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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

No hay caso San Mamés



La CE no aprecia ninguna irregularidad en la construcción de San Mamés. Foto Mitxi

La CE no aprecia ninguna irregularidad en la construcción de San Mamés. Foto Mitxi

“No hay caso San Mamés”, dijo Joaquín Almunia en su comparecencia para explicar las últimas decisiones adoptadas por el Consejo de Europa. Su afirmación sonó rotunda, como subrayada por la satisfacción íntima que le producía el escucharse a sí mismo pronunciando esas cinco palabras. En las últimas cuarenta y ocho horas ya había quien había pedido su baja como socio del Athletic y quien, como la Defensora del Pueblo Europeo, la irlandesa Emily O’Reilly, le acusaba de haber tenido el expediente escondido en un cajón los últimos cuatro años para favorecer al equipo del que es seguidor. Que algún forofo se apresure a encender la hoguera para quemar al hereje, exigiendo su baja como socio, no deja de ser una anécdota bastante propia del exaltado mundo del fútbol. Que la persona que ocupa un puesto de trascendencia en el entramado europeo, con cargo al erario público, se permita lanzar tan peregrinas acusaciones y por escrito, lo que significa que no fueron un exabrupto sino algo meditado, debería ser causa suficiente para redactar la carta de dimisión inmediatamente después de pedir disculpas a todos los afectados.

Almunia se ha debatido durante cuarenta ocho horas entre las acusaciones de traidor y de corrupto, que no está nada mal incluso para un político profesional. Le debe la gracia a un colega, el actual ministro español de Exteriores, García Margallo, que fue el que echó a rodar la pelota el lunes en una comparecencia informal ante la prensa. Sucede que a este de tipo de balones acuden legiones de rematadores voluntarios, expertos de diverso pelaje, opinadores variados, peritos en toda clase de ciencias, rencorosillos, agraviados y hasta gentes de buena voluntad que asisten con espanto al derroche y el desmadre del fútbol en todas sus vertientes.

A día de hoy, y después de la comparecencia del extraidor y excorrupto, cabría esperar alguna explicación por parte de los responsables del desaguisado; de los que manosearon a su antojo el buen nombre del Athletic y de las instituciones que participan en el proyecto del nuevo campo. Pero es una ilusión vana esperar que en este país alguien asuma su responsabilidad y reconozca al menos su error, por no entrar en interpretaciones más profundas. Recordemos que el ministro Margallo recomendó tranquilidad a todos porque el Gobierno del que forma parte ya tenía preparados los argumentos para defender todos los casos. ¿También tienen preparado lo de San Mamés?.

Más preocupante para el Athletic es que la CE mantenga el expediente sobre los cuatro clubes que siguen al margen del régimen de las Sociedades Anónimas Deportivas. El afán homogenizador de Bruselas amenaza con llevarse por delante cualquier atisbo de diferencia. Y si el Athletic es lo que es, se debe precisamente a su diferencia.

Aproximadamente cinco puntos en la fiscalidad son el motivo fundamental que amenaza la continuidad de la figura del club deportivo sin ánimo de lucro. Como si ésta fuera la única diferencia que impide una competición en igualdad de condiciones. Si, como se dice, es el Bayern quien encabeza la queja porque considera que el Real Madrid y el Barcelona compiten con ventaja, tendrá que mirar a otras cosas al margen de la forma jurídica que adopten estos clubes. El Barcelona y el Real Madrid no tienen más dinero porque cotizan cinco puntos menos. Tienen más dinero porque por ejemplo, disfrutan de un contrato de televisión que sí que debería de ser analizado por los organismos que velan por la competencia en Europa. Tienen más dinero porque cuentan con unas líneas de crédito que les permiten endeudarse hasta limites inverosímiles en cualquier otra actividad.

Pero hay más desigualdades, (el IVA no es el mismo en toda Europa, cada páis tiene sus peculiaridades) y una serie de circunstancias que afectan al fútbol que tampoco conviene perder de vista. ¿O es que acaso contribuyen a una mejor competencia las inyecciones de dinero procedentes de países donde los derechos humanos son una una pura entelequia, o que salen de los bolsillos de algunos individuos de muy dudosa cataduda moral?

Cuando se aprobó la Ley del Deporte en el verano de 1990, el fútbol español debía en su conjunto unos 30.000 millones de pesetas. Veinte años después de aquel segundo plan de saneamiento y sus Sociedades Anónimas, la deuda del fútbol español se ha disparado hasta los 4.000 millones de euros. El problema no es la forma jurídica sino la gestión y ahí, al menos el Athletic presenta un expediente intachable.

Si obligan al Athletic a adoptar la figura de Sociedad Anónima, se pondrá en peligro la continuidad del último reducto del fútbol como lo entendíamos hace un par de décadas. No es casual que sean cada vez más los seguidores ingleses que añoran los viejos tiempos en los que tenían algo que decir en sus clubes porque no estaban en manos de un fondo de inversiones americano o de un magnate árabe o ruso. Para ellos ya es tarde.

Las Sociedades Anónimas no han sido la panacea. Al contrario, han ido arrebatando el fútbol a los aficionados para entregárselo a los negociantes. No hay más que repasar lo que ha ocurrido en el fútbol español tras el paso de tantos oportunistas, filibusteros y sivergüenzas que han acabado convirtiendo clubes de larga trayectoria en arruinados circos de tres pistas.

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Un comentario

  1. buen artículo pero me gustaría añadir que los clubs españoles ya “arruinados circos de tres pistas” antes de convertirse en sociedades anónimas.