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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Félix Zubiaga, el último hat trick rojiblanco contra el Real Madrid



Félix Zubiaga rememora en su caserío los tres goles que le marcó al Real Madrid en San Mamés. Foto MITXI"

Félix Zubiaga rememora en su caserío los tres goles que le marcó al Real Madrid en San Mamés. Foto MITXI”

Entonces, hace cuarenta y tres años ya, como ahora, como siempre, el partido contra el Real Madrid también era día del club. 275 pesetas (1,65 € ) la localidad más cara, Delantera de Tribuna Principal; 50 pesetas (0,3 €) la más barata, General. Niños y militares, 10 pesetas (0,06 €). Aquel domingo, 1 de febrero de 1970 llovía sobre Bilbao como solía llover aquellos inviernos de nuestra infancia,  sin piedad y sin descanso. Invierno de verdad, de los de antes.

Algunas boinas todavía, neblina de humo de puros sobre las cabezas, paisaje gris y ocre en las repletas gradas de San Mamés, teñidas en los tonos de las gabardinas de la época. Entonces las únicas camisetas rojiblancas en la catedral eran las de los jugadores. Apenas alguna bufanda tejida a mano por la madre, de lana, hecha más para abrigar de verdad que para agitarla o enseñarla. Aquella General marrón en la que miles de cuerpos se fundían en uno que se movía ondulante siguiendo la trayectoria del balón y se precipitaba como una cascada en los momentos culminantes, recordaba a la ría en sus tonos pardos y en sus movimientos. El colorido solo se imponía en San Mamés cuando con la primavera las rigurosas gabardinas se quedaban en el armario y asomaban las primeras prendas que entonces se llamaban de entretiempo. Pero las gradas multicolores sonaban más a amistoso de verano que a partido de verdad. Los partidos de verdad se jugaban bajo la lluvia y sobre fondo marrón. Marrón de barrillo en el terreno de juego, marrón de gabardinas empapadas en los graderíos.

El Athletic acababa de recuperar el liderato siete días antes tras ganar en Elche gracias a un penalti transformado por Fidel Uriarte. Fue un partido feo, impropio de un lider, en el que el Athletic se dedicó a defender la ventaja que obtuvo en el primer tiempo. Iñaki Sáez y Félix Zubiaga se retiraron lesionados. Clemente ya se entrenaba de nuevo pero seguía sin recuperarse de aquella tremenda lesión que le había provocado Marañón un año antes, así que Ronnie Allen tenía que repasar su plantilla para afinar el equipo que opondría al Real Madrid que, con tres puntos menos que el lider, ocupaba la tercera posición y tenía en San Mamés la ocasión de acortar distancias.

“El inglés andaba con prisas para recuperarme para aquel partido”, recuerda Félix Zubiaga, el autor del último hat trick rojiblanco. “En el partido de Elche me hice una luxación en el codo y el difunto Pedro Múgica que era el traumátologo que trabajaba para el Athletic, y los masajistas, se pasaron toda la semana recuperandome el brazo. El domingo del partido Ronnie me dijo que iba a salir titular, que corriera y trabajara todo lo que pudiera en el primer tiempo y que ya me cambiaría en la segunda parte. En el descanso me dijo que siguiera hasta que pudiera”. Me preguntó si quería que me inyectaran o si necesitaba cualquier cosa. Al final jugué con una simple codera”. Zubiaga pudo jugar todo el partido. Afortunadamente. Marcó dos de sus tres goles en los últimos diez minutos.

El director de ‘Estadio’, (un periódico deportivo que se editaba entonces en Bilbao), me regaló las fotos de los tres goles y la verdad es que no me reconozco“. Sus dos primeros goles fueron muy parecidos, cruzando el remate por abajo tras superar a su marcador, De Felipe. El tercero, en el minuto 89, fue un gol de oportunista, llevando a la red un balón que Rojo había estrellado en el palo.

En aquella época nosotros teníamos siempre en San Mamés veinte minutos o media hora en la que el rival no se enteraba“, rememora el goleador. “Hacíamos un fútbol muy rápido y la verdad es que el campo estaba siempre de maravilla para mover el balón como queríamos“. Pero no fue el caso aquella lluviosa tarde de la goleada al Real Madrid. El equipo que entrenaba Miguel Muñoz no era cualquier cosa. Junquera; Benito, De Felipe, Zunzunegi; Pirri, Zoco; Fleitas, Amancio, Grosso, Velázquez y Manolín Bueno, fue su alineación aquel día. Enfrente Iribar; Sáez, Etxeberria, Aranguren; Igartua, Larrauri, Betzuen, Zubiaga, Arieta, Uriarte y Rojo.

Los blancos dominaron el primer tiempo y tuvieron hasta tres ocasiones para adelantarse. Pero el que acertó a falta de tres minutos para acabar la primera parte fue Fidel Uriarte, de cabeza, claro, y el partido llegó al descanso con ventaja mínima para los leones. Junquera falló y al regreso del vestuario Miguel Angel ocupó su lugar. En mala hora para él. Porque la apoteosis rojiblanca llegó entonces, en cuarenta y cinco minutos memorables que han pasado a la historia del Athletic por la exhibición de fútbol que desplegaron los leones ante un rival que había demostrado su categoría, pero que acabó rendido ante tanta superioridad. Zubiaga hizo el segundo, Igartua, el tercero. Amancio desperdició la ocasión de reenganchar a su equipo al partido al fallar un penalti con el 3-0; el fútbol monumental de Fidel Uriarte, el mejor de un equipo excelente en aquel grandioso partido, y los dos últimos goles de Zubiaga en el tramo final dictaron sentencia.

Félix Zubiaga hizo el primer hat trick de la historia de la Liga y el único de su palmarés, sin saberlo. Por supuesto que no era el primero en marcar tres goles en el mismo partido. Sin ir más lejos, varios rojiblancos ya le habían hecho antes tres dianas al Real Madrid: Zarra fue el primero en 1947 en un 3-6 en el que Panizo hizo dos y Bilbao, uno. El propio Panizo estrenó la década de los 50 con un 6-2 en el que también participaron Iriondo con dos dianas y Zarra. Siete años más tarde Uribe repitió en un 4-2 que completó Markaida.  Dos temporadas después de Uribe, Maguregi marcó otros tres en un 4-1 que redondeó Artetxe.

Zubiaga recuerda cómo se enteraron en la caseta que eso de marcar tres goles tenía un nombre propio. “Entonces no se hablaba de esas cosas y nadie sabía nada. Pero Ronnie nos dijo que en Inglaterra se estilaba regalar el balón con la firmas del equipo al que metía tres goles y así me lo dieron. No lo conservo. Se lo regalé a alguien. Nunca he sido de guardar recuerdos del fútbol“.

Además de la gloria y el hat trick los rojiblancos tuvieron un premio añadido por aquella victoria, una prima extraordinaria que no se esperaban. Zubiaga no la olvida. “Un industrial de Bilbao muy importante debía de estar quemado con sus socios de Madrid que le recordaban siempre un 8-1 que le había metido el Real Madrid al Athletic unos años antes en un partido de Copa, así que nos prometió cinco mil pesetas (30 €) por cada gol de diferencia que consiguieramos a cada uno de los quince convocados. No solo cobramos sino que además nos invitó a una comida en una marisquería de Plentzia de lo contento que estaba”.

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“Medio alirón” tituló al día siguiente la desaparecida ‘La Gaceta del Norte’ en su portada, pero faltó el otro medio que tardaría todavía trece años en llegar. “Fue un año muy bueno pero pudo ser mejor si alguien no llega a meter la pata en el famoso partido de Valencia“, lamenta todavía Félix Zubiaga. “Solo necesitábamos un punto fuera de casa y no fuimos capaces de conseguirlo ni en Sevilla ni en Atocha“.

Fue su primer año con continuidad en el primer equipo. “Yo debuté en la 64-65 y jugué cuatro partidos. Luego vino un entrenador que me tuvo en palmitas en el Bilbao Athletic pero no me quiso en el primer equipo: Piru Gainza. Durante toda su época en el Athletic yo estuve en el segundo equipo y a punto estuvieron de descartarme a mí y a unos cuantos. Ganamos el campeonato de España de aficionados y encima subimos a Segunda; a lo mejor por eso no nos echaron. Tenía algunos equipos para irme pero me dijeron que el inglés que venía contaba conmigo y así fue“.

Doce goles, máximo goleador del equipo en su primera temporada, pese a incorporarse después de unos cuantos partidos jugados, y una buena producción en la siguiente no hacían presagiar el giro que iba a dar su carrera como rojiblanco. “Menos de portero y en los dos puestos del centro de la defensa, yo he jugado de todo en el Athletic“, advierte divertido. “A mí me gustaba jugar de media punta, ayudando a los centrocampistas y subiendo rápido al ataque, porque tenía cualidades para eso. Tenía mis recursos para disputar de cabeza a gente como Gallego, aquel central del Barcelona, y manejaba bien los codos, no para pegar, sino para desplazar al rival, pero el que chocaba y se partía la cara con todos era Antón Arieta, que tenía una valentía extraordinaria. Yo jugaba de maravilla con Antón de punta porque me lo ponía fácil; solo tenía que estar atento a los rechaces y los rebotes que provocaba. Me gustaba mucho jugar a la contra“, continúa, “sabía salir muy bien desde atrás. De hecho marcaba más goles fuera que en casa”.

Quizá Milorad Pavic se fijó en algunas de esas cualidades para decidir darle a Zubiaga un papel en el equipo que ni siquiera imaginaba. “El segundo año de Ronnie yo me rompí tibia y peroné en un partido de Copa contra el Barcelona y cuando me dieron el alta me la volví a romper en un entrenamiento, así que el último año de Ronnie solo jugué sesenta minutos de un partido. Artigas, que le sustituyó, me tuvo el resto de la temporada tirando a los porteros en los entrenamientos. Cuando llegó Pavic me puso a entrenar como lateral izquierdo. Yo creía que era alguna broma o que sería una apuesta que tenía o algo así. Pero vamos aquel verano al Carranza y me pone de lateral titular. Y desde entonces no me moví de ese puesto. Yo no sabía jugar de lateral, pero suponía que si me iba para arriba el extremo al que marcaba me tendría que seguir a mí, así que eso hacía. Me entendía de cine con Rojo, aunque con Rojo se entendía cualquiera. Qué maravilla de jugador“.

Desde ese lateral izquierdo Zubiaga marcó un gol y dio el pase del otro en la final de Copa que el Athletic ganó al Castellón. “Yo fui a esa final de lo más tranquilo, convencido de que íbamos a ganar. Les habíamos ganado en su campo en la Liga y aunque creo recordar que nos empataron en San Mamés y quedaron por encima en la clasificación, estaba seguro de que les ganaríamos, Me iba bien su estilo. Jugando de lateral me llegaron a pitar algún fuera de juego de tanto como subía al ataque, por mucho que Larrauri me gritara que me quedara en la defensa“.

Félix Zubiaga dejó el Athletic después de trece años como rojiblanco porque su último contrato incluía una cláusula que preveía la renovación automática si jugaba quince partidos y jugó solo doce. “El Athletic le pagó al Villosa 25.000 pesetas (150 €) por mi libertad para entrar en el equipo juvenil de José Luis Garay. Fuimos los que ganamos por primera vez el campeonato de España de la categoría. Un equipazo del que nació lo que ahora es el Bilbao Athletic. Empezamos a jugar en Primera Regional pero nosotros no puntuábamos, así que no nos servía de mucho. Al año siguiente fuimos a Segunda Regional, pero puntuando para ir ascendiendo poco a poco. En un partido le hicimos un 16-0 al Retuerto y yo metí 12 goles. Decían que era record en el fútbol español”.

Sucesivos ascensos hasta la Segunda División. El salto al primer equipo, un subcampeonato de Liga, una Copa, y el hat trick contra el Real Madrid en la última temporada en la que la Liga se jugó sin extranjeros, aunque abundaran los oriundos, falsos y auténticos. Al año siguiente de aquel 5-0 llegaron Netzer y Mas al Real Madrid y Cruyff y Sotil al Barcelona. “Además de ser un grandísimo jugador, Cruyff nos abrió los ojos a los futbolistas y nos hizo ver que nos estaban tomando el pelo. Reivindió el dinero que nos correspondía por la publicidad y fue el origen de muchos cambios”.

En realidad fue el propio fútbol el que experimentó un profundo cambio en aquellos años. Tanto que visto desde la perspectiva actual, parece mentira que hubiera un  tiempo en el que un modesto jugador de Arrankudiaga pudiera marcarle tres goles en un partido al Real Madrid. Sucedió en San Mamés un lluvioso domingo del invierno de 1970.
Reportaje gráfico: MITXI

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