto jugar.
    Ojala me equivoque pero no creo que salga un jugador hoy en dia que se identifique tanto con un club como Iribar o Dani, y eso que nos falto Goiko.
    Un club no puede vivir de su historia, la historia se hace día a día.