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Reflexiones sobre el Athletic, el fútbol y el deporte

Histórico y vergonzoso ridículo



El equipo del Athletic que perpetró un ridículo histórico.Foto AC

El equipo del Athletic que perpetró un ridículo histórico.Foto AC

Durante el descanso de los partidos en los marcadores de San Mamés suelen proyectar un video promocionando el museo del club. Allí aparecen una serie de ilustres históricos a los que la voz en off llama por su nombre de pila mientras ellos se buscan y señalan en un muro en el que están escritos los nombres por los que les conocieron y conocen, generaciones de aficionados. Muy bonito el video. Los valientes que casi al filo de la medianoche abandonaban San Mamés con el cuerpo aterido y el alma helada, le daban vueltas a la posibilidad de proponer la inclusión en el museo de los futbolistas y el técnico que habían perpetrado lo que acababan de padecer. También podrían estar en un muro del museo, previo paso por las manos de un hábil taxidermista. Al fin y al cabo ellos también son, desde anoche, históricos; a su manera, pero históricos porque nadie de la familia rojiblanca les podrá olvidar nunca. Castilla, Cádiz, Xerez, Torrelavega, Eibar… Desde anoche Formentera también aparece en el mapa de la vergüenza.

Hay partidos que se ven venir en los pequeños detalles. Este fue uno de ellos. Apenas se llevaban jugados diez minutos cuando tras una porfía entre Lekue y un rival, el balón salió por la banda de la tribuna principal cerca del banquillo visitante. El auxiliar levantó el banderín concediendo el saque al Athletic, pero ningún rojiblanco se enteró. Allí estaba el balón, muerto de risa sobre la cal, mientras Lekue miraba al infinito, San José habitaba en su Babia particular y Merino parecía sumido en profundas reflexiones. Un jugador del Formentera, que estaba a lo que había que estar, se apresuró a recoger la pelota para ponerla en juego, y fueron el auxiliar y el árbitro, los que tuvieron que explicar que no, que el saque era del Athletic.

Fue una jugada intrascendente pero que retrató el talante con el que afrontó el Athletic el partido. Sin concentración, sin energía, sin nervio, los rojiblancos saltaron al campo con el cuerpo de quien no tiene más remedio que cumplir con una obligación desagradable, con la noche que hacía y lo calentito que se está en casa. Debían de estar avisados de lo que acababa de ocurrir en Anoeta con otro Segunda B. Quizá su entrenador y su presidente les recordaran lo que les ocurrió a ellos mismos hace algunos años con el Xerez; los más despiertos incluso podrían haber caído en la cuenta de que un mal día de hace cuatro años un Eibar, también de Segunda B, pasó por San Mamés haciendo un roto.

O quizá no. Quizá nadie les dijo nada por no despertar viejos fantasmas. Al fin y al cabo, la realidad era que enfrente estaba el Formentera, un club que cierra sus fichajes la última semana de agosto, cuando los turistas ya empiezan a irse y pueden encontrar pisos donde alojar a los futbolistas. Además, puestos en lo peor, al Athletic le bastaba el empate a cero, gracias al injusto resultado de la ida.

Nadie contó con que este Athletic es insuperable a la hora de ponerse en lo peor. Tampoco Ziganda contaría con que San José y Vesga no están para jugar juntos ni en los entrenamientos; con que Williams sigue necesitando veinte ocasiones para acertar una; con que su plan de juego no resiste la más leve prueba de esfuerzo.

El Formentera hizo lo único que podía hacer: recular, defender por acumulación y tratar de sobrevivir durante el mayor tiempo posible esperando la remota posibilidad del milagro en forma de contrataque o de pérdida de papeles del rival. El plan del equipo isleño era aguantar y jugar a la lotería en el tramo final si es que le llegaban las fuerzas. Se dirá que es un plan muy elemental, destinado al fracaso por puro cálculo de probabilidades. Pero era el único plan posible para un Segunda B que juega en San Mamés. Durante ochenta minutos, el Athletic se dedicó a dilapidar ocasiones ante la portería; en los diez minutos finales Herrerín tuvo que sacar una mano para desviar un cabezazo a la salida de un corner y en la última jugada vio el balón en su red, también como consecuencia de un saque de esquina. Fue un desenlace cruel pero no me atrevería a decir que inmerecido. Cuando se enfrentan dos equipos tan desiguales, el grande no tiene permitido apelar a merecimientos ni a la mala suerte. Cuando en cuatro días te meten tres goles en saques de esquina, no cabe hablar de infortunio.

En la Copa no hay oportunidad de rectificación. El Athletic ya está muerto en esta competición. En la Liga sobrevive de mala manera y con respiración asistida, pero los males son los mismos. Contumacia en el error de alinear a quien no se lo merece, ceguera absoluta ante la portería contraria, nivel técnico individual deplorable en demasiados elementos, ausencia de un plan y carencia de cualquier estilo colectivo; un desastre absoluto, se mire por donde se mire.

Lo del miércoles fue una catástrofe, no un accidente. El Athletic es un equipo tan plano que está expuesto a que le pase cualquier desgracia en cualquier momento. Normalmente, estas cosas les suelen ocurrir a los equipos que, como el rojiblanco, llevan tiempo dejando patente su incapacidad. En el caso del Athletic, lo lleva haciendo prácticamente durante toda la temporada: sus estadísticas asustan.

El desastre de la Copa lo condiciona todo. Habrá un antes y un después. El equipo está muy tocado y su entrenador casi hundido. El crédito se ha acabado y solo una muy improbable sucesión de inmediatos resultados positivos podría revertir una situación que huele a terminal. La sensación de que la eliminación prematura puede venir hasta bien para centrar los esfuerzos en salvar los muebles en la Liga, lo dice todo.

 

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Un comentario

  1. Recibe un afectuoso saludo Juan Carlos.

    Lo que asusta un poco, es que el Cuco Ziganda es parte de un proyecto deportivo a largo plazo, que justamente busca evitar este tipo de baches cuando se produzcan transiciones.

    Parece increíble, o muy simple, señalar que la salida de Valverde está afectando tanto el funcionamiento de la primera plantilla, pero luego uno se da cuenta que el Athletic es una familia, y las familias son muy sensibles a la marcha de sus integrantes.

    Aún recuerdo el daño produjo la marcha de Javi y Llorente, aunque en esos casos existió un culebrón de por medio.

    El problema es el mismo de siempre, cómo salir una dinámica mala, sin cambiar mucho.

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