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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Herrera: un caso delicado que requiere una explicación




Ander Herrera ha pasado por el quirófano en Munich. Es el final previsible de una historia que se ha prolongado demasiado en el tiempo y que abre una serie de interrogantes que el club haría bien en responder porque la información es el mejor antídoto contra el rumor.
Los asuntos médicos suelen ser unos de los más delicados en el mundo del fútbol. La baja de un futbolista, por lo que afecta a la inversión económica y al equilibrio deportivo, tiene más trascendencia que la baja laboral de un dependiente de comercio, pongamos por caso y sin ánimo de ofender ni minusvalorar la salud de nadie. El Athletic hizo en su día un importantísimo esfuerzo económico para contratar a Ander Herrera (no deducible, por cierto, del importe del nuevo San Mamés) y el retorno, de momento, no se corresponde con lo invertido. Una lesión de menisco apartó al jugador de los terrenos de juego durante mes y medio y después una pubalgia lastró su rendimiento durante prácticamente el resto de la temporada. Puede calcularse que el Athletic no ha disfrutado todavía de un Herrera en plenitud, más allá de dos meses. Una lesión de menisco es un gaje del oficio; el asunto de la pubalgia es otro cantar.
Los asuntos médicos suelen ser en no pocas ocasiones causa de conflicto en el seno de los equipos. Los profesionales no suelen perder ocasión para recordar que la medicina no es una ciencia exacta y que por lo tanto su trabajo no puede estar sujeto a plazos ni condiciones, ni esperarse de ellos que estén en posesión del don de la infalibilidad. Ocurre que los entrenadores suelen querer saber con cierta antelación con quiénes y con cuántos pueden contar en cada fase de la temporada y no es raro que del choque de los intereses de unos y de otros salte la chispa del conflicto.
Si hablamos de intervenciones quirúrgicas o lesiones más o menos habituales, tanto musculares como óseas, todo el mundo puede acogerse a un protocolo definido por la costumbre que tasa en un tiempo determinado el periodo de recuperación. Pero la pubalgia es el tipo de lesión en la que con más vigor se acogen los galenos al argumento de la inexactitud de la ciencia que practican, no porque desconozcan su origen, sus características y el método para su curación, sino porque se manifiesta por medio de un dolor que como viene se va, que aparece en el momento menos pensado y que desaparece cuando nadie lo espera.
Esta peculiaridad ha favorecido que Herrera se haya pasado meses deshojando la margarita de la intervención quirúrgica. Las molestias y los dolores tienen un componente de subjetividad que hace prácticamente imposible calibrar con certeza hasta dónde alcanza el mal. Si no hay rotura o fractura visible solo el paciente es capaz de establecer dónde se encuentra el umbral de su dolor. Y en este caso parece evidente que Herrera ha tenido una alta capacidad de sufrimiento para estirar su situación hasta alcanzar el objetivo que perseguía, que no era otro que su participación en los Juegos Olímpicos. De no mediar su convocatoria para esta cita, lo lógico hubiera sido que tras aguantar la competición con su club, pasara por el quirófano al día siguiente de disputado el último partido.
A falta de una información más detallada, da la impresión de que en este caso el jugador ha antepuesto sus intereses a los del club y éste ha pecado de indecisión o de falta de autoridad para imponer una determinación que suponía la ausencia de Herrera de los Juegos. El criterio del servicio médico del Athletic está directamente aludido, pero también las instancias superiores de la institución.
El asunto salpica también a la Federación Española, a su seleccionador y a su servicio médico. Y no pueden apelar al desconocimiento porque fue el propio Milla, a la sazón seleccionador, quien no tuvo empacho en confesar que llevó al jugador a sabiendas de sus problemas físicos. De hecho no contó con él como titular en ningún partido y el propio Herrera se refirió a una especie de pacto con el técnico según el cual le bastaba con que jugara “tres minutos” en la competición olímpica. Milla hizo una preselección que jugó un par de amistosos antes de anunciar su lista definitiva. Los descartados estaban en plenitud de condiciones y tan ilusionados como Herrera por acudir a una cita como la olímpica.
Es un tema ciertamente delicado en el que es muy arriesgado entrar por la pendiente de los juicios de valor, aunque no faltarán los osados que pontificarán lo suyo.
Lo único que queda claro a simple vista es que el principal perjudicado es el Athletic, que no podrá disponer de sus principales valores los próximos diez o doce partidos. La imagen del jugador también ha quedado dañada desde el punto de vista del seguidor rojiblanco, puesto que la impresión general apunta a que ha antepuesto sus intereses a los del club que le paga. Y aunque las comparaciones sean muy odiosas, nadie duda de que también a Iraola le hubiera gustado ser campeón de Europa; no lo es porque, también víctima de la temida pubalgia, prefirió protegerse y descansar durante el verano.
Los servicios médicos del Athletic, su coordinación con el equipo técnico y la autoridad última del club, quedan también bajo sospecha.
Todo es cuestionable y todo es comprensible. Los Juegos Olímpicos son una cita que un futbolista solo encuentra una vez en su vida y es hasta cierto punto lógico que la ilusión pueda con otras consideraciones. La posibilidad de disputar dos finales y de lucirse en Europa también son motivo suficiente para aguantar el dolor e incluso disimularlo o directamente negarlo en manifestaciones públicas. Todo es humanamente comprensible si se parte de un concepto básico cuando nos referimos a estos niveles en el deporte: la profesionalidad. Cada uno de los implicados en este caso sabrá en su fuero interno si se ha comportado como un profesional. Es una pregunta que se tienen que hacer y responderse ellos mismos. Los católicos le llaman a eso contrición de los pecados y propósito de enmienda; los marxistas, autocrítica. Pueden elegir cualquiera de las dos modalidades. Ambas les vendrán bien para el futuro.

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