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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Hasta siempre San Mamés



San Mamés

San Mamés

“Hay que ver cómo pasan los años…” Ya lo decía Alberto Cortez. Pues ya casi 100 años han transcurrido desde que se inaugurara San Mamés, allá por el año 1913. Y, aunque, algo ajado y descolorido por el paso del tiempo, sigue manteniendo ese porte elegante y distinguido que solo las grandes personalidades son capaces de mantener a lo largo de su vida.

San Mamés es fútbol. Se respira fútbol. El fútbol sin San Mamés no es lo mismo. Y por supuesto que a partir del día en que desaparezca la última piedra de su estructura, ese día, ya no será lo mismo.

Llega el momento de jubilar al viejo campo, para dar la bienvenida al nuevo San Mamés. Con instalaciones modernísimas, ecológicas, adaptables a todas las necesidades de los espectadores, cómodo, más seguro…. Todo lo que ustedes quieran, como no podía ser de otra manera. Pero seguro que nunca olvidaremos ese olor a hierba mojada, a linimento deportivo, a bocadillo de tortilla, al puro de vecino de localidad, a ese vino en ‘bota corrida’. Eso era fútbol en su propia esencia. El ambiente que solo San Mamés era capaz de destilar por sus cuatro esquinas.

El jueves de la semana pasada, con motivo del que se comentó que sería el último partido en competición europea que se jugaría en San Mamés, contra el Sparta Praha, la nostalgia y el recuerdo convirtió el anodino espectáculo futbolístico, en un encuentro lleno de sensibilidad y emoción a flor de piel. Por lo menos para mí.

Fue imposible no rememorar antiguos encuentros, gestas históricas, hitos futbolísticos que los aficionados al Athletic hemos tenido la oportunidad de vivir en nuestro campo casi centenario.

Partidos contra equipos como el Manchester (épico por su nevada), Aston Villa, Ujpest Dozsa, Ajax, Barcelona, Milan, Juventus (la final del 77), Lech Poznan, Liverpool, Shalke 04 y otra vez el Manchester (homenaje a los más jóvenes), elevaron a mito el ambiente que se respira en San Mamés en las noches de las grandes citas.

He tenido el privilegio de haber vivido las sensaciones que despierta San Mamés, desde diferentes perspectivas y puntos de vista.

Siendo muy niño, como un proyecto de aficionado de la mano de mi padre. Como jugador juvenil del Athletic, después de los entrenamientos, en la balconada habilitada para la ocasión y que estaba más abarrotada que la puerta del Carlton en plena Aste Nagusia. Como jugador del Bilbao Athletic, en el duro camino hacia el profesionalismo. Como jugador profesional del primer equipo, durante nueve temporadas. Como jugador del equipo rival, en mi etapa en el Sevilla F.C. y del Deportivo Alavés. Como entrenador del equipo visitante en el Aurrera de Vitoria, en un partido de Copa del Rey. Como delegado del primer equipo con Caparrós como entrenador. Y para que no falte de nada en el abanico de posibilidades, la más importante, la que impregna a San Mamés de ese carácter mágico, indomable, irreductible, incansable al desaliento, en el alma de una institución ejemplar como es el Athletic, en mi calidad de socio y aficionado, en compañía de mis hijos y amigos.

Esa última noche europea, sentí ese cosquilleo habitual en el estómago que se produce en las previas de las grandes citas. Y esa noche para mí, lo era.
Ya en los aledaños del campo sentí que las emociones serían especiales. En la grada comprendí que no era un partido más.

No era un trámite, como así nos lo quería reflejar la dura realidad clasificatoria, los fríos números que remarcaban la imposibilidad matemática de conseguir la clasificación para las siguientes rondas. No, no era un partido normal. Lo percibía ya desde la calle Licenciado Poza, con el escudo del Athletic al fondo. Al acceder a mi localidad por la puerta 17. Lo sabía al ver el magnífico aspecto del césped. La música, los logos europeo… Y el arco de San Mamés.

¿Quién dijo que era un partido más? No pude evitar la tentación de inmortalizar ese momento y me lié a sacar fotografías. Y de nuevo los recuerdos pasaron por mi mente a una velocidad de vértigo.

Mi debut en San Mamés en un partido de Copa contra el Castro, allá por el año 1980. Mi primer partido en Liga contra Osasuna en esa misma temporada. El estreno en la Copa de la UEFA contra el Ferencvaros en el año 1982. El partido de Copa de Europa contra el Lech Poznan, con Goiko como protagonista a hombros de todos nosotros. El inolvidable partido de Copa de Europa contra el Liverpool de Ian Rush y Kenny Dalglish. Partidos amistosos contra el Bayern de Munich o el Milan. O contra selecciones de la talla de la Inglaterra de Keegan o la Polonia de Boniek…Y por supuesto, mi último partido en el año 1993 contra el Espanyol.

Imágenes de vivencias inolvidables, tremendamente emotivas al haberlas vivido como protagonista en ese escenario incomparable que es San Mamés.

Sé que el nuevo San Mamés será la envidia del mundo futbolístico. De nuevo las miradas de los aficionados de todo el mundo se centraran en la nueva joya del Athletic. De nuevo San Mamés levantará pasiones. Lo sé, estoy seguro.
Pero permítanme que en el fondo de mi corazón y en lo más profundo de mi memoria, quede situado en un lugar privilegiado, para siempre, nuestro viejo San Mamés…

Hasta siempre, agur, mi viejo amigo. Gracias, eskerrik asko por todo lo que nos has permitido vivir y disfrutar. Beti arte.

Mi viejo San Mamés….

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Un comentario

  1. ¡Que verdad lo de los recuerdos de San Mamés unidos a los olores!