Pages Navigation Menu

Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Ha llegado la crisis con todo su equipo



Valverde ha admitido que el equipo ha dado un paso atrás

Valverde ha admitido que el equipo ha dado un paso atrás

Pues muy bien. La crisis ha llegado al Athletic y ha venido con todo el equipo que le suele acompañar en las grandes ocasiones. La derrota de Borisov ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia. Estábamos todavía en septiembre cuando se produjo, pero los síntomas que emiten los rojiblancos son lo suficientemente graves como para que la palabrita de marras se pronuncie ya en voz alta en Bilbao y alrededores. Por si a alguien le quedaba alguna duda, le bastará un vistazo a la prensa para aclararla. Los medios reclaman la opinión de ex técnicos y ex jugadores y estos, como un solo hombre, se lanzan en plancha a asegurar que bueno, que tampoco es para tanto y que de ésta también se va a salir tarde o temprano porque como todo el mundo sabe no hay mal que cien años dure. ¿Algún diagnóstico diáfano?. Ninguno. Porque no lo hay. ¿Sensaciones personales y lugares comunes? Todos.

Se va cumpliendo así el protocolo habitual. Con orden y puntualidad. Tertulias alarmadas, sesudos artículos de fondo, la opinión de los expertos… Si el equipo no levanta cabeza pasaremos al siguiente capítulo, o sea, petición de responsabilidades, señalamiento sumario de los culpables en cualquier partido en San Mamés y exigencia de cabezas, fundamentalmente la del entrenador, pero sin perder de vista la del presidente, por aquello de que estamos en año electoral. Mala suerte, Josu.

No será ese, sin embargo el último paso porque, de inmediato, todos los que bramaron reclamando la sangre de los culpables se apresurarán a pedir la unidad de equipo y afición para remar todos juntos en la misma dirección; ya saben, aquello de el Athletic somos todos, actualizado a día de hoy por Athletic gu gara. Nada nuevo bajo el sol.

No es ésta la primera crisis que atraviesa el Athletic ni será la última claro. Ocurre que ésta nos ha pillado de sopetón, cuando todos nos las prometíamos muy felices. Si el fútbol es el espectáculo que concita más adhesiones en todo el mundo es por ocurren cosas así. Aquí no hay estadísticas que valgan, ni presupuestos que sean garantía de nada. Porque los multimillonarios también sufren sus crisis profundas cuando quedan terceros o cuando les eliminan en semifinales, que nadie lo olvide.

Es fútbol, y estas cosas ocurren; no hay que darle muchas vueltas. Se podrán buscar razones y elucubrar con mil argumentos tratando de encontrar una explicación racional. No la hay, porque no es solo un motivo el que ha desencadenado esta sucesión de pequeños fracasos que han desembocado en el desastre de Borisov, (¡qué bonito título para un capítulo de la historia del Athletic que se escribirá dentro de unos años!).

Probablemente son muchos pequeños detalles los que se han sumado para llegar a esta situación. Pero empeñados como estamos en encontrar algo tangible, nos olvidamos que el principal factor que determina el rendimiento de un futbolista se describe con un concepto tan etéreo e impreciso como la ‘forma’. Fulanito está en plena forma, decimos del delantero que ha metido dos goles en el mismo partido aunque se haya pasado los noventa minutos sentado en una silla y haya rematado con la oreja. Menganito está en baja forma, afirmamos, sin embargo, para describir al tipo que se ha pasado el partido corriendo sin llegar a ninguna parte.

La ausencia de Herrera no puede justificar por sí sola el bajón de todo el equipo. ¿Se les ha olvidado jugar al fútbol a Iturraspe, Susaeta o Iraola este verano?. No creo. ¿Están agotados físicamente después de un mes de competición? Tratándose de chicos jóvenes, bien cuidados y de entrenamiento diario, uno diría que tampoco, al margen de que incluso podría afirmar que el preparador físico del Athletic es el mismo que les mantuvo a tope todo el año pasado y que tampoco hay noticias de que se haya vuelto loco por una insolación veraniega. ¿Sufre Valverde algún extraño tipo de amnesia?. No parece.

¿Qué ocurre entonces para que el Athletic haya perpetrado partidos como el del pasado martes? Pues que el equipo, todo el equipo salvo un par de futbolistas, está en baja forma. ¿Y qué significa eso?. Pues nada y todo. Así de sencillo y así de complicado. El equipo corre pero no llega, mueve el balón pero no tiene precisión, no hay coordinación para apretar al rival, el juego de conjunto se sustituye demasiadas veces por aventuras solitarias, los centros pegan en el muñeco o se van a la grada, se fallan pases elementales a cuatro metros, hay despistes, errores de marcaje, se nubla la vista y las piernas son de trapo. En definitiva, nada funciona.

¿Qué parte de culpa es de los jugadores, y cuánta corresponde al entrenador? Digamos que estamos ante un caso de responsabilidad compartida. Si un profesional de primera división no acierta a pasar a un compañero que está a cuatro metros, poco puede hacer el entrenador. Tampoco se puede exigir el máximo rendimiento a un jugador que no sabe si es titular, suplente o si ni siquiera va a entrar en la convocatoria. Cada alineación ha sido un fracaso, pero el entrenador no ha hecho otra cosa que ensayar variantes sobre lo que ya se demostró que funcionaba el año pasado. No estamos hablando de un cambio radical del dibujo o del sistema sino de matices, que si son erróneos en la pizarra, se pueden corregir sobre la marcha en el césped con un mínimo de iniciativa de los protagonistas.

Decía Valverde antes de Borisov que el equipo que había empatado ante el Eibar era el mismo que hace un mes había eliminado al Nápoles. A juzgar por sus palabras después del desastre de Bielorrusia, cabe interpretar que ya no piensa lo mismo, que el paso atrás ha sido de tal calibre que ha acabado por desfigurar el equipo. Veremos cómo reacciona el técnico en el nuevo escenario.

Volvamos a nuestros clásicos: los ex que opinan desde su experiencia. Palabra arriba, palabra abajo, todos coinciden en una cosa: el equipo necesita paciencia, confianza y, sobre todo, una victoria que le rearme moralmente. Saben de lo que hablan porque lo han vivido en sus propias carnes y algunos en varias ocasiones a lo largo de sus carreras. El fútbol es un deporte en el que un equipo puede vivir varias temporadas en una sola. Sobran los ejemplos de clubes que se han ido directamente de Europa a Segunda y quienes, por el contrario, empezaron el curso soñando con la permanencia y acabaron en la zona noble de la tabla. A lo mejor, cuando llegue la primavera recordaremos el lejano mes de septiembre como una anécdota desagradable. ¿Por qué no?.

El descanso que viene después del partido del Bernabéu es la mejor noticia para un equipo que tiene que pararse a pensar y recomponerse. Claro que deberá conseguir aislarse de un entorno siempre ávido de emociones fuertes. La crisis ha llegado con todo su equipo habitual aunque algunos elementos no se han manifestado todavía: los rumores dañinos, por ejemplo, que llegarán, nadie lo dude.

Se podrá hablar de la ausencia de Herrera, de la preparación física, de la exigencia del calendario, de la fortaleza mental de los jugadores, de su talante y de su grado de implicación, del talento del entrenador y de la gestión del presidente y de la directiva. Y se podrá enfocar cada cuestión con mil argumentos a favor y otros tantos en contra. Y eso por referirnos solo a las discusiones de buena fe. Porque de las otras, de las interesadas, también habrá y no pocas.

Ocurría cuando los futbolistas jugaban con un pañuelo anudado en la frente, ocurre ahora que calzan botas de colorines, y seguirá pasando cuando San Mamés sea un viejo estadio. Cuando el equipo gana, todo son parabienes; cuando pierde, las culpas alcanzan a toda la institución, desde el presidente al utillero. Y ocurre además un fenómeno asombroso: todo el mundo sabe cuál es la solución excepto precisamente quienes deberían saberla: el entrenador y los jugadores. Ocurre en todos los equipos sin excepción. Es el fútbol

Share This: