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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

El futuro ya está aquí



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Lo del partido contra el Eibar fue como una visión anticipada del futuro que le espera al Athletic. Sin Raúl García ni Aduriz, sus dos mejores goleadores, que a la vez son los más veteranos del equipo, Valverde tuvo que recurrir a los más jóvenes para armar el ataque. Susaeta, Muniain y Sabin, con Williams más adelantado, fue la propuesta del técnico. Salvo Susaeta, que cumplirá 29 años la semana que viene y que el domingo alcanzó al gran Panizo en número de partidos jugados, el resto, incluido Muniain que, recordemos, solo tiene 23 años, era una colección de pipiolos que en cualquier otro equipo estarían todavía haciendo méritos lejos de asumir responsabilidades como las que les tocaron este domingo. Cuando en el tramo final compareció Villalibre, la gran esperanza blanca, ya tuvimos un adelanto completo del Athletic de la próxima década.

La mejor noticia, al margen de los puntos, fue que el Athletic sin Aduriz ni Raúl, le hizo tres goles a un Eibar que no es precisamente un queso de gruyere. A Mendilibar le gustan los equipos compactos, eficaces, con pocas concesiones a la galería y en el Eibar tiene material para construir a su gusto. Llegaban los armeros un punto por encima del Athletic y dejando muy buenas sensaciones en sus últimos partidos. Los rojiblancos, en cambio, se presentaban con el ceño fruncido, bajas determinantes y el recuerdo reciente de un nuevo fiasco en Las Palmas. A las cuatro de la tarde, el seguidor del Athletic se preguntaba como podría su equipo hacerle un solo gol a este Eibar.

Y se lo siguió preguntando conforme se sucedían los minutos de una primera parte en la que los que  los asistentes de los dos equipos tuvieron trabajo extra por la insólita querencia de unos y otros a darse topetazos en cada disputa.

En realidad no estaba sucediendo nada que no estuviera previsto. El Eibar, bien armado, propuso su partido. Contención, orden y paciencia para cazar al acecho. En el Athletic se añoraban las ausencias. Faltaba peso específico de medio campo hacia adelante y atrás Laporte y San José alternaban fallos y números cómicos de esos que dejan al personal con la sonrisa helada.

No pasaba nada, lo que era una muy mala noticia para el Athletic, hasta que Gálvez derribó a Sabin cuando éste enfilaba el área con ventaja. El árbitro situó la barrera a una distancia que a los del Eibar les pareció sideral y encima trazó la raya en paralelo a la línea de fondo, cuando la barrera se tenía que disponer en diagonal. Beñat disfrutó tal vez de un metrito de ventaja, pero su ejecución fue perfecta, imposible para Riesgo que vio cómo el balón entraba por la escuadra. El gol al filo del descanso cambió radicalmente el panorama.

El Eibar se vio obligado a alterar su guión y el Athletic empezó a aprovechar los espacios aunque su inseguridad defensiva siguiera haciendo correr sudores fríos. Pero ocurrió el prodigio. Muniain ganó un balón de cabeza en el centro del campo, que fue a caer a los pies de Williams. Frente al banquillo del Athletic comenzó una carrera entre el AVE y un tren de mercancías. Williams llegó al área de Riesgo con dos metros de ventaja sobre Lejeune que le perseguía resoplando, con tiempo suficiente para pensar y colocar el balón entre las piernas del portero.

En otras circunstancias el partido se podía dar por cerrado, pero este Athletic es incapaz de gobernar sus ventajas. Le ocurrió ante el Genk, repitió frente al Sassuolo, y le volvió a pasar contra el Eibar. Concedió el gol que volvía a meter al rival en el partido, y otra vez le tocó sufrir hasta el pitido final. Mendilibar fue refrescando su ataque con agitadores como Peña o Peleteiro, mientras que Valverde retiraba gente de la vanguardia para meter cemento con Eraso y Saborit. No hacía falta pensar mucho para adivinar cómo estaban viendo la cosa desde los dos banquillos.

Tuvo Inui el empate tras un error de San José forzado por la presión de hasta cuatro rivales, pero Kepa respondió con solvencia. Después, cuando la angustia rebasaba ya la altura de la nuez en la grada y en el campo, llegó la contra llevada con calma por Beñat, la apertura a la banda y el buen centro de Villalibre para que Muniain fusilara de cerca a Riesgo con un buen gesto técnico. Fue la liberación definitiva aunque llegaba tan tarde que apenas ahorró medio minuto de angustia al personal.

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