Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Guardar las formas



Hace unos años los futbolistas solo intercambiaban las camisetas tras los partidos internacionales. Foto MITXI

Hace unos años los futbolistas solo intercambiaban las camisetas tras los partidos internacionales. Foto MITXI

Los detalles tienen una importancia extraordinaria en el fútbol y no solo esos detalles que según suelen referir los entrenadores son los que deciden los partidos  También hay otros detalles, los que suceden antes y después de los noventa minutos, esos que hasta hace poco eran invisibles para el aficionado y que hoy en día se transmiten desde todos los ángulos por las mil y una cámaras que captan todo lo que está pasando en el estadio. Los jugadores han aprendido pronto lo de las cámaras y no hay futbolista que no se coloque la mano delante de la boca cuando se siente en la obligación de compartir alguna profunda reflexión con un compañero. Está muy bien que sean tan celosos de su intimidad en el terreno de juego y que pongan todos los medios para evitar que el mundo descubra el contenido de sus conversaciones leyéndoles los labios; los detalles de su vida personal los dejan para las redes sociales.

A los jugadores  parece no importarles sin embargo que los aficionados les vean confraternizando con el rival al que se tienen que enfrentar de inmediato. Al contrario, de un tiempo a esta parte da la impresión de que hacen alarde de ciertos gestos, de que los hacen precisamente para la galería, como si fuera muy importante que el mundo sepa la cantidad de amigos famosos que tienen en su profesión. Para ellos no hay colores ni equipos; forman el equipo global, son colegas de profesión que hoy están aquí y mañana allí. El sentimiento de pertenencia, la identificación con un escudo, la fidelidad a unos colores… pertenecen al fútbol del pasado o son cosa de los aficionados; ellos son profesionales.

Se habló mucho del comportamiento de Llorente en el Bernabéu. Pero salvo su aplauso al público, no hizo nada que no hagan casi todos sus compañeros cada día de partido. Observemos el último del  Camp Nou. Viendo el comportamiento previo de bastantes de los jugadores del Athletic en los minutos previos al choque nada hacía sospechar ni de lejos que se estaban preparando para un encuentro que se anunciaba erizado de dificultades. Al contrario, las risitas y las conversaciones aparentemente triviales que filtraban las cámaras de televisión en el calentamiento eran todo lo contrario de la concentración previa que requiere la competición. La imagen de dos suplentes de cháchara distendida en el banquillo, bostezos incluidos, no es precisamente la de dos futbolistas que se aprestan a vivir un partido con los cinco sentidos. La profusión de saludos, besos y abrazos en el túnel no anuncia la predisposición más adecuada para lo que se supone que será una lucha encarnizada. ¿A qué viene tal exaltación de la amistad en esos momentos en los que se supone que el deportista tiene que estar concentrado solo en competir y ganar?

Está muy bien esa especie de besamanos que ha implantado la UEFA en los prolegómenos de los partidos para suavizar la tensión que pueda flotar en el ambiente,  y está mucho mejor que los futbolistas se comporten como deportistas en la victoria y en la derrota y no como soldados de dos ejércitos enemigos. Pero tampoco parece que sea imprescindible tanta efusividad y tanta muestra de cariño, sobre todo porque en algunas situaciones la cosa empieza a sonar a pleitesía. La deportividad es una cosa y el colegueo, otra.

Los prolegómenos y los epílogos de los partidos son lo suficientemente largos desde que los dos equipos llegan al estadio hasta que lo abandonan y ofrecen oportunidades sobradas para saludar al amigo, y hasta para establecer nuevas relaciones para toda la vida, sin necesidad de hacerlo ante las cámaras. Ya se sabe que hoy en día los futbolistas profesionales cambian de equipo con cierta frecuencia, que el rival de hoy es el compañero de mañana y que los más destacados conviven en las multiples selecciones que compiten desde infantiles hasta la absoluta. Pero también en otros deportes ocurre esa relación cercana entre rivales sin que por ello sientan la imperiosa necesidad de proclamar al mundo lo mucho que se quieren solo cinco minutos antes de la competición.

No se trata de demagogia ni de hacer apología de ningún comportamiento antideportivo, pero el aficionado que sufre el escarnio de una goleada encajada por su equipo como algo personal, no entiende que esos jugadores a los que idolatra y en los que deposita todas sus ilusiones, en lugar de ser los primeros en sentir la humillación de la derrota, se apresuren a pedir la camiseta al rival que les acaba de pasar por encima como si la cosa no fuera con ellos.

Hubo un tiempo no tan lejano en el que los futbolistas intercambiaban sus camisetas solo después de los partidos internacionales de sus clubes o de los de la selección. Era la forma de subrayar la excepcionalidad del acontecimiento, la manera de conservar el recuerdo de una disputa con un rival que posiblemente no se volvería a repetir. Hace no demasiados años un jugador del Athletic se ganó una buena reprimenda de algunos compañeros porque le pidió la camiseta a un rival después de una derrota especialmente dolorosa en San Mamés. Lo hizo lejos de las cámaras y de los focos, con discreción, pero su gesto fue interpretado como inapropiado. No hace tanto tiempo que los jugadores del Athletic pensaban así.

En una entrevista reciente, Simeone, un tipo que no es santo de la devoción de la parroquia de San Mamés desde su célebre pisotón a Guerrero, decía que cuando le pedían la camiseta en sus tiempos de jugador, él pedía dos a cambio porque consideraba que la suya valía el doble. Qué lejos ese espíritu de quienes ajenos al marcador que acaban de sufrir y de lo que pueden estar sintiendo los aficionados en esos momentos, se apresuran a pedirle la camiseta al rival prodigando carantoñas y arrumacos. Es imposible imaginar al actual presidente del Athletic en esa situación en sus días de jugador.

En el mundo del fútbol, mucho más en un club como el Athletic, esos pequeños detalles cuentan mucho. También forman parte del ‘gure estiloa’ y harían bien los responsables de la entidad en hacérselo saber a los que no se enteran. A juzgar por los hechos que estamos viendo ultimamente, parece que las lagunas de la educación rojiblanca en Lezama son más numerosas y mayores de lo que sería deseable. Claro que no se pierde un partido por saludar antes a un rival, ni se corrige un marcador desfavorable por no cambiar una camiseta, pero el comportamiento en la victoria y en la derrota forma parte de la educación del deportista. Hay que saber guardar las formas. Y en el Athletic con más motivo. No es mucho pedir.

Share This:

9 Comentarios

  1. Muy de acuerdo, a mí también me chocó la actitud de los jugadores en el tunel, justo antes del saltar al campo.

    En 1964, Cassius Clay tenía 22 añitos y desafiaba al campeón Sony Liston. La apuestas estaban 8 a 1 contra C. Clay (este fin de semana estaban 18 a 1 contra el Athletic).

    Pues eso, en el pesaje previo, Cassius Clay le gritó a la cara a un Sonny Liston asombrado : Yo soy el más grande y tú un don nadie. Tienes miedo y eres un cobarde y un mamón !!!

    Después, le dejó KO en el 7mo asalto.
    Joer, qué tiempos

  2. JUANCAR, nueva decepcion y suspenso manifiestos para tu post, por INCOHERENTE!!!!! que tenga que leer esto después del espantoso ridiculo del año anterior ( el mayor de las íltimas decadas) cuando nuestro entrenador se humillo ante el rival hasta la nausea, no defendiendo ni a su club ni al escudo ni a nada de quien le paga me enerva bastante.En aquella ocasión todo eran parabienes a la amistad entre bielsa y pep, ejemplo a seguir….. y ahora me sales con esto???????? definitivamente estamos en peligro cuando los faros del club iluminan las sombras equivocadas.

  3. Pues a mí me ha gustado, y he recordado mi mosqueo con, por ejemplo, la foto de contraportada en un diario deportivo hoy, en la que las sonrisas y carantoñas tras un 5-1 sonrojante en el Camp Nou creo que están un poco de más. Y llueve sobre mojado, como la conversación que se pudo leer de labios de Gorka cuando acabó el partido del Bernabeú con Casillas.

  4. El abrazo más efusivo, con diferencia, fue el de Bielsa in Vilanova. La sonrisa de Marcelo Bielsa era de oreja a oreja. De hecho, pareció el saludo de un entrenador debutante a un entrenador ya contrastado, pero siendo el debutante el nuestro, no el del Barça. Créeme, poca gente aquí admirará tanto a Bielsa como yo, pero me pareció realmente mal la «broma» que hizo con Herrera en el entrenamiento del jueves/viernes, con eso del «Athletic 2 – Barcelona 8». Tampoco me imagino a Urrutia haciendo una broma de ese estilo. En «pequeńos detalles» como ėse (que a mi me parece muchisimo más grave que cambiarse una camiseta) es donde se empieza a perder un partido. Así qué sí repartimos, habrá que repartir a todo el mundo (si ese comentario lo hace por ejemplo Llorente, a esta hora ya estaría fuera del equipo).

  5. Es que el responsable de todo es el entrenador koño!!!!! como demonios algun txaval va a sacar la casta después d e lo del año pasado, que solo falto que entregase los pantalones en la masia el tipo?????? yo a mi entrenador le exijo el valor ahi, no agrediendo a un pobre inferior y con todas las ventajas!!!!!
    El problema del post radica en su intencionalidad. O bien peca de incoherente, lo que es gravisimo, porque indica el estado en el que se hallan las fuerzas vivas del athletik, o por contra se escribe con conocimiento de lo que he explicado, y como bien dice ALEX entonces ya es para plantearse si no será Llorente el único cuerdo aquí. Y después todavía tengo que leer que soy un alarmista y todo va bien…… santo dios lo caro que va a salir el viajecito con la top-model……

  6. Nos rasgamos las vestiduras por un intercambio de camisetas, y sólo hay que ver cómo recogió el Ajax la Copa de Europa de 1973 contra la Juve: Cruyff con la Copa de Europa de 1973.

  7. Estoy de acuerdo, en general, con el comentario, pero el problema no es que se intercambien camisetas con el rival, sino que se queden mirando a Messi cuando éste coge el balón al borde del área. La actitud defensiva del equipo es manifiestamente mejorable. Mientras no mejoren ahí y sean más agresivos, dentro de la deportividad claro, seguiremos recibiendo goleadas humillantes.

  8. Pues a mí el post me parece espléndido y estoy de acuerdo con él de arriba abajo.

    Cuando terminó el partido salí del bar echando humo por las orejas y sin decir ni buenas noches, y más que nada porque me pongo enfermo cuando veo que después de que ser aplastados todavía van a chup… va, dejémoslo estar porque me voy a arrepentir de escribirlo. Solo diré que me duele mucho la actitud de bastantes de nuestros jugadores antes y después de los partidos. Lo de durante lo atribuyo más a la impericia que a la falta de actitud.

    Los entrenadores no están al mismo nivel y son caso aparte. Ni se dan golpes, ni patadas, ni se marcan goles ni los paran. Su papel en la batalla es otro. Y tienen que dar ejemplo de deportividad y saber ganar y perder. Prefiero un míster que reconozca las derrotas y sea elegante en las victorias a otro que le meta el dedo en el ojo al rival o le amenace con cortarle la cabeza.

    En cuanto a la exhibición de nuestros futbolistas en las redes sociales, se merece un post aparte. Seguramente tiene razón mi hijo y me estoy haciendo viejo, pero es que hay cosas que no puedo entender, y mira que me esfuerzo. Un ejemplo muy simple: un deportista tiene que estar durmiendo a ciertas horas, y si no lo está por lo menos no tendrían que saberlo sus miles de seguidores en twitter o facebook. Y si encima está lesionado, todavía lo veo peor.

  9. Muy bueno ALEX!!!!! un poco de cordura para que esto no se convierta en una taberna con el marca.